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‘Los regímenes comunistas derivan siempre en tiranías’ [Entrevista]

d7a10-portada-historia-comunismo34 historias que, según su autor, “no dejarán indiferente a nadie”. Fernando Díaz Villanueva, director de Negocios.com y columnista de La Gaceta, acaba de lanzar “Historia criminal del comunismo”, un libro que recorre la historia de los regímenes comunistas del siglo pasado deteniéndose sobre los crímenes que perpetraron en nombre de esa ideología. El libro, publicado exclusivamente en versión digital, está disponible desde esta semana en la tienda Kindle de Amazon.es por solo 93 céntimos.

¿Es el comunismo criminal?
El comunismo en sí no es criminal, ninguna ideología lo es. Las ideas no delinquen, delinquen las personas. Criminales fueron la práctica totalidad de regímenes comunistas del siglo XX. Y lo siguen siendo los que quedan, como la Cuba de los hermanos Castro y la Corea de los siniestros Kim Il-sung, Kim Jong-il y Kim Jong-un. Las dos han terminado siendo, curiosamente, dos dinastías comunistas que ejercen el poder de manera tiránica.

¿El capitalismo no ha cometido crímenes?
Esa es la típica chorrada con la que suelen venir los comunistas, el “y tú más” de siempre que es marca de la casa. El capitalismo no es una ideología, es un sistema basado en un proceso espontáneo de cooperación libre y voluntaria entre agentes económicos. Ese proceso se da en en los países llamados capitalistas, en algunos más y en otros menos. En Liechtenstein, por ejemplo, se da con mucha intensidad, en México con bastante menos. El primero es rico y libre, el segundo es pobre y sus habitantes viven sojuzgados bajo el yugo de la política y sus caprichos. Así que el capitalismo no ha cometido crímenes porque los sistemas económicos no pueden cometerlos.

Al capitalismo lo definen los contratos contraídos de manera libre y voluntaria entre los individuos, al comunismo los mandatos coactivos emanados de una autoridad central que se tiene por omnisciente y que es omnipotente. El capitalismo, en definitiva, implica libertad y voluntariedad, el comunismo servidumbre y coacción. ¿En cuál de los dos mundos crees que habrá más crímenes?

¿Los regímenes comunistas siempre son dictaduras?
Siempre, es inevitable. Todos derivan en tiranías. No ha habido una sola revolución comunista que no haya terminado en una dictadura política y su cortejo de miserias materiales. La implantación del comunismo viene seguida de la entronización en el poder de un partido único cuya casta dirigente se adueña por las bravas de todos los recursos del país. Acto seguido desaparecen todas las libertades formales (expresión, asociación, imprenta…etc.) y da comienzo el proceso de ingeniería social que incluye la erradicación de instituciones tales como la familia, la propiedad o la religión.

Para que nada se descontrole la policía política adquiere un papel fundamental. Su misión es velar por la seguridad de esa casta que maneja el Estado. No es casualidad que en casi todas repúblicas populares a la policía política se la llamó de esa manera. En la RDA era la Stasi (Staatssicherheit), en Hungría la AVH (Államvédelmi Hatóság), en Checoslovaquia la StB (Státní bezpečnost), en Bulgaria la DS (Komitet za darzhavna sigurnost). Todas significan lo mismo: “Seguridad del Estado”, y cuando el Estado está seguro el individuo de a pie está inseguro.

La desaparición de las libertades civiles es el preludio del saqueo material. En todos los regímenes comunistas ha reinado siempre la miseria. Los déspotas gobiernan mejor sobre gente desposeída y hambrienta que lo espera todo de un Estado endiosado que todo lo puede.

¿Cuál fue el peor crimen del comunismo?
Todos han sido malos. Decir a un superviviente del gulag siberiano que lo suyo no fue tan malo porque en los laogai chinos el cautiverio era más duro y las torturas eran peores, sería un disparate. El mayor crimen en términos absolutos, es decir, en número de muertos, fue el “Gran Salto Adelante”, una campaña de industrialización acelerada que lanzó Mao Zedong en los años cincuenta. Murieron, básicamente de hambre, unos cuarenta millones de personas, el equivalente a la población de Argentina. Lo de China quedó pequeño una década más tarde cuando Pol Pot, otro fanático extraviado formado en la zahúrda del Partido Comunista Francés, se cepilló al 25% de la población de Camboya en uno de los crímenes más desconcertantes de la historia. En el libro cuento ambos episodios con gran detalle.

