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Linux, pareceres diversos

Vuelvo sobre este tema porque nunca llegué a imaginar que pudiese provocar tantas pasiones… y tantos insultos. De haberme cagado en su mismísima madre no creo que hubiese recibido palabras tan gruesas. Acostumbro a aprobar todos los comentarios que los lectores ponen, pero en este caso los dicterios eran de tal intensidad que hasta a mí me daba vergüenza leerlos. Algunos, con vocación de spammers, repetían el insulto seis, siete u ocho veces seguidas, no sé si con la esperanza de que me diese por vencido y transigiera con el escupitajo. Se ve que, a estos, su amor por el software libre va parejo a su aversión por la libertad de los demás a opinar. Más o menos como los de este grafiti de la izquierda, que ya hay que ser flipado. Que yo sepa, los usuarios de Windows no tachan el logotipo de Linux ni nada por el estilo cuando hacen una pintada… bueno, no estoy seguro de que esta gente haga pintadas por gilipolleces semejantes.

Bien, casi olvidado el aluvión de palabrotas y otras expresiones malsonantes que me dedicaron la semana pasada, esta mañana Narpo, linuxero liberal, me ha enviado una foto de dos pingüinos linuxeros leyéndose “La Acción Humana”, de Ludwig von Mises. Linux es liberal decía.

Al rato, Juan Ramón Rallo, la gran esperanza blanca del liberalismo hispano, enviaba otra foto, esta de una especie de manifa (antifa, claro) en la que un tío disfrazado de pingüino lleva una pancarta en la que pone “El software libre es socialismo”. Este hombre, evidentemente, se confunde a sí mismo con el ordenador, y, claro, si él es socialista y su ordenata corre Linux, por fuerza el Linux ha de ser lo mismo que él. A la izquierda le pasa con todo, de ahí que si un poeta no es “comprometido” no es ni poeta ni es nada, o si un actor no le baila el agua a Bardem es que, naturalmente, no es actor sino un despreciable “farcista, reazionario” y, probablemente, “retrógrado”. Siempre han sido así, no van a cambiar ahora de hábitos.

Francamente, no creo que sea ni una cosa ni la otra. Linux no es ni liberal ni socialista, un sistema operativo, por su naturaleza intrínseca, no tiene ideología, no puede tenerla. La tendrán, en todo caso, sus usuarios. Los principios que lo inspiran, sin embargo, si pueden ser calificados politicamente. Al ser Linux un sistema libre y cooperativo, es decir, que cualquiera puede intervenir en su desarrollo, se parece más al modelo liberal de sociedad que al socialista. El primero incentiva la individualidad y la libre empresa (aunque esa empresa sea pasarse horas programando sin remuneración), mientras que el segundo hace exactamente lo contrario. En un régimen socialista Linux sería impensable. Por dos razones:

– Porque socialismo es pobreza y cuando ésta entra por la puerta, el ordenador sale por la ventana. Si lo sabrán los cubanos.
– Porque socialismo es planificación y control político, y con esos dos ingredientes toda libertad, incluida la de cooperar, se esfuma.

Si no hay renta para dedicarle tiempo y recursos al ordenador, ni libertad para colaborar con otros, el software libre es una fábula.

Dicho esto, el tontolhaba de la foto de arriba es, una de tres:

1. Un ignorante que le han dicho que eso de Linux sirve para “crear conciencia de clase, acelerar las contradicciones del capitalismo y su indiscutible final”.
2. El jefe del ignorante que, a pesar de que conoce en qué consiste el software libre, ha decidido apropiárselo porque suena bien y puede servir para “crear conciencia de clase, acelerar las contradicciones del capitalismo y su indiscutible final”.
3. El pingüino es, en realidad, una estatua conmemorativa del viaje de Shackleton a la Antártida y, al verlo, un ignorante pancartero, le ha puesto el cartelito para “crear conciencia de clase, acelerar las contradicciones del capitalismo y su indiscutible final”.

A gusto del consumidor. Como el mismo Linux.

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