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¿Monarquía o República?

Hoy es 14 de abril de 2016, es decir, que han pasado 85 años desde que se proclamó la segunda y última de las repúblicas españolas. Hace unos años esto no lo celebraba casi nadie. Hoy tampoco, de hecho no hay más que salir a la calle para percatarse de ello. La diferencia estriba en que los republicanos montan más ruido de un tiempo a esta parte, especialmente en Internet y en los ayuntamientos en los que gobiernan desde hace cosa de un año. Si alguien lo ve desde fuera podría pensar que estamos envueltos en un gran debate nacional sobre la forma de Estado, pero la realidad es que no. En España hoy no se hablaba de esto, se hablaba del partido de ayer de Champions League en el que, por cierto y ya que estamos, el Atlético de Madrid ganó al Barça por 2 a 0 y lo sacó del campeonato. También se hablaba de los programas de la televisión y de la meteorología, que en abril es muy traicionera por estas latitudes. Vamos, lo normal, lo que se habla en cualquier país.

Así que no, sintiéndolo mucho, pero no hay debate. La cuestión que suele ignorarse cuando nos metemos con el tema de la monarquía o la república es que el problema de raíz no es la forma de Estado, es el Estado en sí. Los liberales lo vemos de una manera simple: a más Estado peor a menos Estado mejor. Los socialistas justo al contrario. Es como confundir la pena de muerte con el método de ejecución. Una vez has asumido que te van a ejecutar sí o sí lo único que te preocupa es de qué medio van a servirse para ello. A mi, por ejemplo, si me dan a elegir entre morir despellejado como Andreu Nin en una sala de torturas o que me administren un sedante y una inyección letal después de despedirme de mis seres queridos prefiero lo segundo. Supongo que vosotros también aunque, quien sabe, algún masoquista que otro siempre hay. Morir vas a morir, pero no de la misma manera. Pasa lo mismo con esto. Joder nos van a joder, pero hay grandes jodiendas y jodiendas más llevaderas.

Por lo tanto, lo de república o monarquía es irrelevante. La clave no es esa, la clave es libertad o servidumbre. Porque el hecho es que podemos ser más o menos libres en una monarquía al igual que en una república. Y viceversa. Cuba, por ejemplo, es una república y no diría yo que los cubanos se encuentren entre los individuos más afortunados de la Tierra. Los mismo con los iraníes, los venezolanos o los norcoreanos, ciudadanos todos de repúblicas infames. Holanda, en cambio, es una monarquía, Dinamarca también lo es, y Japón… y unos cuantos países más que se encuentran entre los más libres y prósperos del mundo. Claro, que podríamos argüir que Arabia Saudita es una monarquía y también una dictadura espantosa o que Estados Unidos es una república y allí se respeta la libertad política y económica de sus habitantes. Y argüiríamos bien porque es cierto. Arabia Saudita es un lugar horrendo y Estados Unidos, así, en líneas generales, un sitio fantástico para vivir, trabajar y reproducirse. Pero que los sauditas sean desgraciados y los norteamericanos dichosos no se debe a la forma de Estado, sino a otras cosas.

Concluyendo, república per se no significa nada del mismo modo que monarquía per se tampoco significa nada. Y como no significa nada no tiene sentido decir que proclamar la república solucionaría tal o cual problema. Ídem para las repúblicas insatisfechas que confían en que entronizando de nuevo al rey todos sus problemas se solucionarán como por arte de magia. No se si era Confucio el que dijo aquello de “cuando el sabio señala a la Luna, el necio mira al dedo“, con esto pasa exactamente lo mismo. La libertad y la prosperidad es la Luna, la forma de Estado el dedo.

