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Sorayos crepusculares

Andaba ayer la prensa revuelta con el presunto paseo en coche que Irene Montero, de Podemos, y Jorge Moragas, del PP, se dieron el día del debate a cuatro por Madrid. No paseaban estrictamente. Iban del Palacio de Congresos del Campo de las Naciones hasta el Congreso de los Diputados. El coche, of course, era oficial. Moragas no conoce otros y Montero en breve tampoco los conocerá. Pero, ay, a pesar de que el cotilleo era bien jugoso no era del todo cierto. El paseo (o quizá haya que decir traslado) se produjo sí, pero no estaba Moragas dentro del automóvil, sino José Luis Ayllón, secretario de Estado de no se bien que cosa inútil y, por lo tanto prescindible, y sorayo de estricta observancia. Punto. Su vida y obra se acaba ahí.

Los legos preguntarán: ¿y quién es el tal Ayllón? Pues un político del PP de la variedad aristócrata del BOE. Pero no uno cualquiera, uno muy pegado a la vicepresidenta, con quien lleva un centón de años. Lo tenéis en la foto de arriba haciendo como que se sienta en la mesa de su despacho con sus manitas de vendedor de Biblias y su cara de bayeta recién sacada de un váter. De Ayllón tenía referencias. Todas malas, claro. Y ha sido a raíz de esta historia cuando he buscado algo sobre él. No he necesitado mucho tiempo para retratarle con fidelidad. En diciembre del año pasado le hicieron un perfil en El Mundo unos días antes de las elecciones del 20-D. No hay nada reseñable porque es aproximadamente nada lo que este tío tiene en la cabeza. Ayllón es el clásico androide de partido que ejecuta con precisión el programa que le ha instalado su jefe, en este caso su jefa, dentro de la cabecita. 
Si eso podéis leerla… o no, que para eso estoy yo catando los venenos por vosotros. Lo único que merece la pena y que, como os decía antes, le retrata es lo siguiente:
Lo más alegre fue cuando pudo anunciar que había dinero para devolver la extra a los funcionarios. La madre que le parió. Pues no, no había. El déficit público sigue ahí, disparado porque no hay dinero para hacer política, que es, en definitiva, en lo que consistió la extra de los funcionarios. 
Cuentan por los mentideros de la Corte que, de gobernar de nuevo Rajoy, el sorayo Ayllón está llamado a grandes cometidos. Espero que sí, aunque solo sea para acordarme de él (y de su madre) de vez en cuando. 
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