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Dolores autonómicos

Pasados los tres días de luto y contrición por las víctimas ha llegado la hora de levantar el dedo y acusar, que eso a un servidor se le da bastante bien; la contrición no tanto, para que nos vamos a engañar. De todo el show que los medios de comunicación montaron la semana pasada a cuenta y a la salud de la tragedia del Alvia lo peor, lo más sangrante no fueron los que, con los cadáveres aún calientes, se pusieron como posesos a politizar el tema. Hablo, claro, de los que sacaron de paseo unos inexistentes recortes en materia de seguridad ferroviaria. Había ganas de engendrar odio echando muertos encima de Rajoy y a muchos les faltó el tiempo para hacerlo. La política, la maldita política, la ambición de poder que todo lo encanalla.

Pero lo peor, insisto, no fue eso. De patanerías de esa clase estamos ya vacunados. ¿Se acuerdan de lo del Prestige?, ¿o de la nachojcolarada aquella de las bombas de Irak que estallaban en Madrid? Pues eso. No creo que haga falta dar más referencias. El que está sediento de trinque y poltrona, de BOE y de decir a los demás lo que tienen que hacer no se para en barras, aprovecha cualquier resquicio para sermonear. Esos sermones indignos, además, hay quien se los compra. Mal por ellos, sólo me queda esperar que no gobiernen nunca.

Lo peor del accidente –aparte, lógicamente, de las víctimas mortales y del vacío irreparable que esas 79 vidas han dejado en sus más allegados–, ha sido la regionalización del drama. “Fuerza Galicia” (o Galiza, según gustos), se leía por doquier en las redes sociales. Banderitas gallegas con crespones negros en los perfiles de Twitter, apelaciones a la galleguidad de un abuelo olvidado, pésames en perfecto gallego de la TVG, muñeiras tristes y paridas resobadas como que el cielo de Santiago lloraba de pena. El cielo en Santiago llora siempre, aunque caiga el Gordo de la Lotería. Galicia de luto, la mayor tragedia de Galicia en no sé cuántos siglos, Galicia se arma de coraje y un larguísimo etcétera eran titulares que podían leerse aquí y allá para estupor de los que, además de no ser tontos, estamos bastante hartos del provincianismo tuerto y sentimentaloide que se ha adueñado de España desde que a los poetas pelmas de la Transición les dio con eso de la identidad.

Se diría que en aquel tren sólo viajaban gallegos y que el convoy hacía la ruta Santiago-Santiago con parada intermedia en Santiago. Pues no, el tren salió de Madrid cargadito de gente de todas partes del país y, de haber llegado, lo hubiese hecho al Ferrol después de atravesar media España. ¿Fue realmente una “tragedia gallega”? ¿Qué habría pasado de producirse el accidente en la frontera entre Zamora y Orense? ¿Hablaríamos entonces de tragedia castellano-leonesa-galaica? Cuando se cayó aquel avión de Spanair en Barajas no hablamos de “tragedia madrileña”, vamos, ni se nos pasó por la cabeza. Provincianos todos, aquí somos gente seria. Ya que nos copian en todo, cópienos también en eso.

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