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HP TouchSmart, el futuro tal y como solía ser

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Una de las cosas buenas que tiene la tecnología es que el futuro siempre suele ir por donde tiene que ir. A la televisión de blanco y negro le sucedió la televisión en color; a los pesados y voluminosos tubos de rayos catódicos las estilizadas y ligeras pantallas de plasma; a los Discman de Sony los iPod de Apple; a las agendas electrónicas las PDA en color con Wi-Fi; a levantarse del sofá para cambiar de canal, el mando a distancia por infrarrojos que rebotan en las paredes; y al ordenador personal… bueno, al ordenador personal le ha sucedido el TouchSmart de Hewlett Packard.

La última virguería de los norteamericanos no es que sea una revolución, es el nacimiento de una nueva especie de computadoras domesticas que son, a un tiempo, bonitas, resultonas, fáciles de utilizar y relativamente económicas. Entran por los ojos, por el bolsillo y, sobre todo, entran por las yemas de los dedos, porque lo que distingue al TouchSmart del resto de ordenadores es que se maneja con la mano. Tal y como lee, con la mano. Si tiene manos y sentido de la orientación espacial no le será muy difícil hacerse con las riendas de este ordenador.

Los ingenieros de HP llevan la friolera de años trabajando un concepto bastante escurridizo: el de los dispositivos táctiles. Si nos paramos un momento a pensar, lo que más a mano tenemos es, eso mismo, las manos; con sus cinco dedos y la cantidad casi infinita de movimientos y torsiones que hacen con tan sólo proponérselo y con una precisión sorprendente. La civilización humana, desde las pirámides al Eurotúnel pasando por el Quijote o la Quinta de Beethoven, es, esencialmente, un prodigio llevado a cabo por las manos. Si esto es así, ¿por qué manejamos entonces los ordenadores con un ratón y un teclado? La razón es porque no hemos encontrado un modo mejor. La tecnología, al menos hasta ahora, no estaba lo suficientemente avanzada como para ofrecer un interfaz táctil que sustituyese dignamente a esos dos elementos que tiene usted delante y que, sin los cuales, no podría dar órdenes a su amado ordenador.

Lo novedoso del TouchSmart no es, por lo tanto, que sea táctil, sino que esa condición es plenamente operativa. Llevo 10 días usando uno y, aunque reconozco que los dos primeros días estuve utilizándolo de manera mixta, desde el tercero lo he hecho todo con la mano. Y cuando digo todo es todo. He navegado por Internet (con la mano), he retocado fotos (con la mano), he administrado mi colección de música (con la mano)… y la de películas (con la mano). He leído textos completos de varias páginas que he pasado, adivínelo, sí, con la mano. Y, para que se termine de convencer, esto que está usted leyendo, sí, esto mismo, está escrito y sombreado con la mano, con la mano sobre la pantalla quiero decir.

¿Cómo yo, que no soy especialmente habilidoso, he conseguido hacer todo esto en tan poco tiempo? Pues porque la pantalla táctil del TouchSmart está muy bien terminada, es agradable al tacto y el interfaz entiende lo que quiero decir y lo que quiero hacer. Si, pongamos por caso, quiero abrir una aplicación no tengo más que poner mi dedo índice encima de su icono y la aplicación se abre. Si lo que quiero es hacer una ventana más pequeña y dejarla posteriormente en un rincón de la pantalla, pues hago eso mismo con la mano. Y todo con la misma facilidad con la que doblo un papel y lo pongo en el otro extremo de la mesa.

La escritura, que es lo más delicado porque cada uno escribe como Dios le dio a entender, la resuelve con una soltura encomiable. No es necesario echar horas practicando caligrafía ni aprender de nuevo el alfabeto latino como en los antiguos Palm. Se abre una ventanita, se escribe con el dedo y se aprieta un botón que pone “insertar”. Ya está, con eso basta, automáticamente aparecerá en el documento sobre el que estemos trabajando. Si el documento no nos gusta o contiene secretos de Estado For Your Eyes Only, lo cerramos y arrastramos el icono hasta la papelera. Así de simple.

El trabajo que ha hecho HP es extraordinario, pero un ordenador es algo más que una pantalla (generosísima, por cierto, de 22 o 25 pulgadas en alta definición). El TouchSmart va equipado con lo último que se sirve en circuitería. Micro Intel de doble núcleo Core 2 Duo, 4GB de memoria RAM, tarjeta gráfica NVIDIA GForce 9300, disco duro de medio Terabyte y, para que pueda ver Libertad Digital Televisión, sintonizador de TDT incorporado.

Todo empaquetado en una carcasa muy delgada, de unos 6 centímetros, acabada en policarbonato negro brillante y metacrilato. Por si no le convence la cosa táctil (que puede suceder) en la caja viene un teclado y un ratón inalámbricos, también de diseño. El teclado, por ejemplo, se enciende si apagamos la luz, al estilo de los que Apple pone en sus MacBook Pro. Como son muy pequeños caben en cualquier cajón y así los tendrá siempre a mano por si su suegra, esa agradable mujer que vive aún instalada en el siglo XX, quiere ver las fotos de la boda o, simplemente, enredar, que es una inclinación muy de suegras.

El TouchSmart sirve, además de para todo lo anterior, para impresionar a las visitas, que, ahora que se acerca la Navidad, serán muchas y no necesariamente deseadas. Si uno no sabe que hablar con el cuñado, extremo bastante usual, pues le hace pasar al estudio y le enseña el TouchSmart y las diabluras que pueden hacerse sobre su pantalla. Si, atónito ante semejante espectáculo táctil, dice algo así como “- Esto parece sacado de la película Minority Report”, habrá logrado su objetivo y estas serán las primeras Navidades en las que habrá evitado hablar de fútbol con su cuñado.

Tanta tecnología y tanto poder fardar de ordenata tiene, como era de esperar, un precio. No muy alto, por cierto. Teniendo en cuenta que Apple pide por su iMac (que de táctil lo único que tiene es que si pones un dedo encima dejas la huella dactilar estampada en la pantalla) entre 1.500 y 1.800 euros, o Sony por su Vaio VGC-LV1S 1.900 del ala, el TouchSmart se queda en la banda de los 1.400. Caro en comparación con los sobremesa normalitos pero muy competitivo si miramos a sus compañeros de gama. Como es lo último de lo último tiene la ventaja añadida de que tardará algo de tiempo en quedarse obsoleto, maldición informática que afecta a todos los ordenadores por igual.

Como para pensárselo, especialmente, si tiene usted un tacto firme, una suegra aficionada a las bodas y un cuñado futbolero.

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