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La lengua española ya no sirve para nada (y yo sin enterarme)

Eso es lo que asegura un tal Pere en una anotación que dice “Quan els forts esdevenen dèbils. O com el castellà ja no és gaire útil“. Por un momento he pensado que se se refería a los comisarios de Esquerra, a quienes acaban de dar una catalanísima patada en el culo. Pero no, en Pere habla de nuestra lengua, de la misma en la que escribo esto, que, a lo que parece, ya no es nada útil. No ho serà per a vostè, caballerete.

Gracias al inventazo de Internostrum me he traducido la anotación entera y sí, me la he leído de pe a pa (en catalán: de pè a pà) Empieza Pere su disertación con dos obviedades como la copa de un pino; que el francés está de capa caída y que el inglés es la lengua que habla (o que quiere hablar) todo quisqui. De lo primero me alegro, porque el gabacho se me indigesta, de lo segundo me alegro aún más, que mi trabajo me ha llevado llegar a entender y hablar inglés con algo de soltura.

A partir de aquí el hombre se enreda y se le cruzan los sentimientos. Por un lado se preocupa del futuro del catalán (un clásico) y afirma convencido que el castellano (léase español) en los Estados Unidos tiene los días contados. A fin de cuentas no lo hablan más que los que “limpian las calles, construyen edificios y cargan camiones”. 45 millones de barrenderos, albañiles y mozos de carga. Fabuloso Pere, pero, entusiasmado como estaba regodeándose en la podredumbre material de los hispanohablantes, se ha dejado en el tintero los que recogen cítricos en el valle de San Joaquín, las señoras de la limpieza, las prostitutas callejeras y las bandas organizadas de delincuentes que siembran el terror en los bajos fondos de Los Ángeles, Chicago o Detroit. Actualice el post, actualícelo, para que no quede sombra de duda de que hablar español es de pobres “de horteras, de analfabetos y de gente de poco nivel”. Lo vincula después con aquella joya escrita por su compatriota Salvador Sostres, y ya tienen media tesis. Le regalo el vínculo, en mi moribunda lengua eso sí. Lo lamento.

Dicho esto (que no es poco), Pere se centra en el rompecabezas lingüístico europeo. Aquí, según cuenta, se vive una situación anómala y con la que hay que acabar. El inglés es el amo y señor a pesar de que sólo lo hablan en el Reino Unido, en Irlanda y en Escandinavia, donde, pobrecitos, tienen lenguas minoritarias que no habla ni Cristolulu. ¿Qué hacer, entonces, ante tan desasosegante perspectiva? Sencillo, “elaborar una política lingüística razonada y racional”, porque “Enseñar l’inglés a todo el mundo no sólo no es posible, l’existencia de millones d’academias d’inglés lo demuestra, si no que haría mucho mal a las otras culturas”. Pere, sinceramente, cuando leo eso de “política lingüistica” me echo a temblar. No sé por que será.

Las limitaciones inherentes a un hispanohablante como yo, que pertenece a una comunidad lingüística de traperos, asistentas, electricistas y pandilleros, me impiden vislumbrar cuál es la política lingüística razonada y racional que pide Pere con tanto ahínco. Tal vez sea que, como el inglés es feo, lo mejor sea que aprendamos todos catalán vía decreto ley con normalización y oficina de garantías lingüísticas incorporadas. O tal vez lo que esté solicitando es que recurramos, también vía decreto ley con normalización y oficina de garantías lingüísticas incorporadas, a una lengua franca tipo interlingua o esperanto. Las dos soluciones me parecen horrorosas y propias de un ingeniero social. Aunque, puesto en lo peor, si tuviera que quedarme con una lo hago con el catalán.

El inglés, Pere, no ha triunfado por que lo haya dictado alguien, sino por una simple cuestión de preponderancia económica, cultural, política y científica de los países donde se habla. Nada más, y nada menos. Por lo demás, y como bien sabrá, no es la lengua más hablada del mundo. El mandarín tiene muchos más hablantes y el que le sigue de lejos es el español, esa lengua de mendigos que no sirve para nada útil.

Partiendo de la superioridad incontestable de los países anglófonos y de su relativa sencillez de uso es lógico que mucha gente libremente la haya adoptado como segunda lengua. Aprender lenguas es un coñazo durísimo pero necesario si se quiere prosperar en el mundo de la empresa o si se desea acceder a nuevos yacimientos de información. Cualquiera de nosotros podríamos haber elegido el italiano, el francés o el alemán, pero no, casi todos escogimos el inglés a la hora de afrontar semejante sacrificio. A mi no me obligó nadie, ¿y a usted?

Por de pronto, yo le auguro una larga y provechosa vida a la lengua inglesa como lengua internacional. También se lo auguro al catalán como lengua regional que seguirá hablándose a pesar de los decretos de normalización, como siguió hablándose en el pasado a pesar de las prohibiciones. En cuanto a nuestra lengua castellana (no olvide que usted también la habla), seguro estoy de que se mantedrá como uno de los principales idiomas del mundo que, contraviniendo el título de su anotación, me ha servido al menos para refutarle.

1000 años de historia y 400 millones de hablantes no son cualquier cosa, Pere. Téngalo en cuenta y sea más razonado y racional.

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