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Gafo el gafe

Cuando Rajoy anunció que iba a crear un comedero bajo la advocación de la “marca España” me puse en lo peor. Eso de la “marca España” siempre me pareció una tontería propia de marketineros bobos y tontos con master que los políticos habían comprado para seguir gastando a la salud de nuestro bolsillo. Porque, digo yo, tan marca España es el desgraciado ese de Bretón como una hermanita de la caridad que dedica su vida a los pobres; tan marca España es Puerto Hurraco como el paseo de Gracia; las tres mil viviendas como la Moraleja; un campo de fútbol de mala muerte como el Vicente Calderón. España, en definitiva, no es una marca, es un país, y en los países hay de todo.


La derecha rajoyina como lo fue la aznarita en tiempos es, sin embargo, muy dada a este tipo de expansiones a medio camino entre la gansada y el trinque. Como llevan tantos años viviendo de esto ven España como un negocio, un pingüe negocio. A fin de cuentas a ellos les ha funcionado, sus hijos estudian en universidades caras y sus parientas van de Gucci, así que, ¿por qué no habría de funcionarnos a los demás si lo deseamos con mucha fuerza? El planteamiento no es malo, pero tiene un problema de raíz: para que ellos vivan de Gucci nosotros tenemos que deslomarnos a trabajar. Eso, claro, no se lo cuentan porque si lo hicieran se les vendrían el tinglado abajo.

Volviendo sobre lo de la “marca España”. Resulta que a su director adjunto –sí, tiene director adjunto–, un tal Gafo, no se le ocurrió mejor idea que decir en Twitter que los “catalanes de mierda” (sic) no se merecen nada. Dicho así no parece tan grave. Eso de “catalanes de mierda” (resic) se oye mucho en lugares como Extremadura y Andalucía. Es, digamos, una venganza incruenta por lo de “charnegos de mierda” y la campaña aquella que tantas risitas provocó de la Diagonal para arriba que pedía adoptar un niño extremeño. Donde curiosamente se oye poco es en Madrid, básicamente porque esta es, después de Barcelona, la segunda ciudad con más catalanes del mundo. También es la segunda ciudad vasca, la segunda andaluza y la primera gallega. El odio a Madrid es quizá el mejor ejemplo del auto odio ese del que hablan los nacionalistas.

Que un tipo que cobra de lo de la “marca España” deje por escrito eso de “catalanes de mierda” no es tan grave como el que lo haya hecho vía Twitter, que ya hay que ser memo. Puestos a morir uno muere por todo lo alto, por la tele, en horario de máxima audiencia y, a ser posible, en la misma Cataluña. Con un par. ¿Acaso no es director adjunto de la marca España? Pues que actúe como un español de verdad y se la juegue. Pero en Twitter todos son muy valientes, incluido el tal Gafo, cuyo oficio real es el de diplomático. Fue embajador en el Líbano y antes de eso anduvo dando brincos por el mundo, cobrando siempre del presupuesto, claro, que para algo se metió, como hacían los jerarcas del franquismo, en el cuerpo jurídico de la Armada. En suma, que después de cagarla no le verán en Linkedin buscando empleo. Él lo tiene de por vida. A su costa… paganini de mierda.

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