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Abismo fiscal… ojalá

La que se ha armado en Estados Unidos con la ensalada de novedosos conceptos como abismo fiscal, techo de gasto, tope de endeudamiento y Gobierno cerrado debería hacernos reflexionar sobre la tiranía que padecemos aquí. Lo poco que queda de la América de Tocqueville se resiste a morir. Ese país en el que el poder estaba limitado hasta extremos que ni soñaríamos por estos lares dio al pensador francés buenas ideas para aplicar una genuina democracia en la Europa continental. Ideas que nunca se han aplicado, por cierto, de ahí que lo nuestro sea el paradigma de la más lamentable servidumbre en la que chapotean los políticos y toda su corte de bendecidos por el maná estatal.

Aquí no puede haber nada similar al abismo fiscal. Si el presupuesto expira no hace falta más preámbulo que prorrogarlo todo lo que sea necesario. Dinero no va a faltar. Si del Gobierno depende la máquina de hacer dinero, se hará dinero para gastar luego en lo que el Gobierno crea necesario. Si el Gobierno no puede fabricar dinero –como es el caso del español–, lo pide fuera en la cantidad que crea conveniente. En España no hay nada parecido a un tope para las deudas en las que puede incurrir el Estado, que, como es previsible, gasta por sistema mucho más de lo que ingresa. Tampoco hay límite al gasto, por eso los políticos gastan lo que tienen y lo que no, lo que tiene usted y lo que tendrá su nieto. El dinero que usted gana no es enteramente suyo, usted no es más que una cadena transmisora entre su trabajo y el Gobierno. Luego, a modo de comisión de servicio, el tirano le deja que se quede algo. A ese algo lo llamamos salario. ¿Entiende la jugada no?

Lo que si existe es un límite de déficit, pero no crea que se lo han autoimpuesto los pirracas de aquí, nada de eso, nuestros políticos, borrachos de chulería transicionita, jamás harían algo semejante. Porque aquí tratan por todos los medios de que la mujer del César además de ser indecente, lo parezca. El límite se lo pusieron en Bruselas unos aguafiestas hace muchos años con el truco de que si no firmaban no podían entrar en el euro. Y, claro, eso de entrar en el euro era un caramelo demasiado apetitoso como para dejarlo pasar. El déficit, en principio y por compromiso del propio Gobierno, no puede pasar del 3% sobre el PIB. Pero como estos se pasan la ley y sus propios contratos por el arco del triunfo se saltan lo del 3% cuando les viene en gana. Valga como ejemplo recordar que, de los últimos cinco años, no han cumplido en ninguno de ellos, y probablemente tampoco lo hagan en los próximos cinco.

Las normas que imperan aquí, en Las Batuecas, son diferentes. Aquí el político y su Gobierno nunca se ven en un brete, nunca tendrán que “cerrar” la administración ni nada por el estilo. Llegado el caso se pondrían a expropiar cuentas corrientes antes de cerrar una sola oficina del Estado, de despedir a un solo burócrata, de recortar un solo gasto. Ojalá tuviésemos aquí un abismo fiscal por el que despeñar a toda esta gentuza de mente corta y mano larga, ojala.

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