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Planificación hollandesa

Leo por ahí que Hollande quiere planificar los próximos diez años para que Francia recupere el entusiasmo perdido y se ponga de nuevo a la cabeza del mundo. Al parecer no le gusta nada eso de que su amada Republique se haya retrasado tanto con respecto a otros países del mundo. El honor de la France está en peligro, y ahí está él con su socialismo y sus planes a cuestas para devolvérselo. El muy necio es de los que cree que con buena voluntad y un plan alguna vez se ha conseguido algo. Algo positivo quiero decir. Los soviéticos se pasaron setenta años planificando y todo lo que lograron es alargar las colas del pan y labrar un nuevo tipo de hombre que era todo cinismo, avaricia y circunspección.

Pero, ay, la arrogancia del socialista medio es tan absoluta que poco importa que sus fantasiosos planes no hayan funcionado nunca. Esta vez sí lo harán. Sólo es necesario nombrar una comisión –o varias–, dotarlas de un generoso presupuesto a cargo del contribuyente y ponerse a legislar y regular. Parecen no darse cuenta de que si el Estado fuese el artífice de la riqueza, Corea del Norte sería el país más rico del mundo, seguido muy de cerca por la Cuba de los Castro y la Venezuela de los deudos de Chávez.

El plan de Hollande no va tan lejos, por ahora se conforma con escuchar propuestas de un comisario (sic) de Estrategia y de otra comisaria (sic) de Innovación. Las innovaciones estratégicas salen siempre caras, pero cuando hay políticos de por medio –no digo nada si esos políticos son socialistas– el coste es directamente inasumible. Pero antes de eso, antes de pulirse todo lo pulible, el presidente quiere un informe con conclusiones y, ojito al parche “propuestas extremadamente concretas”.

La concreción, entiendo, será decir al sátrapa que, si se gasta aquí y allá, Francia será dentro de diez años una potencia mundial más rica que Japón y China juntos. Total, el papel lo aguanta todo. En España sabemos muy bien qué pasa con los planes que hace esta gente. A veces se llevan a término, otras no, pero siempre cuestan dinero. En el caso del proyecto que nos ocupa el dinero se da por descontado.

Nadie se quejará porque todo viene convenientemente envuelto en la tecnocharlatanería al uso. Las palabras que más resobadas tienen son tecnología e innovación. Si a los otros les ha ido bien por ese camino, ¿por qué no habría de irle mejor aún a Francia? Evidentemente desconocen lo elemental. Silicon Valley no es fruto de la planificación estatal, sino de del mercado y su bendita variabilidad. Durante décadas los empresarios de ese sector fueron asentándose en aquel rincón de California. Algunos como William Hewlett y David Packard llegaron tan pronto como en los años cuarenta. Luego fueron arribando otros, y hoy es uno de los centros neurálgicos mundiales de la tecnología y la innovación. Silicon Valley no necesitó políticos para nacer ni para prosperar. Y ahí es donde le aprieta el zapato a Hollande. Nunca reconocerá que no es necesario y gastará lo que haga falta para que nadie lo note.

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