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Chávez vive, el hambre sigue

Nicolás Maduro llegó al poder de un modo un tanto peculiar. Le nombró Chávez durante una alocución presidencial televisada en diciembre de 2012. Seguramente su idea era que se hiciese cargo de la finca en su ausencia, pero el dueño de la finca no regresó -o lo hizo ya muerto- y el mayoral terminó quedándose con la propiedad. Hubo elecciones, claro, un mes después de que se comunicase oficialmente la muerte de Chávez, elecciones que Maduro ganó con un punto de ventaja sobre Henrique Capriles. Fueron unas elecciones muy polémicas con infinidad de irregularidades que trajeron cola durante aquellos meses. Aquello fue el punto de partida de estos cuatro años de despropósito porque, inútil sería engañarse, después de todo lo que ha venido después, el pucherazo de abril de 2013 es una insignificancia.

Durante este tiempo el chavismo ha perdido sus dos principales activos: el alto precio del petróleo y la figura misma de Hugo Chávez. Sin ambas es imposible explicar todo lo que ha sucedido en Venezuela desde 1999. Maduro, no lo olvidemos, está ahí porque quiso Chávez, fue, de hecho, su última voluntad. Este es un misterio que nadie ha conseguido desentrañar del todo. ¿Por qué eligió a alguien tan rematadamente incapaz? Podría haber escogido a cualquier otro: a Diosdado Cabello, que era militar como él y chavista de la primera hora, o a Elías Jaua, o al propio Tareck El Aissami que ahora Maduro ha elevado hasta la vicepresidencia, o a su yerno Jorge Arreaza que prosperó mucho tras contraer matrimonio con Rosa Virginia Chávez. Pero se quedó con Maduro. Lo cierto es que este conductor de autobús semianalfabeto devenido ministro de Exteriores tenía algunas ventajas. Por un lado era el candidato favorito de La Habana y, por otro, se había demostrado como un hombre extremadamente dócil, dispuesto para lo que hiciese falta.

Estoy convencido de que Chávez creía que iba a salir con vida de la última de sus operaciones. No las tenía todas consigo como otras veces, por eso designó sucesor, pero estaba persuadido íntimamente de que sí, que el cáncer terminaría matándole, pero más adelante, que podría aguantar aún algunos años más. Maduro era el guardés perfecto, de lealtad probada con el amo cubano y sin proyecto propio porque sus capacidades son muy limitadas. Luego sucedió que todos tuvieron que seguir adelante con el plan B y convertir a esa calamidad en algo parecido a un presidente. Pero aún así, aún con todas sus limitaciones el primer Maduro seguía disfrutando de uno de los pilares del régimen: el petróleo caro. En febrero de 2013 el precio promedio del barril fue de 107 dólares. Y ahí se mantendría durante año y medio, hasta septiembre de 2014 cuando empezó a desplomarse hasta llegar al suelo de los 30 dólares/barril de hace un año. Desde entonces el régimen sobrevive mostrando su peor cara, la de la represión sin disimulos, el palo, aunque ya sin zanahoria porque los venezolanos pasan hambre.

El hambre es fruto de la escasez generalizada. Y ésta, a su vez, es fruto de la inflación. Una inflación que en 2016 fue del 700% y que este año podría ponerse en los cuatro dígitos. Hoy un dólar se paga a 3.900 bolívares en el mercado paralelo. En febrero de 2013 se pagaba a 20 bolívares. El salario mínimo es desde hace mes y medio de unos 40.000 bolívares (hasta enero era de 27.000 bolívares). Haciendo una sencilla operación obtenemos el salario real: 10,3 dólares (9,7 euros) mensuales. Comer un pollo asado cuesta en Caracas unos 20.000 bolívares, la mitad del salario mínimo, hace tres años costaba 200. Los precios se han multiplicado en muchos casos por cien.

Lo más difícil en periodos hiperinflacionarios es mantener el orden público. La inflación provoca escasez, la escasez desesperación y la desesperación lleva a la gente a la calle a protestar. Pero eso es lo último que puede permitirse Maduro. Él no es Chávez, carece de su carisma, sabe que si la cosa se desmanda no podrá controlarla y se lo llevará por delante, a él y probablemente a la revolución bolivariana. De ahí que sus esfuerzos de un par de años a esta parte consistan en aumentar el control social. Ahí tenemos lo del carnet de la patria, una pesadilla totalitaria, un sistema de registro paralelo al habitual, desarrollado con tecnología china, que incluye la información personal, la profesional, la bancaria y la adscripción a los diferentes programas sociales. El sueño del INGSOC orwelliano. Nadie podrá escapar al control del Gobierno, y si lo hace lo pagará.

La oposición, por su parte ha perdido la iniciativa política y vaga a la deriva sin rumbo, sin líderes y sin programa. No saben muy bien lo que hacer y viven acobardados. No es para menos teniendo en cuenta la suerte que ha corrido Leopoldo López, que lleva tres años entre rejas, o Antonio Ledezma, preso desde hace dos. El famoso diálogo patrocinado por el Vaticano y con Zapatero de maestro de ceremonias es una mascarada absurda cuyo único objetivo es marear la perdiz en reuniones inútiles para que Maduro gane tiempo, el que necesita para seguir blindándose. El año pasado se concentró en evitar que se celebrase el referéndum revocatorio y lo consiguió. Los gobernadores de los Estados debieron renovarse hace meses cuando concluyó el mandato de cuatro años estipulado en la Constitución bolivariana. Pero el CNE suspendió las elecciones regionales sin dar muchas explicaciones. Esto sucedió en octubre. Estamos en marzo y aún no se sabe cuándo se celebrarán si es que terminan celebrándose.

No hay nada extraño. Están siguiendo el guión de Chávez. La revolución es irreversible y todo lo que la ponga en riesgo se apartará aunque eso implique retorcer las leyes revolucionarias. Cuando dicen que Chávez sigue con vida tienen razón. El “comandante eterno” no se ha ido y, según pintan las cosas, tardará mucho en marcharse.

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1 Comment on Chávez vive, el hambre sigue

  1. Un venezolano comentando.

    Otro factor clave en la falta de alimentos en la cuna de libertadores, Venezuela, es el hecho que destruyeron el aparato agrícola de la nación; el que en días pasado daba la suficiente cantidad de café para tener durante las crisis. La dependencia del excremento del diablo, o petróleo, siempre fue un tema a tratar en los gobiernos pasados, pero fue una variable de la cual se aprovechó el gobierno revolucionario para mantenerse de pie y crear todos los organismos que hoy le están dando la espalda.
    El tema de los alimentos solo brilla cuando se le suma el de los medicamentos; la solución es sencilla, pero a la oposición le da de todo mencionarla, que es quitar todos los controles del mercado. Empezando por el control de precios y el control cambiario

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