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Simplemente Justicia. No es mucho pedir

Cuatro bárbaros, “El Malaguita”, “Ramoncín”, “Ramón” y “El Pumuki” secuestraron en 2003 a una chica en el sur de Madrid, la llevaron hasta un descampado junto a la autovía de Toledo. La pegaron una paliza descomunal mientras se encontraba maniatada. La violaron repetidamente entre los cuatro. Una vez consumada la violación atropellaron lo que quedaba de ella hasta 15 veces con el coche aprovechando la ocasión para darle la llamada “muerte del torete” empotrando su cuerpo contra un muro. Esto le ocasionó la rotura de ambas piernas, pero seguía viva. Se dispusieron entonces a rematar la faena poniendo la guinda final a tanta crueldad. Arrancaron el coche y se dirigieron a la gasolinera de la Plaza Elíptica, donde compraron un euro de gasolina. De vuelta al descampado la metieron fuego. Murió abrasada entre las llamas sumida en unos dolores indescriptibles preguntándose ¿por qué?, ¿por qué a ella?, ¿por qué así? Se llamaba Sandra Palo, era hija de una familia humilde que aun vive en un pisito de Getafe. Sólo tenía 22 años.

El resto de la historia es bien conocido por todos. Los asesinos fueron arrestados por la policía y puestos a disposición del juez pero, ay, tres de ellos eran menores de edad, y con suerte porque el cuarto era mayor por los pelos. A los menores se les internó en un centro de menores donde actualmente cumplen una condena de ¡¡8 años!! Antes de lo que pensamos estarán de vuelta en la calle, paseando junto a nosotros, riéndose de una sociedad tan estúpidamente generosa con los criminales como la nuestra.

Con “El Malaguita” la Justicia fue más dura: 30 años entre rejas por arrebatar la vida a una muchacha gratuitamente, por pura y simple diversión. Cuando se hicieron públicas las condenas muchos progres de postín nos miraron por encima del hombro resoplando entre dientes y pontificando con aire de suficiencia desde las alturas de su apartamento en Argüelles que la madre de Sandra Palo, la del pisito de Getafe, es vengativa y rencorosa, que la cárcel no está para castigar, ni para satisfacer a la víctima: está para reinsertar.

“También sabemos que tan largo encierro no habrá servido para reinsertar socialmente a este hombre; los criminólogos consideran que cualquier privación de libertad superior a quince años es tan inútil como contraproducente para tal fin. Eso sí, se habrá cumplido el deseo de la madre de Sandra: el asesino de su hija se habrá podrido en la cárcel.”

Gonzalo Martínez-Fresneda (20 Minutos – 24/11/2005)

Bonito eufemismo para asesinos de semejante calaña. Sandra Palo era de la misma extracción social que sus verdugos pero decidió ser una persona de bien, ahora, por no se sabe que razón, sobre ella y sobre los que somos como ella cae la responsabilidad de que “El Malaguita”, “Ramoncín”, “Ramón” y ” El Pumuki” sean unos asesinos execrables.

Hace cosa de un mes, el espacio Caso Abierto, que emite Libertad Digital Televisión todos los lunes a las 10 y del que soy editor, dedicó un programa a los padres coraje. Lo hicimos porque a ellos les debe muchas veces la administración de Justicia que se termine haciendo Justicia de verdad. Y lo hicimos porque somos de la opinión que el caso de Sandra Palo no debe ser olvidado. María del Mar Bermúdez, madre de Sandra, sigue luchando cuatro años después para que la injusta Ley del Menor se reforme de una vez por todas. Una reforma de verdad que haga posible que los futuros asesinos penen sus culpas como es debido y durante el tiempo que es debido.

En breve uno de los protagonistas de aquella ignominiosa noche, “El Pumuki”, saldrá del centro de menores donde está internado, y lo hará con la ley en la mano. No debería salir porque no lo merece y porque no se ha rehabilitado aún. María del Mar Bermúdez está recogiendo firmas para que “El Pumuki” no salga del centro y cumpla íntegra su condena. Simplemente Justicia. No es mucho pedir.

 

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