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Últimas voluntades antes del Brexit

Antes de entrar en faena dos apuntes importantes. Uno, si los británicos este jueves votan a favor del Brexit Gran Bretaña no quedará necesariamente aislada y dejada a su suerte. Dos, seguirá siendo un país importante, una potencia mundial, algo disminuida, cierto es, pero no consumará su descenso a la segunda división como se viene diciendo desde hace un mes. Digo esto antes de nada para centrar el balón, que anda un tanto descentrado desde que la campaña del referéndum se volvió loca el otro día a raíz del asesinato de la diputada Jo Fox. Este trágico suceso no cambia lo esencial, a lo más ha conseguido que se enconen aún más las posiciones.

La campaña, que vengo siguiendo desde hace cosa de un mes, se ha caracterizado por un nivel de debate bastante pobre, repleto de chovinismo en un lado, de lagrimeo en el otro y de aspavientos en ambos, por lo que la cosa ha terminado en el actual estado de confusión, con un empate y todos mirando las casas de apuestas como predictor definitivo para el resultado. Lo de las casas de apuestas reconozco que ha sido todo un hallazgo. Sabía que a los británicos les gustaba apostar, pero no que la industria de la apuesta estaba tan desarrollada. Quizá se deba a que no he apostado nada en mi vida y el descubrimiento repentino de ese mundillo ha sido un viaje iniciático a lo desconocido. Resumiendo, que nos quejamos mucho de la política española, de sus Bódalos y Rufianes, pero joder con la inglesa.

Conforme avanzaban los días los partidarios del Brexit, que contaban con un buen arsenal de razones a su favor, han ido acerando el discurso. Todas las trapacerías y golpes bajos que uno se pueda imaginar se han dado cita en esta última semana, al menos hasta lo de Jo Fox. Han mezclado interesadamente la inmigración comunitaria con la extracomunitaria, se han inventado que Turquía va a entrar en la UE de manera inminente y, lo más repugnante de todo, muchos de ellos han azuzado la xenofobia, ese veneno simple pero efectivo que casi siempre consigue lo que se propone quien lo inyecta.

Los que están a favor de quedarse dentro de la Unión Europea, por su parte, llevan dos meses metiendo miedo, anticipando el fin de los días y acusando a sus adversarios de ser émulos de Hitler. Curiosamente los otros también han echado mano de esta socorrida falacia, el reductio ad hitlerum que, como el Francomodín entre nosotros, marca el final a cualquier discusión secándola de argumentos para siempre.

Con tanta agua turbia que apenas fluye cuesta ver el fondo. Veamos si podemos aclararlo un poco. ¿Qué le espera al Reino Unido si el Brexit se produce finalmente? Hagámonos esta pregunta y ataquémosla desde distintos puntos de vista.

¿Se convertirá Gran Bretaña en un paria internacional o el Brexit será el inicio de una nueva edad de oro? Los partidarios de la salida aseguran que una vez hayan conseguido soltar amarras con Bruselas el equilibrio regresará a la Fuerza. Se librarán de las gravosas regulaciones comunitarias y, como consecuencia, la economía prosperará. Esto será así porque al otro lado del Canal estarán todos dispuestos a entenderse con el Gobierno británico para sellar nuevos acuerdos bilaterales. Obtendrán todo lo bueno que ahora les ofrece la pertenencia a la Unión desprendiéndose de todo lo malo. Es una probabilidad si… poco probable. Y no tanto por la parte británica como por la europea.

A veces se nos olvida que la UE no deja de ser una gigantesca agencia estatal y como tal quiere sobrevivir por encima de cualquier otra circunstancia. Luego lo previsible es que haga todo lo que esté en su mano para que los que caigan en la tentación de convocar otro referéndum de estas características escarmienten en cabeza ajena. Harán de las negociaciones un dolor de tripa y emplearán todas las añagazas administrativas que conocen (y son muchísimas) para entorpecer y alargar los trámites. El propio Juncker ya ha advertido que no habrá piedad con los desertores. No me invento nada, es un textual del presidente de la Comisión.

Ser un desertor a cambio de recuperar la soberanía quizá no esté tan mal, pero, ¿cuánta soberanía ha entregado el Reino Unido en los 40 años que lleva dentro de las comunidades europeas? La verdad, no mucha. A diferencia de otros, Londres retiene la soberanía monetaria, la política económica, las pensiones y, por supuesto, la defensa. Tony Blair declaró la guerra a Irak en 2003 sin consultarlo con Bruselas ni, mucho menos, con el Gobierno alemán de Schröder, que hizo exactamente lo contrario acaudillando la facción anti Bush en la ONU. El Reino Unido esta fuera incluso del acuerdo fronterizo de Schengen. Bien lo sabe cualquier español que vaya por Inglaterra a menudo porque como se te olvide en DNI o el pasaporte en España no entras.

Claro, que esto de la soberanía a fin de cuentas es algo que tiene el Gobierno no el individuo de a pie, que la transfiere en pack cuando vota. Nicolás Maduro es muy soberano para desgracia de los venezolanos, tanto que está facultado para intervenir cualquier cuenta bancaria de Venezuela. Esto de la soberanía lo carga el diablo. Y luego hay otra cosa, para muchos británicos que la soberanía resida en Londres o en Bruselas les da un poco igual. De Edimburgo a Londres hay unos 550 kilómetros en línea recta. De Edimburgo a Bruselas hay 750. Mucha distancia no es.

Esto me lleva directo a la siguiente cuestión: ¿sobrevivirá el Reino Unido al Brexit? Recordemos que en septiembre de 2014 ya hubo un referéndum en el que se dirimió la separación de Escocia por lo que no es un tema baladí. Los escoceses son mayoritariamente contrarios al Brexit. No quieren salir de la UE porque, de promedio, son más socialistas que los ingleses y por la rivalidad misma con Inglaterra. No es casual que los del Partido Nacional Escocés estén frotándose las manos para reabrir el tema conforme se anuncie oficialmente la salida de la UE. En el referéndum de 2014 el “no” ganó con un 55% y algo más de 600.000 votos. Estoy seguro que en unos meses, quizá antes de que acabe el año, tendrían el problema escocés de nuevo sobre la mesa. Si esta vez Escocia se va, lo del Brexit se quedaría en un juego de niños. Llevan unidos desde 1707 y, aunque les gusta presumir de equipo de futbol, de bandera y de liga propia, Escocia lo comparte todo con el resto de la isla, incluida, claro está, la moneda. Un divorcio complicado agravado poco después con el matrimonio de urgencia que la Escocia independiente celebraría con la UE.

Concluyendo, quizá irse sea una buena idea, amparada, además, por muy poderosas razones. Pero, como vemos, esa buena idea aterrizada sobre la práctica no lo parece tanto. Pero lo más grave, al menos visto desde España, no es eso. Si se van, ¿quién hablará en nombre de los euroescépticos? La Unión Europea necesita a un país como Gran Bretaña, que para muchas cosas buenas es un caballo de Troya que siempre y por principio dice no. Los que aborrecemos esta Europa hiperburocratizada y adicta a la socialdemocracia nos quedaríamos huérfanos. Y eso si que tendría difícil arreglo.

En La Contracrónica de hoy he tratado el tema con más calma.

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