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Ultraportátiles, elogio de lo pequeño

hp_mini_1000Al igual que todos los veranos tienen una canción, todas las Navidades tienen un regalo, un gadget fetiche que se reproduce como el virus de la gripe por las estanterías de las tiendas y los sitios web que, tanto usted como yo, visitamos con dedicada entrega. La última Navidad fueron los marcos de foto digitales, la anterior los discos duros multimedia y así sucesivamente hasta la Game Boy, que acaba de cumplir su mayoría de edad olvidada por todos.

Todo gadget de moda empieza su carrera como producto exclusivo al alcance de unos pocos. Generalmente caro (diría yo que prohibitivo) y sólo contemplable a través del cristal de un escaparate. Entonces, nadie sabe cómo ni por qué, el gadget en cuestión sufre una mutación genética y comienza a expandirse casi a la misma velocidad en que se abarata. Los marcos digitales, por ejemplo, eran hace sólo cinco años una curiosidad tecnológica, un lujo asiático (y nunca mejor traído el origen) de esos que miramos embobados, pero que no nos podemos permitir y que si, haciendo esfuerzo, nos los permitiésemos, echaríamos horas pensando cómo vamos a utilizarlos.

Porque los cacharros tecnológicos son como Gandalf en El Seños de los anillos; llegan cuando tienen que llegar, ni antes ni después. Un marco digital en 2003 era perfectamente inútil para la mayoría de aficionados a la fotografía, que se encontraban sumergidos en un mar de dudas sobre si daban o no el salto a la fotografía digital. Y sin fotos digitales el marco sirve para poco más que para pegarle una foto en papel sobre el LCD. Cuando todos tenían su cámara y las pantallas de cristal líquido eran lo suficientemente económicas llegó su momento y ¡zas!, un marquito en cada casa. Apagado, cierto es, pero exhibiendo orgulloso su pantalla en negro para que todas la visitas pregunten lo mismo.

– ¡Oye!, ¿y esto como se enciende?

A lo que nosotros, condescendientes tecnófilos, respondemos llenos de satisfacción:

– Dale la vuelta y deslizas la pestaña a donde pone ON

A los ultraportátiles o Netbooks (que es como se llaman ahora) les ha pasado algo parecido. Al principio eran versiones miniaturizadas de portátiles normales, con su pantallita, su tecladito, su panelito táctil… y su sablazo en la Visa. Porque esos mini Sony Vaio o esos mini Samsung o ese MacBook Air todo lo que tienen de minúsculo lo tienen de caro. Tal es la diferencia que, en los últimos años, se había llegado a la convicción que de que lo pequeño, en informática, se paga… y bien.

Pues no, lo pequeño se ha dejado de pagar. Todo gracias a una empresa taiwanesa llamada Asus, que anunció a mediados del año pasado un diminuto portátil equipado con lo mínimo a menos de 300 dólares. En realidad no era nada nuevo, simplemente la evolución de un concepto ya antiguo: el de los portátiles para los niños del tercer mundo puesto al día para los geeks del primero. La idea apadrinada por algunos gurús del intenet de dar un ordenador portátil a los niños de los países pobres nunca ha arrancado del todo. Tal vez porque esos niños, antes que ordenadores, lo que necesitan son escuelas, seguridad y, en los casos más sangrantes, comer a diario. Aunque parezca mentira, algo tan elemental no se lo plantearon. Es como si a mi padre, que las pasó canutas en la posguerra, le hubiesen regalado una calculadora cuando, en realidad, lo que a él le apetecía era comer caliente.

La idea de Asus era ofrecer a los que ya disfrutamos de las bendiciones del mundo desarrollado (entre las que figura comer caliente) un ordenador a medio camino entre un portátil y una agenda electrónica pero, a diferencia de lo que se había hecho antes, al precio de la segunda y no del primero. El anuncio fue a principios del verano de 2007 y no hubo geek en todo el mundo que no desease poseer uno de esos Asus, bautizados por la marca como “eeepc”, es decir, easy to learn, easy to work, easy to play. Les faltó una “e” más. Easy to pay, porque el precio de salida iba a ser 299 dólares, cifra redonda y psicológica como lo fue en tiempos las famosas 5.000 pesetas con las que se podía comprar casi de todo.

El Eeepc es un aparatito extremadamente pequeño y ligero. Ocupa lo que una agenda normal y pesa menos de un kilo. Es capaz de hacer lo que la mayor parte de la gente hace con el ordenador: navegar por Internet, chatear con los amigos, enviar correos electrónicos y escribir algún texto ocasionalmente. Como es tan pequeño se puede llevar a cualquier parte. Cabe en el bolso de una mujer (en rigor, en el bolso de una mujer cabrían 6 ó 7 eeepc’s) o en la mariconera de un hombre; no, no se ría, esos bolsos masculinos siempre se han llamado así. Sirve para navegar desde la cama, desde la terraza, desde el sofá y desde otros lugares más íntimos, pero inexcusables en el quehacer diario.

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Y todas esas ventajas por sólo 299 dólares. Lo anormal es que no se hubiesen vendido. Fueron la sensación de las Navidades (las norteamericanas, no las nuestras) del pasado año y, a lo largo de este, se han puesto a la venta en todo el mundo. En España llegaron tarde, tan tarde como el mes de mayo, momento en que se produjo la eclosión del segmento. HP lanzó su modelo, Acer lo hizo algo más tarde, y fue volver del verano y cada semana una marca se desmarcaba con su Netbook… Dell y su Inspiron Mini, Toshiba y su NB 100, LG y su X110, Medion y su Akoya Mini… Al final hay tantos modelos que cuesta recordarlos todos.

Pero cantidad no significa variedad. Las tripas de todos son prácticamente idénticas. Equipan el mismo microprocesador Intel Atom, parecida cantidad de memoria y pantallas de 9 ó 10 pulgadas. El Eeepc original, que llevaba un Celeron del año catapún y un pantallín minusuculo, ha dado paso a nuevos HP Mini 1000modelos más potentes que han tratado de subsanar los defectos del primero de la saga.

La batalla no se ha librado, pues, en el hardware, sino en el sistema operativo. El pionero traía preinstalada una distribución de Linux un poco rara que daba lo que se le pedía y poco más. A partir de ahí empezó la guerra. Algunas marcas se han decantado sólo por Linux, como es el caso de Dell, que entrega sus Inspiron Mini con Ubuntu. Otros dejan elegir al cliente entre Linux y Windows XP que, aunque sea un sistema del año 2001, en esto de los Netbooks goza de una envidiable salud. Por último, algunas marcas sólo ofrecen el XP porque, según dicen, es lo que les pide la clientela. Ahora viene la pregunta. Si son tan parecidos, ¿no debería costar demasiado elegir uno u otro para regalar(se) estas Navidades? Pues no. Aparentemente son iguales, luego cada uno tiene sus cosas, sus detalles y sus intangibles que ponen la elección bastante más difícil. A eso dedicaré los próximos artículos. Si se quiere enterar, ya sabe, permanezca conectado.

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