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Liberalismo en píldoras

El liberalismo, que cuenta con un buen número de pensadores geniales, ha andado siempre bastante escaso de buenos divulgadores. El primero que me viene a la cabeza es Henry Hazlitt, polifacético personaje que vivió entre la economía y el periodismo durante buena parte de una carrera larguísima consagrada por entero a la causa de la libertad. Hazlitt, que hoy posee fundación propia en los Estados Unidos, acercó los arcanos de la ciencia económica al gran público norteamericano de mediados del siglo pasado con sorprendente éxito.
Tanto, que su clásico La economía en una lección es uno de los libros más leídos, releídos y recomendados de los últimos 50 años.

Carlos Rodríguez Braun, con esa elegancia que tiene, tan anglosajona como poco habitual por estos lares, siempre se me antojó el Hazlitt hispano, y digo hispano porque Rodríguez Braun, además de español, es argentino.

Aunque no sea algo demasiado conocido, Argentina ha dado algunos de los mejores pensadores y escritores liberales en nuestra lengua. La acción humana de Mises vio su primera edición española en Buenos Aires, y aún hoy la Argentina es una desastrosa república que cuenta con una legión de liberales de rompe y rasga que ya quisieran otras naciones del hemisferio occidental. Rodríguez Braun pertenece a esa tradición y, lo mejor de todo, no ha escatimado esfuerzos para demostrarlo.

Buena prueba de ello es la soberbia colección de artículos que acaba de publicar la editorial LID, dentro de la Biblioteca que lleva el nombre del autor. El título es explícito a más no poder: Panfletos liberales, porque si bien es cierto que panfleto (preciosa voz de origen inglés) significa libelo difamatorio, no lo es menos que a ese significado se une el de opúsculo de carácter agresivo. De lo primero tiene poco, de lo segundo mucho.

Carlos Rodríguez Braun.Rodríguez Braun no ha difamado, que yo sepa, nunca a nadie; sus obras, en cambio, no son ni suaves ni agradables para los enemigos de la libertad. Como los liberales solemos estar siempre en minoría, no nos queda más remedio que lanzarnos al ruedo con la audacia del principiante y sin temerle a nada.

Y a eso se ha aplicado Rodríguez Braun durante los últimos años. A lidiar el toro más bravo en la más exigente de las plazas. Como tertuliano es sobradamente conocido, y son muchos los que han abandonado clichés ideológicos trasnochados gracias a la contundencia de sus argumentos. Como escritor para las masas es un articulista nato que se atreve con todo.

En Panfletos liberales destripa sin piedad las falacias más habituales en torno al mundo de la cultura, los sofismas más en boga sobre el nacionalismo paleto que se ha apoderado de nuestro país y, cómo no, las tonterías económicas que un día sí y al otro también salen de las bien pagadas bocas de nuestros representantes políticos.

Así, entre la suelta prosa de sus artículos encontramos perlas que bien merecen pasar a una antología de citas. Por ejemplo ésta: “Siendo el patriotismo una virtud, en España muchos se avergüenzan de ella”; o ésta: “El recelo ante la libertad es una ideología muy atractiva, puede uno presumir de bondadoso mientras elabora gloriosos planes con la libertad y el dinero ajenos; por otro lado, cambiar de ideología es costoso, hay que tener modestia intelectual para admitir errores y hay que tomarse el trabajo de pensar”. Y con la ventaja de encontrárselo todo condensado en un simple artículo de prensa.

Habiendo como hay tantos ejemplos de lo contrario, encontrar una pluma como la de Rodríguez Braun en ABC, en Expansión o incluso en el siempre servil y plomizo El País es un lujo asiático que no se puede dejar pasar.

Si uno no goza de demasiado tiempo o los clásicos le resultan difíciles de tragar, las columnas de este economista audaz son un eficaz paliativo para superar la estupidez de nuestra época. Los Panfletos liberales son un remedio garantizado para pasar un buen rato, para formarse, informarse, repasar de vez en cuando; y además se administran en píldoras de fácil digestión.

Carlos Rodríguez Braun, Panfletos liberales, reflexiones de un economista audaz, Madrid, LID Editorial empresarial, 2005, 322 páginas.

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