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Mi top 10 de estropicios catedralíes

Me tira el guante un lector en la anterior anotación para que le eche lo que hay que echarle y diga cuál es mi top 10 de catedrales españolas. Eso no tiene mérito, es algo tan fácil que casi prefiero hacer la clasificación inversa: el top 10 de horrores catedralicios. Además, a mi se me da mejor criticar que elogiar, para esto último ya está Facebook, donde todos pasan el día echándose flores y molándose muchísimo entre ellos. Lo que sí voy a hacer es dar una somera explicación de por qué me parecen tan feas. Así que no se me molesten, que todo tiene su razón de ser.

Luego, si eso, pongo el de las joyas y así contento a tan amable lector. Bien, ahí va la lista en orden descendente de menos espantosa a más.

10. Logroño
9. Lérida
8. Getafe
7. Santander
6. San Feliú de Llobregat

5. Orihuela
4. Madrid
3. Guadalajara
2. Vitoria
1. Tarrasa

Y ahora el turno de las explicaciones.

De Tarrasa no hace falta que diga mucho más, es fea sin más. No creo que haya nadie, incluyendo su obispo, que se atreva a decir que del mamotreto ese se puede salvar algo.

Vitoria es un pegote neogótico, una mala imitación de la catedral de Cuenca de proporciones gigantescas. Me consta, porque lo he leído por ahí, que el proyecto contemplaba una catedral más grandiosa, pero se quedaron a medias por falta de presupuesto. Casi mejor, porque si a eso le metes dos torres parecería una catedral africana.

Lo de Guadalajara es una parroquia ladrillera sin gusto alguno. Ese pórtico es más propio de San Carlos Borromeo de Entrevías que de la catedral de una capital de provincia. Lo siento por mis vecinos, pero ya saben, o escogen otra o que se adscriban a la diócesis de Alcalá, que tiene una catedral respetable.

Madrid, en fin, Madrid es lo que es. Podría no haber sido nada, pero se empeñaron en colocar una catedral ahí y con ella tenemos que quedarnos. La anterior, la de San Isidro, tampoco era gran cosa, para que engañarnos. A cambio, en Madrid, tenemos el Vicente Calderón, que también es una catedral a su manera.

Orihuela es una ciudad de Alicante pegada a Murcia y, claro, eso marca, las comparaciones son odiosas. Es simple, cuadradota y ligeramente miserable, como de pueblo que ha pasado mucha hambre. Harían bien en pasarse a Murcia.

San Feliú de Llobregat es una iglesia moderna hecha en estilo neorrománico. En un barrio pasaría desapercibida, pero de catedral no da la talla. No sé, tal vez son imaginaciones mías, pero, por el aspecto, es de esas que se pone uno delante y puede echar la tarde contando guitarras y parroquianos vaticanosegundistas de esos que empiezan en la parroquia dando palmas y terminan en el PSOE con las palmas abiertas y trincando a manos llenas.

La de Santander tiene su historia, lo reconozco, y sé también que padeció un incendio que la dejó hecha unos zorros, pero, caray, Santander, con esa elegancia, con ese porte se merece una catedral mejor que ese mazacote que parece traído piedra a piedra desde la montaña palentina. Y más cuando Oviedo y Burgos están al lado. Pero no, no deberían pasarse a ninguna de las dos. Sin salir de la Montaña, en Castro Urdiales, tienen una iglesia gótica que es digna de ser catedral de algo.

Sobre la de Getafe cae la maldición de las iglesias que nunca se hicieron para catedral pero que, por la cosa demográfica, han terminado siéndolo. Es una catedral como de Domund y cura en pantalones de pana, así, setentero, cutre y asambleario.

En Lérida tenían una catedral medieval fuera de lo común, pero en el siglo XVIII les dio por cambiarla y construir lo que hay ahora. En fin, no es que sea especialmente fea, pero pasa desapercibida y eso es imperdonable.

La de Logroño no me termina de convencer, al menos su fachada. Está en un punto extraño entre el barroco y el neoclasicismo, exactamente, en ningún sitio, de ahí que no me guste. Quizá si la tuviese delante y pudiese echarle un vistazo más de cerca cambiaba de opinión, pero así, de primeras, la meto en la lista.

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