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Rocío Jurado o el negocio de la muerte

Parece que ciertos medios se han conchabado para que Rocío Jurado no pueda morir en paz. El noticiero de Polanco la mató anteayer para luego desdecirse precipitadamente. Me trajo a la memoria lo de los terroristas suicidas del 11-M, aunque creo que de eso no se han disculpado aún. La noticia era de AP y, como los siervos del Señor Oscuro quieren hacer méritos, se apresuraron a meterla en el newsticker del informativo. Cualquiera puede equivocarse, cierto, pero es que estos se equivocan mucho. El hecho es que la Jurado todavía sigue viva, y espero que lo esté por mucho tiempo, aunque sólo sea para chafarle el negocio a la recua de necrófagos que hacen guardia en la puerta de su casa.

Conozco la televisión por dentro, y sé perfectamente lo que trae audiencia y lo que no. La agonía de esta mujer la trae, no hay más mirar los datos de Sofres de esta semana. “Aquí hay tomate”, sin ir más lejos, fue ayer líder de cuota de pantalla con un 28,3%, tres puntos más que CSI. “TNT”, por su parte, obtuvo un 24,7% en su franja poniéndose a la cabeza de la misma. Esto, que podría parecer justificación suficiente para que los buitres perseveren en el cerco, sólo indica que buena parte de los televidentes son unos morbosos incurables. Si, pongamos por caso, la familia instalara una cámara junto a la cama y pusiese a la venta la señal, las cadenas pagarían una millonada por ella, y lo más probable es que recuperarían con creces la inversión. Se puede comerciar con casi todo, pero eso no significa que hacerlo con determinados productos o servicios sea moralmente despreciable.

Aunque lo viese todo el país no dejaría de ser un espectáculo indecente. El mercado debe ser libre, incluido el de los contenidos televisivos. Esa libertad, como es lógico, no exonera de la ética y el buen gusto. A los ejecutivos de televisión no se les paga para que lo tengan, sino para cuadrar la cuenta de resultados a fin de año y remunerar a los accionistas. Los presentadores y periodistas que se relamen con estos acontecimientos suelen ser, sin embargo, progres de carné y dispensadores de bulas de buena conciencia. “Aquí hay tomate” y “TNT”, por ejemplo, lo presentan conocidos activistas de izquierda que, en tiempos del ‘No a la guerra’, se pusieron morados a hacer propaganda pacifista por “una cuestión de conciencia”. Se ve que la “conciencia” estaba circunscrita a aquella campaña.

Esto es sólo el aperitivo, no quiero ni pensar la que se nos va a venir encima cuando esta mujer muera. Lo de Carmina Ordóñez de hace un par de veranos va a ser un juego de niños al lado de este show. Las televisiones y Rubalcaba ya se están frotando las manos. Las primeras porque van a vender publicidad como posesas, el segundo porque ni en sus mejores sueños hubiera podido concebir una cortina de humo semejante. Podría ser el momento idóneo para entregar Navarra a los batasunos. Nadie se inmutaría.

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