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Y no ha pasado nada

Cuando empezó a emitir Telemadrid yo era un imberbe adolescente habituado a las estrecheces televisivas de los ochenta. Debutaron con Ben Hur, que se veía fatal y con mucha nieve pero sin anuncios. En aquel entonces, fíjese, metidos en el felipegonzalítico pleno, eso nos parecía el no va a más. Tres canales más el VHS y la Sega Master System, ya podíamos gritar a los cuatro vientos que éramos europeos. Poco después empezaron las privadas, que eran otras tres, una de ellas de pago, lo que no le privó de gozar de una audiencia considerable porque, como veníamos de donde veníamos, nos daba igual tragarnos las películas con nieve y sin sonido. Eran tiempos heroicos que los chavales de ahora no entienden.

Recuerdo esto porque ahora, veintitantos años después de nuestro despertar como zapeadores compulsivos, esto de la tele ha cambiado tanto que si una desaparece no nos damos ni cuenta. Esto es lo que ha pasado, sin ir más lejos, con Telemadrid. Hace unas semanas una cuadrilla de sindicalistas decidió llevarla a negro y así estuvo durante días. Bien, ¿pues saben lo que ha pasado? Nada, absolutamente nada. El planeta ha seguido girando, la deriva continental no se ha detenido y la deuda del Estado ha continuado su curso ascendente.

Esto nos lleva a concluir que las televisiones ya no son lo que eran. Hoy, desde el mando a distancia, controlamos treinta y pico canales en abierto, otros tantos de pago, el DVD, el Blu-Ray, la Playstation, la Wii y un ordenador viejo con el que vemos las pelis bajadas de la mula. La caja tonta ha terminado siendo listísima. Luego, además, tenemos el portátil, la tableta y el móvil para echar horas haciendo el memo en Facebook o leyendo gaceta.es. En un océano tan vasto de entretenimiento audiovisual, que se evapore una insignificante gotita pasa desapercibido.

Pero, ¡ay!, estos que apagan y encienden a placer la emisión de Telemadrid no lo hacen de gratis, sino con nuestro dinero, es decir, que nuestros ojos no se enteran pero si nuestro exhausto bolsillo. Quizá habría que plantearse seriamente la necesidad de esas cadenas de televisión estatales que tanto abundan por España. No nos engañemos, el “servicio público” que dicen ofrecer es el mismo que da cualquier cadena privada. De hecho las cadenas privadas dan incluso un servicio mejor porque no se van a negro caprichosamente y, además, el servicio nos sale a cero euros. La cosa parece clara, si Telemadrid se desenchufó de la emisión y no pasó nada, cuando la desenchufemos del presupuesto tampoco pasará nada. Como dirían los bataflautas: ¡si, se puede!

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