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Rajoy rajoyeado

Ni con el apoyo de los cinco diputados del PNV ha conseguido Rajoy sacar adelante el decreto de la estiba. 142 votos a favor y 175 en contra. Este es el retrato fiel de la legislatura que acabamos de comenzar una vez sobrepuestos al espejismo coyuntural de las crisis internas en el PSOE y Podemos. Un baño de realidad que nos va a costar un dineral sí, pero que quizá sea necesario para que Rajoy se aperciba de cual es su nuevo lugar en el mundo.

Conociendo al personaje y a sus exasperantes latencias quizá pensaba que este momento no iba a llegar nunca. Creía que, como es más listo que nadie porque sacó la oposición a Registros, podría ir trampeando sine die hasta las próximas elecciones. El resto, ya se sabe, son todos tontos y tienen que pasar por el aro por eso mismo, porque son tontos. Pero no, no son tontos, el bofetón de la estiba parece que va a ser la tónica y ahí tenemos los súper urgentes presupuestos de 2017, aún sin aprobar a pesar de que encaramos ya el segundo trimestre del año. Las urgencias de Mariano son así de aplazables.

Rajoy no solo tiene muchos menos diputados que el Aznar primerizo, sino que está a 40 escaños de la mayoría absoluta

137 escaños es una renta parlamentaria escasísima. Nadie lo había intentado con tan poco. Hasta la fecha lo mínimo con lo que se había gobernado fueron los 156 de Aznar en el 96. A 20 de una mayoría absoluta más o menos alcanzable con el concurso de las dos minorías (la vasca y la catalana) hegemónicas en el Congreso de aquella época. Rajoy no solo tiene muchos menos diputados que el Aznar primerizo, sino que está a 40 escaños de la mayoría absoluta, lo que le obliga a pactar con Ciudadanos siempre y a rematar la carambola con uno o varios terceros.

Pero Mariano Rajoy Brey es poco de llegar a acuerdos y, menos aún, de cumplirlos. A diferencia del Aznar del 96, que venía de la oposición, él viene de mandar y disponer a su antojo durante cuatro años más la prórroga del año pasado en la que dejó que el año pasase sin hacer nada.

La inercia sorayo-montorita es demasiado fuerte. Están acostumbrados a hacer de su capa un sayo ninguneando a todos

Claro, que para estar donde está tuvo que suscribir un pacto con Ciudadanos, pero se lo está pasando por el arco del triunfo, que es la especialidad de la casa. Eso a pesar de que los 32 diputados naranjas, los que le permiten acercarse a la mayoría absoluta, es lo único que tiene. Pero la inercia sorayo-montorita es demasiado fuerte. Están acostumbrados a hacer de su capa un sayo ninguneando a todos. ¡Pero si se chotean de sus propios votantes! ¿Qué no harán con el resto de partidos?

El resultado final es una deliciosa estampa del burlador burlado. El que en esta ocasión ha rejoneado a placer ha sido Rivera sobre el lomo de Rajoy y no al revés como viene siendo habitual. Lo de menos, por lo tanto, es la cuestión de los estibadores, con cuyos gastos correremos los demás. Es un tema que se resolverá como se resuelve todo en España, endilgando la factura a los contribuyentes, que todo lo aguantan, que nunca se quejan. Lo de más es la debilidad intrínseca de un Gobierno que curiosamente y contra la misma evidencia se cree fuerte. Pero su fortaleza es relativa, dependiente de la debilidad ajena y, por lo tanto, ilusoria.

Una vez se haya calmado el patio las aguas bajarán y aflorarán los cascotes de un partido hecho un cisco y de un gabinete formado por deshechos de tienta tipo Álvaro Nadal

Antes o después PSOE y Podemos se recompondrán. Tiempo tienen. De aquí a los próximos comicios, las municipales de 2019, aún quedan dos años largos. Tiempo más que sobrado para que los socialistas encuentren su sitio tras el tsunami podemita y los chicos de Iglesias arreglen sus diferencias apiñándose en torno al líder máximo o forzando un nuevo Vistalegre para que el líder mínimo lo intente otra vez. Dos años en política dan para mucho. Recordemos que hace solo dos años Podemos era un partido extraparlamentario y Ciudadanos una formación segundona en Cataluña.

Una vez se haya calmado el patio las aguas bajarán y aflorarán los cascotes de un partido hecho un cisco y de un gabinete formado por deshechos de tienta tipo Álvaro Nadal, salteadores de caminos naturales de Jaén y la omnipresente Soraya, solo inmensa en su ineptitud. Esto es todo lo que el registrador, necio bruñido que ejerce de poderoso sin serlo del todo, puede oponer cuando vienen mal dadas. Y vienen, y han venido, y vendrán peores.

No será porque no se advirtió a tiempo. Mariano podía presentarse de nuevo a las elecciones. Podía hacerlo dos veces consecutivas. Podía incluso ganarlas apelando a la amígdala de sus votantes, pero poco más podía hacer salvo ofrecernos una segunda y agonizante entrega de un taquillazo fallido.

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