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GTA V

Todavía no sabemos si Mariano Rajoy ganará por la mínima las próximas elecciones, las perderá por la ídem o si se pegará un batacazo de esos que hacen afición. Es demasiado pronto. Faltan las europeas el año que viene y luego las municipales y autonómicas, incluyendo en éstas a las vascas y las gallegas, que, como son nacionalidades históricas o algo así, celebran las elecciones regionales cuando les viene en gana.

Y no sólo eso, falta por saber si realmente empieza a crearse empleo, o lo de este verano ha sido sólo una alucinación broteverdista. En todos los apartados la incertidumbre reina, especialmente en el judicial. Aunque ahí yo no pondría esperanza alguna. Escúcheme bien, los políticos siempre y en toda circunstancia se van de rositas en estas cosas. Mucho titular de prensa, mucha indignación en el Twitter, mucho Nachojcolar mesándose los cabellos mientras despotrica contra la perversidad de la derechona, mucho juicio mediático y luego, a la hora de la verdad, nada de nada. Ellos juegan en otra liga, tienen fuero propio que los distingue del resto de españoles, y, ojo, que no lo digo por decirlo, que por algo se les llama aforados, porque disfrutan de un privilegio legal del que se aprovechan todo lo que pueden y un poco más.

Así que no se extrañe del bajo nivel de politización que se respira en la calle. En la última semana, por ejemplo, no se ha hablado más que de la actualización del sistema operativo del iPhone y del estreno de un súper videojuego: el GTA V, que, ese sí, entrega lo que promete a cambio de un desembolso pequeño -siempre inferior a cualquier tasa municipal por la que no te dan nada-, y el tiempo suficiente para pasarse dos o tres semanas pegado a la Playstation. No es mal plan ese para los seis millones de parados que, a mayor gloria del politiquerío nacional, echan la semana entera al sol.

Lo curioso del GTA V que, insisto, es un juegazo, es que se trata de meterse en la piel de un maleante o, mejor dicho, de tres maleantes. Uno, Michael, es un ladrón de guante blanco retirado; otro, Franklin, un atracador negro y el tercero, Trevor, un asesino psicópata. Trío de ases para el entretenimiento de una generación -la mía, las dos que la preceden y las dos que la siguen- harta de la corrección política y del saqueo sistemático de quienes más y mejor la practican. Puestos a coquetear con el mal siempre será mejor hacerlo con los que van por la cara jugándose el tipo con el fusco en una mano y la sirla en la otra. ¿A quién en su sano juicio le va interesar Rajoy, Rubalcaba y su troupe de salteadores de caminos teniendo el GTA V y tres horas de asueto por delante.

Si la empresa que ha programado el juego, Rockstar se llama, quisiese mejorarlo no tendría más que incluir en el dramatis personae a unos cuantos concejales ladrilleros de esos tan nuestros de sonrisa bovina y papada porcina para que Trevor los cosiese a balazos. Sería un desahogo inocente y el mejor recordatorio de que la próxima vez les va a ir a votar su padre.

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