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Por el pito… del agente de movilidad

 

Los que vienen de fuera se soprenden de que en Madrid nos tomemos a los agentes de movilidad como el pito del sereno. Eso de los agentes de movilidad fue uno de los nefastos inventos del Cejas cuando la caja estaba repleta. No sabía ya en qué gastar el dinero de los demás, de modo que se inventó este curioso cuerpo de policías que no son policías para colocar en los cruces conflictivos y así complicarlos un poco más. No sé cuanto cuesta la agencia de movilidad en cuestión, pero barata no es. Van a todo trapo con sus coches, sus motos, sus walkie-talkies y sus uniformes al estilo de los “Hombres de Harrelson“.

El tema es que en Madrid el tráfico es un problema desde siempre. Demasiada gente, calles demasiado estrechas y la bendita afición de los madrileños por estar en la calle a todas horas. En los años 20 se armaban ya buenos atascos, por eso el ayuntamiento puso a unos policías locales a regular el tráfico. El semáforo aún no había nacido y era necesario que un tipo bien plantado se pusiese en los cruces a dar y quitar preferencias de paso. A esos guardias, que también se encargaban del orden público, se les dio en llamar “el guardia de la porra”, porque eso mismo, una porra, llevaban colgada del cinto. Iban impecables con un uniforme blanco y un casco la mar de elegante. Podrían haberse quedado así porque a esos se los respetaba, y de qué manera. Un gentleman, a fin de cuentas, siempre hace prevalecer su condición y no lo de ahora.

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