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Recuperando el Reino de Navarra

Mientras escribía el Pasaje de historia de España de esta semana me di de bruces con una noticia de esas que sólo se encuentran en España: “El aspirante a la corona de Navarra apela a la ONU”. Me ha pillado por sorpresa porque desconocía que el linaje de los Albret, los reyes de Navarra despojados del trono en 1512, siguiese existiendo y, mucho menos, que si existía, perseverasen sus descendientes en reclamar la corona. Error de cálculo fatal el mío. Olvidaba que en este país nuestro todo es posible, hasta las extravagancias más estúpidas, bueno, especialmente esas son las más habituales. La historia es, más o menos, como sigue.

Un pirado, un tal Blas de Beaumont, duque de lo mismo y con una cara de requeté que echa para atrás, dice haber encontrado al que, supuestamente, es el último heredero vivo de los últimos reyes de la casa Evreux-Albret, de los que hablo con más detalle en mi artículo. Se trata de un jubilado austriaco que vive en Niza, tiene 84 años y se llama Pierre Désiré. No sé como lo ha hecho el tal Blas, quizá ha dedicado toda su vida a investigar en archivos y, tirando del ovillo, ha dado con el último brote de una casa real extinta hace siglos. O quizá es una farsa, fruto de la imaginación calenturienta de un desequilibrado y como aquí todo vale, pues se ha echado palante a ver si cuela la tontería.


Sea lo que sea que, para el caso, da igual, el hecho es que los ancianetes -el jubileta de la Costa Azul y el requeté- se lo han tomado tan en serio que en febrero pasado reclamaron a la ONU, a su Comité de Descolonización, “el reconocimiento de la soberanía o independencia del reino de Navarra”, que comprendería los actuales territorios de la Comunidad Foral y del País Vasco, “lo que sabiamente se denomina Euskal Herria”, y los condominios de Foix y Andorra, “los dominios de la Casa de Albret”. Casi nada, aquí por pedir que no quede.

El aspirante en cuestión dice que es, aparte de rey de Navarra en el exilio, “conde de La Motte-Messemé, príncipe de Andorra, conde de Comminges” ah, y “vizconde de Bearne”. Tal vez por eso, por la acumulación de tanto título, se postuló como aspirante al trono navarro en fechas recientes. Al parecer antes había otro, un norteamericano que se terminó dando por vencido.

Con todo, el que corta el bacalao y mueve todo el cotarro es Blas de Beaumont, que se ha autoadjudicado el puesto de Delegado Regio de la Nafarroako Erret Etxea o Casa Real Navarra. El dirá lo que quiera, pero el amor al cargo público es prueba irrefutable de su españolidad. Esto último me lo he encontrado en Indymedia Euskal Herria, esa página de valientes abertzales cremadores de cajeros donde, curiosamente, son todo oídos para este hombre. Hay más comunicados suyos en los foros de Gara y alguna carta personal al rey Juan Carlos que es digna de leer en voz alta. Es el colmo. Nunca pensé que tanto friquismo fuera posible.

Flipante. Me conformaría con que mi pasaje levante la mitad de interés que el que ha suscitado en mí este tipo. eso sí, lo veo difícil. Una película ya, mayormente porque sospecho que, antes de legitimista de la casa Albret, este pastaba por el carlismo, igual que Carlos Carnicero. En esto quizá Enric Dapena nos saque de dudas.

Los elementos en danza son estos dos. Lo olvidaba, el aspirante a la corona navarra no tiene ni puñetera idea de español. De vascuence tampoco. Apañado va, sobre todo por el último.

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