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Alternative für Deutschland, ¿ultraderecha o derecha a secas?

Estos son los resultados finales de las tres elecciones regionales que tuvieron lugar ayer en Alemania. Son tres Estados relativamente importantes, pero no los más importantes. Baden-Württemberg es rico y está muy poblado, pero vive a la sombra de su vecina Baviera. Ídem con Renania-Palatinado, que hace lo propio pero con la gigantesca (al menos en términos demográficos) Renania-Westfalia. En el primero ganan los Verdes, en el segundo el SPD y en el tercero en CDU. Así, de primeras, lo único que rompe es ver a los Verdes sacar un 30% en un Land tan derechoso como BW. Claro, que esta rareza no es de ahora. Su presidente, Winfried Kretschmann, lo es desde hace cuatro años y no lo ha debido hacer tan mal porque los suabos, que son los alemanes más peseteros de todos, le han vuelto a votar. Al parecer Kretschmann pertenece al ala moderada del partido verde. Prometió mucho antes de llegar al poder y ha cumplido poco. Probablemente ha revalidado la presidencia regional por eso mismo. Entre otras cosas había prometido cepillarse un proyecto urbanístico muy polémico en Stuttgart y limitar la velocidad en las autopistas, anatema de anatemas entre los alemanes.

Pero el tema aquí no son los Verdes de Suabia, sino esa barrita azul que aparece en tercer lugar en BW y en RP y en segundo lugar en Sajonia-Anhalt. Este último Estado no pertence al oeste, sino al este, está poco poblado y es más bien pobre. Su capital, Magdeburgo, de hecho no la conoce ni el Tato. Esa es la razón por la que Verdes y SPD no se comen un colín allí. Los azul celeste, en cambio, han obtenido casi el 25% de los votos y se han puesto a tiro de piedra del hegemónico CDU local. Los azul celeste son Alternative für Deutschland (AfD), un partido nuevo que trae de cabeza a todo el mundo en Alemania y, por extensión, a toda Europa.

En España apenas sabíamos de su existencia. Muchos se enteraron ayer con una generosa colección de epítetos. Que si racistas, que si xenófobos, que si ultraderechistas, que si el Le Pen alemán, que si su puta madre. El resultado es que muchos andan hoy con la idea de que en Alemania están ya desfilando por las calles los Freikorps de después de la Gran Guerra embutidos en sus uniformes de milicianos. Evidentemente no es así. En Alemania se andan con pocas bromas con estas cosas. Al primero que se uniforme o saque una esvástica le echan a la policía encima y luego pasan todo el peso de la Ley por encima de él. Los de AfD, además, no van uniformados porque, a diferencia del NPD o de Die Republikaner, no creo que les atraiga demasiado el numerito. AfD es un partido de derecha populista al uso, bastante más parecido a sus contrapartes de Polonia o Hungría que a los neonazis que se aparecen en nuestras pesadillas cada vez que empalmamos los nombres Alemania y nacionalismo. Tal vez por eso están los segundos en Sajonia-Anhalt, parte de la antigua RDA.

La filosofía de AfD se fundamenta en sobre tres pilares, los tres muy sencillos y concebidos desde la contra. Son, por este orden, anti inmigración, anti Bruselas y anti impuestos. Es cierto que en los orígenes del partido esos tres antis estaban colocados de diferente manera, de ahí que haya cierta confusión entre los germanólogos de guardia. Esto es así porque hace un año se liaron a tortas entre las dos facciones que formaban el partido: la liberal y la nacionalista. Era inevitable y yo, conociendo la existencia del partido desde sus primeros días, supuse que más tarde o más temprano iban a llegar a las manos. La pena es que ganaron los malos, los nacionalistas, los de la tal Frauke Petry que hoy salía en todos los periódicos.

El liberalismo y el nacionalismo son simplemente incompatibles. Así lo digo y así ha sido siempre. Si el socialismo es un error intelectual, el nacionalismo es una enfermedad mental con una cura muy complicada. Al final todo se somete a la nación de las narices, y esa misma nación idealizada necesita un Estado en el que encarnarse. A partir de ahí cualquier desafuero está justificado en aras del bien supremo de la nación. Eso no quita para que al AfD actual no le quede alguna que otra buena idea de los primeros tiempos. Siguen siendo euroescépticos, y eso es bueno. Siguen manteniendo un discurso anti fiscal, y eso también es bueno. Podréis argüir que Le Pen es también euroescéptico, o Syriza… o el mismo Podemos, y estaréis en lo cierto. Es un caso claro de coincidencia involuntaria. Ellos son euroescépticos por unas razones y yo por otras diametralmente opuestas. Le Pen, por ejemplo, quiere que el poder de los burócratas bruselinos regrese a los burócratas parisinos. Podemos y Syriza aspiran a que la UE (Unión Europea) se transforme en la URSE (Unión de Repúblicas Socialistas Europeas). Yo lo que espero es que los burócratas se evaporen, que desaparezcan del mapa porque no son necesarios, no hacen más que enredar y cuestan una pasta. ¿Veis como se puede coincidir en la dolencia con diagnósticos distintos?

Otro dato importante es ver de dónde ha sacado AfD los votos, porque el censo electoral alemán crece tan lentamente que el número de votantes es prácticamente un bien dado que hay que repartirse.

Aquí lo tenéis. Solo podemos concluir que depende de la región. En Baden-Württemberg crecen a costa de CDU y SPD, en Renania-Palatinado de Verdes y CDU y en Sajonia-Anhalt de SPD y Die Linke (La Izquierda), eufemismo que emplean los comunistas alemanes para no parecerlo. Los que no le han regalado ni un solo voto en ninguno de los tres länder son los liberales del FDP ya que en las tres regiones sus votos han crecido. A grandes rasgos, AfD se ha nutrido de descontentos del CDU, del SPD y de los Verdes, que son los tres principales partidos del país. Tiene lógica. El menú populista de Petry ofrece platos para todos los gustos, luego cada uno escoge con cual se queda. Podemos llamarles ultraderechistas, racistas, xenófobos y palanganeros de las Waffen-SS, pero eso no significa que lo sean. Las palabras significan lo que significan. Si a los de AfD les aplicamos todos esos adjetivos, ¿qué dejaremos para los que de verdad son racistas y xenófobos? Como he dicho en el podcast de hoy, los socialistas se ahorran pensar empleando etiquetas y colocándolas aquí y allá, pero yo no soy socialista, prefiero observar antes, pensar y sacar conclusiones equilibradas y coherentes. Por más que se empeñen algunos, el mundo no es una historia de buenos y malos, de blanco y de negro. El mundo es una escala de grises.

El podcast de hoy lo tenéis aquí por si lo queréis escuchar.

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