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Linux: ni Cristolulu

Como David Millán me pone he decidido aceptar el desafio y criticar un poco más al Linux. David, que atraviesa un momento tibio de su carrera, se ha quedado corto. El Linux no sólo es minoritario ahora sino que lo seguirá siendo dentro de 10 años, y de 20… y de 30. Pero no sólo eso, además de minoritario es complicado, difícil de instalar y probablemente incompatible con la impresora o el router que tiene usted en casa. Lo lógico y deseable para todo el que no sea informático o amigo de trastear con los ordenadores es que, al apretar el botón, el ordenata se encienda y funcione. Que no haya que buscarle drivers ni que pasarse horas por internet consultando foros en inglés para poder pasar un simple archivo de la llave USB al disco duro. Según tengo entendido con Windows se enciende el ordenador y funciona, se enchufa la llave USB y los archivos se copian sin mayores contratiempos. Según comprobé personalmente hace tiempo con Linux no lo es en absoluto. Es más, hacer algo tan tonto como imprimir una simple foto puede envenenarle a uno la tarde entera.

Al que le gusten palabras tan horrorosas como “kernel” y otras de su ralea eso quizá le ponga a cien y quiera más, a los que no, a la gente normal que hacemos cosas normales con el ordenador eso nos saca de nuestras casillas. Lógico, ¿no?

Con todo, esto no es lo peor del Linux. Lo peor es lo que se mueve alrededor de él, es decir, los flipados, a los que se les va la vida en algo tan bobo como un sistema operativo. Hacen una lectura socio-política-cultural de un conjunto de unos y ceros que, al común de los mortales, ni le va ni le viene, pero que, eso sí, a ese mismo común se lo quieren imponer porque, según dicen, “es libre, cooperativo y lo puedes modificar”. No advierten que entre las intenciones del usuario medio no figura la última, y las dos anteriores ni quitan ni ponen al producto final.

MS Word no es libre ni cooperativo y, naturalmente, no lo puedes modificar pero, ¿cuántos usuarios de este programa han pretendido alguna vez cambiarle el código? Por lo demás, no será “libre” pero es útil, familiar y, al menos para el usuario doméstico, gratuito, ya porque venía instalado al comprar el ordenador, ya porque un amigo le ha dejado una copia en CD ROM que se instala en un pis pas. No debería ser así, pero es así, que le vamos a hacer. ¿Qué ofrece Linux como sustituto a tanta comodidad y economía? pues una cosa que se llama Open Office, que será muy libre pero es calcada a la “propietaria” y que, además, hay que ir a buscarla a una página web, descargarla e instalarla con todo el estrés que eso conlleva. Ah!, y es gratis, tanto como el Word siempre y cuando la uses en casita, si la quieres para tu empresa hay que pagar.

Dejando a un lado las cuestiones ténicas, que en esto hay opiniones para todo, lo más sorprendente de los linuxeros es su irredento vocabulario. Hablan de “liberación” (sic), “independencia” (sic), “revolución” (sic) y cosas por el estilo sólo porque su ordenador corre un software que, en lugar de desarrollarlo una empresa, lo ha hecho una comunidad. Los más lanzados hasta aseguran vivir en Sion, mientras que el resto permanecen enchufados a Matrix, que es como han rebautizado a Windows. Hay, de hecho, una web de inconfundibles reminiscencias matrixescas llamada “La Pastilla roja” dedicada a loar a Linux y a cagarse en Microsoft las 24 horas del día. Acojonante, la de tiempo que tiene la gente. Lo del software libre como idea no me parece mala, allá cada cual con sus ratos de ocio, pero llevárselo tan lejos es el colmo del desvarío.

Stalinux.jpgDe aquí a utilizarlo como ariete político sólo hay un paso, un paso que los más decididos dieron hace tiempo. Todas las webs de izquierda, de extrema izquierda y, especialmente, las de Batasuno-izquierda, hacen hincapié en esto, algunas con profusión de logotipos que sólo entienden los programadores de la web y algún informático que se deja caer por ahí. En el extremo del fanatismo algunos diseñadores hacen sus webs sólo para Firefox, y si entras con otro que te vayan dando. Con razón alguien inteligente inventó mi distribución Linux preferida, la Stalinux, que es una auténtica delicia y sólo le falta incorporar un módulo de electrocución si el infeliz usuario visita Microsoft.com.

A tanta tontería y tanto delirio no podían ser ajenos los políticos y su ejército de funcionarios ociosos. De ahí que, de un tiempo a esta parte, se haya popularizado crear (con mi dinero y con el suyo) distribuciones Linux autonómicas, que es de lo que iba el post de David. Madrid tiene el MAX, Extremadura el Linex, Andalucía el Guadalinex, Valencia el Lliurex, Melilla el Melinux y así sucesivamente. Eso, a hacer la competencia a la empresa privada con el dinero de sus impuestos. A esto creo que lo llaman “sociedad de la información” y no sé cuantas gilipolleces más. Se ve que no saben por donde van los tiros. Aquí lo que nos haría falta es compañías de software privadas, innovadoras y competitivas como las que hay en California (o en Seattle) y no politicastros metomentodo que, no contentos con saquearnos, corromperse y legislar hasta la extenuación, nos quieren hasta dictar el sistema operativo y los programas informáticos que usamos.

Por suerte, entre la gente normal, los paganinis de impuestos que se desloman a trabajar para cumplimentar el capricho de los programadores de Chaveslinex, perdón, Guadalinex, la sensatez se impone. Windows es el sistema más usado y Linux, en cualquiera de sus infinitas variantes, es una rareza que no utiliza casi nadie. Lo dicho, ni Cristolulu. Sin acritud, que aquí, todavía, cada uno opina de lo que le viene en gana.

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Nota 1.- En realidad, no participo personalmente de las querellas entre Windows y Linux, tengo un Mac de esos que le das al botón, se enciende y no pregunta nada hasta que lo apagas.
Nota 2.- Señores de Microsoft Ibérica, el cheque a la dirección habitual. Gracias.

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