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Pocos y frustrados

En una economía normal, sana, que funcionase como es debido, que no tuviese como principios rectores premiar a los improductivos y castigar a los productivos, el paro juvenil simplemente no existiría. Cuando uno es joven no está especializado en nada y, por lo tanto, se puede emplear en casi cualquier cosa. Cierto que a cambio de un salario bajo dada su también baja productividad, pero el que comienza en el mercado laboral proviene de un sueldo de cero euros, luego el incremento es absoluto. Esa flexibilidad también es un factor a tener en cuenta. Cuando uno entra en un mercado o compite por precio o por calidad. A los 18 años solo se puede hacer por lo primero a no ser que se juegue muy bien al tenis o se dedique uno a la industria del porno. El paro significativo debería presentarse solo en las capas superiores de edad, a partir de los 50-55 años, cuando por falta de adaptación a los cambios o por la presión competitiva que viene de abajo es más fácil quedarse desempleado y pasarlas putas para encontrar otro trabajo. Es por ello que la previsión es importante. Saber desde bien joven que a los 58 te puedes quedar colgado de un hilo incentiva el ahorro y la inversión desde una edad muy temprana.

Pero en Europa sucede justo lo contrario. En la franja de edad donde debería registrarse pleno empleo lo que encontramos es pleno desempleo. No hay más que mirar los datos. En Grecia el paro juvenil alcanza el 48%, en España el 41%, en Italia el 35%, en Francia el 23% y así sucesivamente. Incluso en países que tienen tasas de desempleo muy comedidas como Finlandia (un 8,8%), en el caso de los jóvenes se dispara a más del doble, el 20% durante el pasado mes de marzo. Sirva como ejemplo definitivo el caso de Suecia. Cuenta con un mercado laboral dinámico y vibrante que emplea a casi toda su masa laboral. En Suecia solo el 6,4% de la población activa está desempleado. Pero si nos vamos a los menores de 25 nos encontramos con que casi el 20% de los jóvenes suecos no da con un trabajo a pesar de que lo está buscando. La zona euro en su conjunto tiene una tasa de paro juvenil monstruosa, del 19,4%, y gracias a que están ahí economías como la alemana o la holandesa que compensan la cifra hacia abajo. De no ser así superaría con creces el 25%, que es cuando se puede hablar de paro catastrófico.

Lo más alarmante es que Europa tiene menos jóvenes que nunca, al menos en comparación con la población total. Vayamos con el ejemplo de España que es el más cerca nos pilla. En 2016 tenía 4,5 millones de habitantes entre los 15 y los 25 años de edad. Pues bien, entre los 35 y los 45 hay cerca de 8 millones, casi el doble. Precisamente por su escasez, esa mano de obra poco especializada, accesible y barata debería ser muy demandada. Pero esto no es así. En parte el responsable es el Estado, que les impide valerse de su ventaja competitiva a través de leyes de salario mínimo y mil regulaciones más que, concebidas para protegerles, terminan laminándoles. La máquina de los efectos no deseados funciona aquí con toda su perversidad. Pero no solo es cosa del Gobierno. En España y, por extensión, en toda Europa, tenemos un par de generaciones de hijos únicos criados con mimo en la abundancia de las vacas gordas de la década pasada. En este caso el empleador no compite con otros empleadores sino con los padres de los chicos. Porque, seamos sinceros, ¿quién va a ponerse a trabajar por 300 ó 400 euros cuando eso mismo o más lo recibe en casa sin necesidad de dar nada a cambio?

El hecho es que la pereza conduce invariablemente a la frustración. No es bueno llegar a los treinta sin haber tenido jamás un empleo y es peor aún llegar a los treinta sin haber encontrado empleo a pesar de que se ha buscado con denuedo. Los jóvenes europeos están muy frustrados. Esta frustración se puede rastrear en el auge de partidos populistas que quieren arramblar con todo y empezar desde cero, en el renacimiento perrofláutico de los últimos años o en la popularidad que han recobrado ideologías como la comunista un cuarto de siglo después de la caída del Muro. La UE ha realizado una encuesta entre 580.000 jóvenes de 35 países. Por jóvenes entienden todos aquellos que tengan entre 18 y 34 años de edad, que ya es estirar mucho la juventud, pero en fin, es lo que hay. La pregunta que les hacían era: “¿Participarías activamente en una revuelta a gran escala contra la generación en el poder si ésta ocurriese en los próximos días o meses?”. Los resultados son estos por país:

Está claro que los jóvenes siempre han sido revoltosos y dados a soluciones drásticas. Antiguamente esos ímpetus se consumían en las guerras, en nuestros tiempos se disipan en movimientos juveniles más o menos violentos. Pero si nos fijamos bien hay una correlación prácticamente exacta entre paro juvenil e insatisfacción, que no otra cosa es la voluntad de rebelarse contra lo que hay. El país en el que más proclive es la juventud a tirarlo todo por tierra es Grecia, un 67% de los encuestados, que no casualmente padecen un desempleo juvenil gigantesco. En Alemania, por el contrario, solo estarían dispuestos a la revolución un 37%. El paro juvenil en Alemania es minúsculo, tan solo un 6,6%, el más bajo de la OCDE por detrás de Japón.

¿Significa esto que se está larvando un gran levantamiento juvenil en Europa como aquellos de los países árabes en 2011? No lo creo. Que estén frustrados no significa que estén hambrientos. Tienen además otras válvulas de escape como el sexo, los videojuegos, Internet, el teléfono móvil, Netflix y un sinfín de estupefacientes baratos y al alcance de su presupuesto. Pero, sobre todo, son pocos. La cultura de hijo único o, directamente, de no tener hijos en absoluto, ha conseguido que la que dicen generación más preparada de la historia sea también la más escasa en términos numéricos. Y las revoluciones se hacen con gente joven sí, pero ésta tiene que ser numerosa y no jugarse nada material. Los jóvenes europeos son pocos y tienen demasiadas cosas que perder. Esa es, en definitiva, la razón por la que hace seis años la Puerta del Sol no se convirtió en la plaza Tahrir.

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3 Comentarios en Pocos y frustrados

  1. Miguel Ángel Fort // 30/04/2017 en 15:00 // Responder

    Está claro que con las actuales políticas económicas, la tendencia a medio plazo, formará una enorme masa de población con salarios de precariedad y el resto, que puede alcanzar un 4 % o un 5% de la población con excelsos ingresos. Con salarios precarios el consumo deviene en productos de bajo coste y todo lo demás que tú sabes. Pero que seas tú quien proponga y defienda tales argumentos me mata. Has pasado de ser liberal decente a un neoliberal cavernícola. Que desilusión. Y ahora que muestras tus cartas, te pueden ir dando. Que te escuche Rajoy.

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  2. Hay un tema que no has comentado. El trabajo de los jóvenes se suele pagar en B cuando lo justo sería la contratación legal con su cotización correspondiente. En Alemania son mas legales que nosotros en estos temas.

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