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50 sombras de Díez

José Carlos Díez, economista y fuencarraleño de sonrisa y complemento, entabló el otro día en Twitter un debate con David Taguas, antiguo jefe de la oficina económica de Moncloa. Nada de lo que alarmarse. Los economistas discuten. La sorpresa vino no tanto por la discusión como por el hecho de que tanto Díez como Taguas habían sido broteverdistas de estricta observancia durante los aciagos años del zapaterato. Y hablaban precisamente de eso, de las predicciones que ambos habían hecho en esa época. Díez, que se ha autobautizado como el “economista observador”, es conocidillo últimamente por un libro más bien flojo que, sin querer abusar de las comparaciones, es al pensamiento económico lo que “50 sombras de Grey” a la historia de la literatura contemporánea. De Taguas se sabe menos. Es más listo, menos vedette y poco amigo de hacer el ridículo en las redes sociales.

En esas estábamos cuando Díez, visiblemente ofendido por no se sabe bien que cosa, soltó la frase maldita: “Todos nos acordamos de lo que decías en 2007 y 2008”. No hizo falta mucho más. La afición, que velaba armas desde hacía rato, cargó los AK-47 y abrió fuego a discreción contra la trincherilla de Díez, que en esos mismos años se había puesto morado a hacer predicciones fallidas cuando no directamente psicotrópicas. ¿A qué tanta mala leche? ¿Qué decía entonces el economista observador? Prepárese que vienen curvas.

En abril de 2007, señalaba que “si incorporamos al análisis el aumento de renta que han registrado las familias españolas y, sobre todo, la mayor accesibilidad al crédito hipotecario derivado de los bajos tipos de interés y del mayor plazo de las hipotecas, podemos descartar con mucha fiabilidad que nos encontremos ante la existencia de una enorme burbuja inmobiliaria”. En aquellos años, el hoy cotizado columnista y colaborador de La Sexta se refería a la economía de nuestro país como “un Pura Sangre” al que había que defender frente a una serie de “mitos” tales como “la burbuja inmobiliaria, la baja productividad y la insostenibilidad del déficit por cuenta corriente”. Según sus análisis, el modelo económico español previo a la crisis tenía “lo mejor de los países desarrollados y lo mejor de los emergentes”. Además, anticipaba que el crecimiento económico entre 2008 y 2010 se mantendría “por encima del 3,5%”.

Algo después, en 2009, insistía en que “nuestra burbuja ya ha pinchado” y se felicitaba de que España no iba a necesitar recapitalizar sus bancos con dinero público. En esta línea, hablaba de un sistema financiero “con ratios de solvencia elevados” y pedía el fin de la “demonización” de las cajas de ahorro. Llegado septiembre de dicho año, Díez señalaba que “los mercados ajustan por precios o cantidades, y el de vivienda ya lo ha hecho. En 2010 veremos a la demanda embalsada volver al mercado. Los precios se estabilizarán y subirán lentamente”. Antes de terminar el año, en noviembre, recordaba a sus lectores que “nuestra burbuja ya ha pinchado. La demanda de viviendas ya está repuntando”.

José Carlos Díez defendía con la desvergüenza propia de un trilero al Gobierno de Zapatero y al Banco de España, señalando que “no estuvieron tocando la guitarra desde el comienzo de la crisis” y apuntando que habían sido “las hormiguitas que trabajan todo el verano para abastecerse en el duro invierno”. En algunos de sus artículos llegaba a decir que el de España era “el sistema bancario más capitalizado del planeta”.

En diciembre de 2009 declaraba ufano que eran “una pequeña minoría los que veíamos la recuperación de nuestra economía en el cuarto trimestre, pero ya comenzamos a ser multitud”. Ese mismo mes, señalaba que “escenarios apocalípticos de seis millones de parados y tasas de paro del 25% están siendo rechazados por la realidad”. Díez creía que la tasa de paro superaría “significativamente el 19%” y añadía un obámico “Yes We Can!” a su soflama.

Un año más tarde se reafirmaba: “como advertí hace un año, el mercado de la vivienda ha tocado suelo” para, a reglón seguido, vaticinar que volveríamos “a ver otro boom”. Todavía en abril de 2011 se mostraba convencido de que “el ajuste de precios seguramente ya finalizó en 2010”. Entonces algo sucedió, en junio se contradecía a sí mismo con esta afirmación: “la mayoría de economistas denunciamos que el precio de la vivienda estaba sobrevalorado”.

Ya metido en el papel de Míster Scrooge en los últimos dos años ha advertido que “España aún no ha visto lo peor de la crisis” y ha pedido subir el IVA, aumentar el Impuesto de Sociedades y crear nuevos castigos fiscales a las rentas más altas. Además, se ha jactado de que los mejores datos turísticos de 2013 se deben al gasto del Plan E que defendió ardientemente en su día. Seamos optimistas. Saldremos de la crisis, sí, pero sólo el día que se haga exactamente lo contrario de lo que dice este señor.

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