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Cascos se la juega… bien jugada

Cuando estalló el caso Bárcenas todos apuntaron a María Dolores de Cospedal como la responsable de aquel gatuperio a medio camino entre Enoch Thompson –ya sabe, el tesorero del condado de Atlantic en la memorable “Boardwalk Empire”– y el “Todos a la cárcel” de Berlanga. “¡Cospedal es culpable!” clamaba la masa nachojcolarina delante de la sede de Génova hace unos meses. Sólo les faltó pedir que alguien la arrojase desde la cuarta planta para que el pueblo hiciese justicia con sus despojos. Cargar las culpas de algo malo en una mujer lista es un clásico. De las mujeres listas desconfían los hombres tontos y aborrecen casi todas las mujeres. Y Cospedal es más lista que un ratón colorado. No hace falta que diga mucho más.

La cosa es que, con tanto cospedaleo y con tanto querer sacar a Rajoy de la Moncloa a puntapiés, se les olvidó que la clave del arco barcení no es otro que Francisco Álvarez Cascos, un particular avecindado en Oviedo que echa unos ratos –no muchos, la verdad– en la Junta General del Principado haciendo oposición a la Pesoe y la Pepé locales, ambas igual de nefastas para los intereses del asturiano de a pie. ¿Y por qué Cascos es el quid de toda la cuestión barcenita? Sencillo. Porque fue secretario general del PP durante diez largos y fructíferos años, y porque en tiempos fue muy amigo de Luis Bárcenas. Supongo que lo seguirá siendo, aunque, lógico, con uno en Oviedo y el otro en Soto del Real mantener esta y cualquier otra amistad se me antoja misión complicada.

Ruz ha citado a Cascos para declarar hoy mismo en calidad de testigo, es decir, en calidad de no poder mentir. Probablemente le haga solo una pregunta: “¿Existieron esos pagos suplementarios con cargo a una contabilidad B que el tesorero Bárcenas custodiaba en la sede central?” Pocas veces un sí o un no han decidido tanto. Si es que sí Rajoy puede darse por dimitido hoy y escarnecido para los restos. Ni facturas, ni nóminas, ni listados manuscritos, ni gaitas… un simple sí de la persona adecuada puede poner el punto y final a todo este asunto. Yo, simple mortal, no sé si es verdad o mentira, pero Cascos sí que lo sabe. Si resulta ser verdad el PP de Aznar saltará por los aires como la proa del Maine. Sus presuntos delitos habrían prescrito, no así su imagen pública, que quedaría arruinada para siempre jamás.

De ser verdad lo de los cobros en B, ¿tiene motivos Cascos para mentir? En principio ninguno. Ya no pertenece al PP y, para más inri, se lleva a matar con el partido bulgariforme y arriolano que salió del Congreso de Valencia a mayor alabanza de Rajoy. No mentir le franquearía las puertas de la más dulce de las venganzas, la que se sirve fría y a destiempo. Claro, que podría suceder que lo de los cobros en B fuese una fabulación del tesorero. En ese caso aquí paz y después gloria. Cascos testificaría hecho un dandi de los que ya no quedan y regresaría a Asturias como vino. Para todos creo que lo mejor es lo segundo. Roguemos que así sea.

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