¿Por qué duró tanto el comunismo?
No es que duró, es que sigue durando, ahí tenemos a nuestra querida Cuba, sangre de nuestra sangre, sometida al castrismo desde hace más de medio siglo. Lo que si terminó venturosamente fue el comunismo soviético que, por el tamaño de Rusia y la carambola de la segunda Guerra Mundial, se eternizó durante más de setenta años. Implosionó porque el comunismo es impracticable en tiempos de paz durante un periodo prolongado de tiempo. Al eliminar los mecanismos de mercado, los planificadores soviéticos ignoraban que estaban imposibilitando el cálculo económico. Sin este cálculo una economía se pudre en la escasez y la descoordinación. Luego viene la apatía y después la desafección de la gente, un cóctel letal que, en combinación con la servidumbre, provoca el colapso final e irremediable.

El austriaco Ludwig von Mises, quizá el pensador más brillante del siglo XX, ya lo advirtió hace casi cien años, justo cuando estaba arrancando el experimento, pero nadie le hizo caso y ahí tenemos los cien millones de cadáveres que testimonian la envergadura del error. En esto del comunismo hay una prueba del algodón que nunca falla. En todos los países donde impera un régimen de ese signo la gente se quiere ir. Caray, en Berlín tuvieron que levantar un muro de tres metros y medio de alto con franja de seguridad y torreones con guardias armados, para que no se les vaciase el país.

Lo que si puede mantenerse en el tiempo son pequeños regímenes comunistas aislados al modo de enormes cárceles al aire libre. Es el caso de Cuba y Corea del Norte. Ambas viven al margen del mundo y para que sus respectivos Gobiernos sobrevivan necesitan recurrir a un inmenso estado policial muy opresivo. De estos países irse, además, es bastante complicado. De Cuba porque es una isla, de Corea porque es una prisión rodeada de alambradas y trincheras.

¿Por qué el comunismo sigue siendo tan atractivo?
No creo que sea atractivo. Comunistas siempre ha habido pocos, pero muy decididos y ruidosos. Lo que si se está empezando a perder después de veinte años es la memoria histórica. Los más jóvenes, los que nacieron en los años ochenta y, especialmente, tras la desaparición de la URSS en 1991, desconocen las atrocidades que se cometieron al otro lado del Muro. El sistema educativo estatal creo que tiene mucho que ver en ello y es una pena. Para la izquierda occidental el muerto de Auschwitz tiene mucho más valor que el de Vorkuta (un gulag en Siberia).

Quitando los países del este de Europa, donde mantienen encendida la llama del recuerdo, en el resto del continente el comunismo es una región inexplorada para los escolares. Luego sucede que llega un profesor y les cuenta que, aunque el verdadero comunismo nunca se ha ensayado, las repúblicas populares eran países felices en los que no había paro y demás recursos de la propaganda que los comunistas ya utilizaban cuando yo era niño.

¿La “Historia criminal del comunismo” es un libro para entendidos o para todos los públicos?
Yo no escribo libros para entendidos. Soy un honrado divulgador, me gusta contar historias de manera sencilla y desenfadada. La Historia es el género más entretenido que existe, bastante más que la novela. Tan sólo hay que ponerse en el lugar del lector y tratar de hacer que su experiencia sea agradable. Yo me debo a los lectores, me debo al mercado, que es la democracia más grande del mundo. El mercado es servir a los demás y yo sirvo a mis lectores, por eso intento escribir lo que ellos quieren leer y del modo en que les gusta, por eso publico en Amazon y vendo los libros a 90 céntimos sin DRM. En resumen, yo no soy comunista, soy un liberal consecuente y me encanta el capitalismo, que es el sistema que permite que los pobres como yo prosperemos en la vida si somos trabajadores, ahorradores y cumplimos con la palabra dada.

Entrevista para el diario La Gaceta (3/02/13)

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