Para que un país prospere es necesario que sus habitantes prosperen no que el Estado prospere, por lo tanto la forma que tenga el Estado es lo de menos. La tiranía echa raíces y se enquista tanto en repúblicas como en monarquías. ¿Y qué hace falta para que los habitantes de un país queden francos para perseguir lo que les hace felices sin meterse con los demás? La receta la conocemos bien. La fórmula de la prosperidad es relativamente simple. Se necesitan estos ingredientes:

  • Derechos de propiedad bien asentados
  • Seguridad jurídica
  • Libertades civiles
  • Mercados abiertos
  • Paz

Tan sencillo como estos cinco elementos. Si queremos que prospere todavía más habría que añadir lo siguiente:

  • Impuestos bajos
  • Pocas leyes pero que se cumplan
  • Jueces independientes 

Hace 240 años Adam Smith lo dejó escrito en una sola línea. El sabio escocés decía que la clave de la prosperidad no estribaba en la minas de oro de las que dispusiese en rey, ni en el número de cañones de su ejército, sino en algo tan aparentemente prosaico como “paz, impuestos moderados y una tolerable administración de justicia“. No seré yo quien le corrija.

¿Y respecto a España?

En España hemos tenido dos repúblicas. Una duró un año (1873) y la otra cinco (1931-1936). La primera acabó mal, la segunda peor. No sabemos como sería una hipotética tercera república, pero ya dejé dicho antes que la república per se es irrelevante así que podría ser buena o mala. Nada nos garantiza que sea mejor que lo que tenemos, pero tampoco que sea peor.

Los cambios de modelo de Estado se dan solo en momentos cruciales de la historia de un país. Siento decirlo pero ahora, por más que nos lo creamos, no estamos en uno de ellos. Eso sí, es lógico que lo pensemos porque todas las generaciones creen que el tiempo que les ha tocado vivir es importantísimo y de lo que hagan dependerá el destino de la especie humana. La última gran bisagra histórica la atravesamos en 1975, cuando murió Franco y se abrió un periodo constituyente que terminó saldándose con una transacción incruenta entre los que estaban en el machito y los que querían subirse a él. La monarquía era parte de la transacción. Ambas partes la aceptaron sin rechistar. Pudieron haber hecho lo contrario, pero no lo hicieron y, como entenderéis, hemos heredado la España de nuestros padres y nuestros abuelos, no la hemos creado de cero.

El balance de la dinastía actual, restaurada por tercera vez desde las guerras napoleónicas, no es del todo bueno pero tampoco es del todo malo. ¿De verdad creéis que no estaríamos en las mismas de haberse proclamado la tercera república en el otoño de 1975? Ahí tenemos a Italia como contraejemplo. En Italia abolieron la monarquía en 1946 tras un referéndum (amañado, por cierto) y se proclamó la república que aún hoy mantienen. Italia y España son dos naciones muy parecidas en casi todo, incluida la crisis y hartazgo general, que ambas padecen con similar intensidad. ¿Saldría Italia del marasmo, solucionaría sus múltiples problemas si restaurasen a los Saboya en el trono? Permitidme que lo dude.

España necesita reformas, muchas reformas, si incluyésemos entre ellas la de cambiar al rey por un presidente os aseguro que esta sería la menos urgente de todas. Dad la vuelta al argumento y aplicádselo a cualquier república que atraviese tiempos convulsos.

Respecto a la figura en sí del monarca, a mi no me molesta que exista, de hecho hasta me gusta. España no se formó ayer, es un país muy antiguo con toneladas de historia a sus espaldas. Y la historia cuenta, el pasado cuenta nos guste o no. La monarquía en cierto modo nos recuerda que tenemos pasado, un pasado en el que no todo se hizo bien, pero en el que tampoco todo se hizo mal. No lo subestimemos, no seamos arrogantes, no caigamos en el error de creernos la mamá de Tarzán y demos por inútil o equivocado lo que hicieron y pensaron todos los que pasaron por aquí antes que nosotros.

En La Contracrónica de hoy he tratado el tema. Aquí la tenéis.

https://www.ivoox.com/player_ej_11167976_4_1.html?c1=ff6600

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