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No, la globalización no les ha dejado atrás

Una de las especies más comunes que están corriendo últimamente por tertulias televisivas, artículos de prensa y comentarios en las redes sociales es que Trump ha llegado a la Casa Blanca por culpa de la globalización, fenómeno que, al parecer, está perjudicando mucho a los Estados Unidos. Dicen, por ejemplo, que el resto del mundo se ha beneficiado de una masiva transferencia de riqueza que, como la plata española de antaño, nace en las Indias honrada y es en Génova enterrada. Entiéndase Génova como China, México o la propia Europa. Ellos son así de generosos. Crean riqueza y su malvado Gobierno la entrega alegremente al resto del mundo a cambio de nada. Aseguran que la globalización ha dejado a muchos estadounidenses detrás, que ahora trabajan más, ganan menos y ven como sus empresas se deslocalizan a otros países buscando salarios más bajos. Pues bien, todo es mentira menos lo de los salarios bajos. Lo de los salarios tiene su explicación, cada uno compite con lo que puede. Unos bajando el precio y otros con calidad. EEUU y todos los países del primer mundo compiten añadiendo valor al trabajo, en el tercer mundo se compite bajando el coste del mismo. Esto es así en cualquier mercado.

La economía norteamericana es lo que es gracias a la globalización. Y así lo atestiguan los números, el que cojamos, da igual. Las diez mayores empresas del mundo por capitalización bursátil, por ejemplo, son estadounidenses. Y no son bancos de la City como se suele pensar. A 31 de diciembre de 2016 las compañías más valiosas del planeta eran estas.

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Para que nos hagamos una idea, entre Apple y Alphabet (matriz de Google) tenemos aproximadamente el PIB de España en un año. Y la economía española no es precisamente pequeña. Si valen tanto en el mercado es porque producen bienes y servicios muy demandados, es decir, que valen lo que cuestan. Si no lo valiesen nadie compraría sus acciones y la capitalización de mercado sería de cero dólares. Ahora bien, fijémonos en un detalle. Todos conocemos esas marcas sin necesidad de buscar (exacto, en Google) a qué se dedica cada una de ellas. Y si las conocemos es porque son de ámbito mundial, están globalizadas. Hagámonos la siguiente pregunta, ¿Apple, Amazon o Johnson & Johnson sacan o meten dinero en el país?

Al ser empresas globales muchas de ellas tienen producción global. Apple, por ejemplo, ensambla sus teléfonos en China, Johnson & Johnson posee plantas por todo el globo y Amazon, en fin, dinamiza el comercio allá donde se asienta. En Madrid sin ir más lejos, tienen un gran centro logístico para dar servicio al mercado español y planea abrir otro en Barcelona para atender al sur de Europa. Lo podrían hacer desde Seattle, claro, pero sería poco práctico, encarecería los productos y restaría competitividad a la empresa. Lo que sí tienen en Seattle es la sede central, lo que beneficia mucho a la economía de aquella ciudad y se traduce en una gran disponibilidad de empleos cualificados y bien remunerados. Podríamos seguir con cualquiera de ellas. Todas  han sacado partido de las bondades de la globalización, los bajos (o nulos) aranceles y los entornos fiables para la inversión. Y con ellas sus empleados, sus accionistas y sus clientes.

Estados Unidos, de hecho, es el corazón mismo de la globalización y su emblema por antonomasia. Y no solo en lo que a movimiento corporativo se refiere. La globalización implica gran movimiento de personas. Las personas se desplazan en avión por el planeta. Ahí vemos que también en eso EEUU está a la cabeza. Estos son los diez aeropuertos que más tráfico de pasajeros registraron en 2015.

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De diez, cuatro. Estados Unidos es el gran conector aéreo mundial, sus aerolíneas son las más grandes, es el primer destino de negocios, el primer destino turístico y la sede de las principales ferias de comercio del mundo. Si eso es que la globalización te deje atrás sé de muchos países que rezan para que algo así les suceda cuanto antes.

Capítulo aparte es el uso del dólar, la divisa que emite en exclusiva la Fed y que es el principal activo de reserva internacional. El comercio internacional lo mueve la moneda norteamericana y no el euro, el yen o cualquiera de las 183 divisas restantes que hay en el mundo. El 85% del trading de divisas es en dólares, el 40% de la deuda emitida a nivel mundial se denomina en dólares y el 65% de las reservas de los bancos centrales son en dólares. La globalización, en definitiva, se alimenta de dólares y éstos se crean en Estados Unidos, cuyas autoridades señorean la moneda. No hace falta decir mucho más. Los estadounidenses se benefician, y mucho, de la globalización digan lo que digan ahora. Si ésta resultase dañada ellos serían los primeros en notarlo.

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