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Intrahistoria de un puro vespertino

‘Llevo 12 años trabajando con Rajoy y nunca le he visto saltarse una norma’ decía el viernes pasado Soraya Sáenz de Santamaría, de oficio opositora, durante la rueda de prensa posterior al consejo de ministros. Probablemente sea cierto, aunque lo dudo. Yo, que he visto a Rajoy en contadas ocasiones y nunca he trabajado con él, sí le he visto saltarse una norma. Bueno, no exactamente una norma, que sería pecata minuta, sino toda una Ley, la Ley 28/2005 conocida comúnmente como Ley Antitabaco o, más propiamente, Ley Antifumadores.

Fue a principios de abril de 2011, un domingo por la tarde, en un selecto club deportivo madrileño llamado Reebok Sports Club, situado en la no menos selecta urbanización La Finca, refugio de millonarios capitalinos y jugadores de fútbol como Iker Casillas o el también madridista Kaká. Todo sucedió de manera inesperada. Estaba yo en la terraza de la cafetería del club, que se encuentra elevada en un segundo piso junto a una cancha de fútbol con césped artificial, cuando me asomé para ver el partidillo que unos chavales de doce o trece años estaban echando en el campo anejo. Y allí estaba Mariano Rajoy, entonces líder de la oposición y “próximo presidente del Gobierno de España”, fumándose un puro tamaño XXL.

“¡Me cago en la leche!”, dije para mis adentros, “¡tendrá caradura el tío, si eso está prohibido por él mismo, que votó a favor de esa ley”. La modificación de la Ley 28/2005, que entró en vigor en enero de 2011, prohíbe expresamente fumar en parques y zonas de juegos infantiles. Aquello no era un parque, pero sí un partido de fútbol infantil. Y, a ver, si es delito echarse un cigarrito rápido, así, de matute, junto a un parque de la periferia donde dos niños juegan a tirarse por el tobogán, ¿qué será cuadrarse un puro a medio metro de 22 niños jugando al fútbol en un club donde se prohíbe fumar dentro de las canchas? Porque Rajoy, aparte de la Ley, se saltó también la norma interna del club. Dos por el precio de uno. Pero, claro, él es político y las leyes son para los demás, para los vulgares mortales cuya única función en la vida es pagar impuestos, muchos, cada vez más y sin rechistar. Todo para que luego una parte nada despreciable de los mismos acabe financiando caprichitos caros como los puros habanos.

El problema es que, hoy por hoy, no vale con ser testigo de algo y luego contarlo. Hoy hay que llevarse la prueba gráfica. Así que no me quedó otra que inmortalizar el momento. Porque aquí cada uno hacemos lo que nuestra naturaleza nos dicta. Él es político, yo periodista. Él vive a costa de los demás, yo vivo a costa de contar cosas a los demás. Los que me conocen saben que siempre llevo una cámara de fotos encima, así que la saqué discretamente del bolsillo, la escamotee en la barandilla y tiré unas cuantas fotos para llevármelas al periódico a modo de presa recién abatida. Las fotos se publicaron esa misma tarde en Libertad Digital, que es donde me encontraba trabajando en aquella época. Se puede ver a Rajoy relajado, sonriendo, con su habano entre los dientes, sin corbata y charlando amigablemente con otros padres, que se encontraban en una especie de trance politicófilo, ese que el español medio sólo siente delante del poderoso.

Bien, las fotos, que son propiedad de Libertad Digital, las reproduzco aquí. Soraya, de verdad que lo siento, pero pocas cosas satisfacen más que hacerte un zas! en toda la boca. Ahora vas y pides un informe a la abogacía del Estado para saber si los zas! en toda la boca son legales o tan ilegales como lo que hizo el “que nunca se ha saltado una norma” en aquella tarde futbolera de purazo y sonrisa.

 

 

 

(Hacer clic sobre las imágenes para agrandar)
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