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Trampas en el haciendario

El Gobierno no sabe como atajar el déficit público. No se conoce caso igual. Llevan dos años dando la paliza con el déficit y nada, ahí sigue por encima del 6% sin que haya visos de que algún ejercicio, aunque sea por pura casualidad, baje hasta el 3%, que es el holgadísimo límite fijado en el tratado de Maastricht. Cuando Rajoy llegó al poder el descuadre en las cuentas del Estado era propio del presupuesto doméstico de un ludópata. Cuando empezó la crisis la recaudación fiscal se desplomó. La actividad económica fue poco a poco paralizándose. La gente consumía menos, las empresas cerraban y muchos, millones de personas, pasaron a engrosar las listas del Inem, por lo que dejaron de aportar y pasaron a recibir.

Ante semejante cuadro –caída de ingresos y subida de gastos ordinarios– a Zapatero no se le ocurrió mejor idea que ponerse a gastar como un poseso. Nachojcolar, el Vinatero Gangas, Vicenç Navarro y demás monstruos del inframundo recomendaban ardorosamente disparar el gasto público para sortear la crisis y empalmar así con el siguiente ciclo expansivo. Una teoría falaz que nunca ha funcionado pero que sigue teniendo adeptos, básicamente los políticos y todos sus amigastros del sablazo. Seamos sinceros, ¿qué burócrata en su sano juicio iba a resistirse a los aterciopelados cánticos de las ninfas nachojcolarócratas?

Por esa misma época Rajoy, Montoro y los Nadal Brothers estaban en la oposición haciendo méritos para llegar al Gobierno cuanto antes. Se les solía ver por esas cadenas de televisión de las que ahora abjuran repitiendo como loros el mantra de la consolidación fiscal. Aseguraban conocer la receta para cuadrar el círculo y las cuentas públicas. Luego pasó que ganaron y seguimos en las mismas. En las cosas del gasto Rajoy se ha revelado como el mejor discípulo de su zapatérica majestad. Hoy el Estado gasta más que hace dos años, más incluso que en 2009, aquel año orgiástico del gran despilfarro. Así cómo demonios van a poner coto al déficit.

Empeñados en mantener el invento (su invento) funcionando han desarrollado un ingenio contable fuera de lo común. La última que se le ha ocurrido a Montoro es segregar Adif, el gestor de la infraestructura ferroviaria, en dos empresas separadas. Con esto pretende escamotear la gigantesca deuda de esta sociedad cuyo principal y casi único cometido es construir y mantener ruinosas líneas de AVE. Tendremos dos operadores de infraestructura, un caso único en Europa. Uno saneado y otro con deuda para alicatar diez cuartos de baño. Ambos estatales y enchufados a su riñón. Sumémosle a esto la última partición en Renfe –que se ha convertido en cuatro empresas distintas– y los ferrocarriles autonómicos y nos encontraremos con que España es uno de los países con más operadores ferroviarios del mundo. Operadores estatales, nada de competencia, esos cosmopolitismos los dejamos para otros. Lo nuestro es el Estado y las trampas… las trampas en el haciendario.

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