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Draghi se rajoyiza

A estas alturas en Europa ya se van barruntando que la deuda española, la privada y la pública, es aproximadamente impagable. El sector privado va, poco a poco, desapalancándose y disminuyendo sus cargas, pero, ay, el público desteje de noche lo que familias y empresas han tejido durante el día. Tras los fastos hipotecarios de la pasada década, la economía real española ha hecho un ajuste titánico, impensable hace sólo cuatro años. El Estado, sin embargo, ha ido y va por otro carril.

Primero con Zapatero y ahora con Rajoy nuestros gobernantes se han conjurado para que “lo público” no se entere de que hay crisis. Es cierto que se han hecho algunos recortes, pero no los suficientes para que el Estado cuadre sus cuantiosos dispendios con sus menguantes ingresos. La cuestión es simple, en España lo estatal es sagrado y sagradas son sus advocaciones autonómicas y municipales, especialmente las primeras. Eso lo sabe Rajoy, lo sabe Rubalcaba y lo sabe el contribuyente, que pecha medio año para mantener el chiringo de los susodichos funcionando.

La Comisión Europea descuenta que esto y no otra cosa es lo que está pasando por aquí abajo. Esa es la razón por la que Oli Rehn ha concedido una prórroga al Gobierno para que reduzca el déficit. Una prórroga que no servirá de nada y que, a lo más, será una suerte de cheque en blanco para que Rajoy no haga nada a partir de ahora. Nada es nada, ni reformas, ni racionalizaciones de gasto ni nada de nada. Con la prima más o menos controlada en el entorno de los 300 puntos y tres años de horquilla puede mandar como lo ha venido haciendo hasta ahora y hasta incluso ponerse rumboso y abrir la espita del gasto en ciertos capítulos. Luego, en 2016, Dios dirá y los votantes votarán.

Sentimiento similar aletea por encima del rascacielos que sirve de sede al BCE en el centro de Fráncfort. Mario Draghi ha entendido el mensaje a la perfección. Es uno de ellos y con la bajada de tipos del jueves va a proporcionar a los bancos la liquidez que necesitan para seguir comprando deuda pública. Porque, ¿a alguien se le ocurre demanda de crédito más solvente que la del propio Estado? Un Estado, el español, que hasta la fecha ha seguido prestando escrupulosamente servicio de deuda. A mí no se me ocurre inversión más segura, a Rajoy tampoco.

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