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Contabilidad montoriana explicada a los sorayos

Habrá oído aproximadamente un millón de veces que, desde que llegó el PP al poder, vivimos tiempos de austeridad. Bien, es mentira. Los españolitos de a pie empezamos a ser austeros según empezó la crisis. Quien más, quien menos recortó aquí y allá, redujo gastos superfluos y se apretó a modo el cinturón. De golpe la gente dejó de comprar coches, de salir a cenar a tan a menudo y las vacaciones fueron acortándose en esplendor y duración. ¿Se acuerda, verdad? O quizá no porque hace ya tanto tiempo que dejamos de gastar que ni nos acordamos de cuando lo hacíamos.

Pero, ay, la austeridad a la que se refieren políticos y tertulianos del pesebre es la pública. ¡El Gobierno no invierte!, ¡los recortes están estrangulando al Estado del Bienestar!, claman con vehemencia desde los micrófonos y las tribunas de prensa los economistas del sable. Bueno, pues eso también es mentira, y de las gordas. El Estado gasta más, en términos reales, hoy que en 2006, cuando por estos pagos se ataba a los perros con longaniza y empezaba a mascarse lentamente la tragedia de las hipotecas suicidas y su inevitable corolario de desahucios.

El Gobierno se pulía a principios de la década pasada unos 250.000 millones de euros. En 2009, ya bien metiditos en la crisis, duplicaba esa cifra a pesar de que los parados se coleccionaban por millones y la recaudación caía en picado. Aquel fue el año mágico del delirio zapaterista. La crisis era cosa de dos telediarios y se saldría de ella por arte de birlibirloque. No había más que pedir dinero fuera para gastárselo dentro en los más absurdos proyectos que cabe imaginar. Lo único que hacía falta era ser optimista y consumir, porque esto de la economía no es más que puro instinto animal. Basta con desear que las cosas vayan bien para que el mundo obedezca.

2009 fue, no tan casualmente, el año del psicotrópico “acontecimiento planetario” de Leire Pajín. Desde ese momento cenital del disparate zapaterino el Estado fue poco a poco cerrando el grifo hasta llegar, agárrese, a los 450.000 millones que se gastó el año pasado, ya metidos de hoz y coz en el sorayismo rajoyano. De verdad, en serio, seamos sinceros, ¿esto es austeridad? No, no lo es, se pongan como se pongan. El Estado, ese invento macabro que es pura violencia y pura coacción dulcificadas con pura propaganda, gasta como un niño tonto y, aún así, hay quien lo justifica.

Mantener el costosísimo tren de vida del politiquerío patrio se ha logrado gracias a dos políticas típicamente de progreso, es decir, ilegítimas, injustas y asociales. La primera vivir continuamente de prestado pidiendo dinero como un tahúr en apuros. La segunda elevar la recaudación fiscal mediante un saqueo generalizado. Así, para que las Pajines y los Montoros gasten lo que no tienen, han dispuesto a placer de nuestros bienes presentes y futuros. Esa es la única contabilidad que les importa, la contabilidad montoriana, no muy distinta, por lo demás, a la mordoriana, de Mordor, del mal, del Estado. La practicarán mientras el euro se lo permita. Cuando no ya se encargarán de cambiar de divisa para seguir robando. Lo llevan en los genes, son políticos, no se les puede pedir más.

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