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Íñigo el perroflauta

Íñigo es madrileño, tiene 27 años y acaba de terminar la carrera ciencias políticas en la Universidad Complutense gracias a un aprobado general que dio un profesor muy de izquierdas y muy rumboso de cuyo nombre no quiero acordarme. Siempre ha sido muy rebelde y, aunque nunca le ha faltado de nada, se siente en deuda con el resto de la humanidad. Quizá por eso estudió políticas. La deuda quiere saldarla, además, con el dinero de los demás. Porque Íñigo es progresista, muy progresista.

Su padre, que también se llama Íñigo, es un antiguo alto cargo de mucho mando en la época de Felipe González. Luego se pasó a la empresa privada, y allí hizo algo de dinero, no mucho, lo justo para que Íñigo, hijo único, y la madre de la criatura viviesen con desahogo en un buen piso con piscina de Pozuelo de Alarcón. Íñigo padre bautizó al niño por aquello del qué dirán en la familia, pero se negó a que pisase más veces una iglesia. Quería que el niño se criase en valores laicos, de progreso, que hiciesen de él una persona de provecho, tolerante, solidaria y dialogante.

Hoy, 27 años después, Íñigo es lo que su padre siempre quiso que fuese. No estudia ni trabaja, pero bucea en valores. De los estudios no quiere oír hablar ahora que ya tiene su título bajo el brazo. Sabe lo que tiene que saber, y punto. Sabe, por ejemplo, que los causantes de los males del mundo son, por este orden, el capitalismo, Franco y los curas. A los tres los combate militando en una asociación ecologista y en un partido de izquierda revolucionaria que las arma gordísimas en las manifas.

¿El trabajo?, ¿quién quiere un trabajo? Íñigo no está dispuesto a aceptar el chantaje de un empleo a cambio de un salario mísero y madrugones. Eso es para los siervos del sistema. Él, que tiene el colchón paterno, puede permitirse el pequeño lujo de vivir al margen del sistema para derribar al sistema armado solo con una pancarta, una tienda de campaña y una Blackberry para tuitear en directo la revolución. Íñigo es simplemente perroflauta, pero él cree que está cambiando el mundo. Y ojo, que quizá termine cambiándolo, al menos el mundo que más cerca le pilla.

Siete accesorios imprescindibles de un perroflauta tipo:
1º Rasta
2º Pantalón afgano
3º Tatuaje
4º Babuchas
5º Bolso tejido a mano con motivos indígenas
6º Pañuelo palestino
7º Camiseta reivindicativa

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