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Liquidación por derribo



Esto es lo que hay, caballeros. El personal se quitó primero los caprichos, luego cambió de supermercado, más tarde se desapuntó del gimnasio y llamó para que le tramitasen la baja en el Canal+. Ahora le toca al coche. No hay día en que los parabrisas de media España no amanezcan con estos papelitos. Hay que liquidar todo lo liquidable. Pero, ojo, no cualquier coche es liquidable. A los Cayennes de la primera hora le han sucedido los ubicuos Minis, aquellos descapotables pintones que las niñas pitongas se regalaban en los días de vino y rosas, y los deportivos imitación Ferrari que echan la semana aparcados en el garage porque, según está el litro de súper, para sacarlos de ahí hay que ser un Rothschild. El politiquerío, entretanto, a gastar lo que no tiene, que es lo suyo.

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