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BlackBerry, enemiga de Alá

blackberry-8520Hace muchos años el grupo Siniestro Total cantaba una canción que se titulaba “Ayatola no me toques la pirola”, una canción que, huelga decirlo, sería impensable en estos alianzadores tiempos de memez cuasi absoluta que nos ha tocado vivir. Los gallegos, a grito pelado y con mucho guitarreo parapunki detrás, decían textualmente: “soy el enemigo de Alá, no me gusta la rumba ni el jazz”. Y eso era lo menos, digamos, políticamente incorrecto de toda la canción. No les pasó nada, al menos que yo sepa, porque los Siniestro siguen ahí, metiditos en años y cantando de vez en cuando para su parroquia de fieles repartidos por toda España.

Lo cierto es que hoy por hoy enemigo de Alá puede serlo cualquiera. Las inocentes Blackberry sin ir más lejos. Las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos, ese país irresistiblemente moderno donde hacen rascacielos e islas artificiales, los han prohibido porque comprometen la “seguridad nacional”. En rigor no es que hayan proscrito la marca Blackberry. El emirateño puede seguir comprándose uno y puede incluso hablar con el con su Azofaifa tapada de arriba abajo, o enviar un mensaje de texto al pakistaní que tiene medio esclavizado trabajando en casa de jardinero.

Lo que el emirateño en cuestión, pongamos que se llama Mojamé, no puede hacer es enviar ni recibir correos con el teléfono, ni utilizar el socorrido y gratuito Messenger, ni navegar por el interné. Es decir, que no se le permite hacer lo que mejor hace su amado Blackberry, que es trasegar datos con una encomiable soltura y a un precio irrisorio. Esto es lo más parecido a prohibirlo, porque todo el que compra un Blackberry lo hace por el correo y las bagatelas internetíes, no porque le ponga cargar con un ladrillo de medio kilo y 30 teclas en miniatura que ni siquiera es multitáctil y tiene el sistema operativo más feo del mundo mundial. (Nota bene: al Tecnólogo Bonatto su Blacky le parece preciosa, tanto que pasa horas arrobado mirándola, ya se sabe que en gustos…)

blackberry-messengerLos jeques que mandan en los Emiratos, modernísimos, con línea aérea y todo que acaba de inaugurar un vuelo de Madrid a Dubai, se acaban de dar cuenta de que RIM, la empresa creadora de Blackberry, centraliza y encripta el tráfico de datos de sus terminales para garantizar la seguridad en las comunicaciones de los usuarios. De este modo, ni el jequerío amorunado de los Emiratos ni ningún otro politicastro del mundo puede acceder a esa información “sensibilísima” para la seguridad del Estado. Según parece lo que a los muslimes no les termina de gustar es que el servidor de RIM se salte los cortafuegos que han puesto para evitar que la grey mahometana visite páginas porno y de contactos eróticos, lo que sin duda es muy desedificante y puede conllevar catastróficas consecuencias para la Umma, que es como se dice comunidad de creyentes en árabe. Eso en la parte pasiva, la de los pornógrafos anónimos. En la activa resulta que a los hijos (e hijas) de Mojamé eso de chatear con el móvil les encanta, y más cuando es gratis, y más cuando Mojamé no lo puede controlar. La policía religiosa, los temidos Muttawa, no da a abasto en los centros comerciales persiguiendo y reprimiendo con una vara a los chateadores compulsivos. Un sindiós, esto es, un sinalá.

 

La prohibición, que será efectiva en los EAU el próximo mes de octubre, se va a ampliar a Arabia Saudita y podría ser que terminase afectando a todos los países del Golfo Pérsico. Los ejecutivos que tomen en Barajas el avión de Emirates ya saben que pueden ir olvidándose de sus Blackberry hasta la vuelta porque allí, en la tierra de Mahoma, de poco les van a servir. ¿Quién decía que el Islam no era el problema?

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