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No, no es lo mismo

El domingo pasado se celebró en Venezuela y en prácticamente todo el mundo un referéndum contra la Constituyente que Nicolás Maduro quiere imponer a finales de este mes, básicamente un golpe de Estado perpetrado desde el poder y que ha encontrado mucha resistencia entre los venezolanos de dentro y los de fuera del país. Bien, como en España las cosas de Venezuela las vivimos como propias, casi como si estuvieran ocurriendo aquí, se han montado buenas discusiones en las redes sociales sobre si el plebiscito venezolano es equivalente al que la Generalidad ha convocado en Cataluña para el próximo 1 de octubre.

En principio ambos son ilegales. Ni el Gobierno de Maduro ni el de Rajoy los reconocen como válidos. Esto es cierto. Pero hay una diferencia fundamental. En Venezuela la legalidad se rompió hace tiempo y el que se encargó de hacerla mil pedazos fue justamente Nicolás Maduro. Primero desposeyendo a la Asamblea Nacional de sus competencias el pasado mes de marzo, y luego llamando a una Constituyente que aniquila la Constitución de 1999 y todas las instituciones del país (a excepción de la presidencia) para sustituirlas por otras de nueva creación.

En España no ha sucedido nada ni remotamente parecido. El Gobierno de Mariano Rajoy nos puede gustar más o menos (a mi personalmente me gusta poco), pero no ha cometido ningún desafuero ni, por descontado, quiere eliminar la Constitución. Luego aquí la ruptura de la legalidad viene o, mejor dicho, vendrá en cuanto se celebre el referéndum del 1-O (si es que se celebra), de la Generalidad.

Los independentistas catalanes, cuya causa es tan legítima como cualquier otra, tienen por lo tanto que buscar una vía legal para celebrar esa consulta. No lo sé, quizá la mejor sea convencer a otros partidos para que se reforme la Constitución y se abra la vía a referéndums de este tipo. Eso o ir por las bravas pero asumiendo que están colocándose al margen (y por encima) de la legalidad con todo lo que ello implica. Es decir, tienen que jugársela, que es precisamente a lo que líderes independentistas no parecen demasiado dispuestos.

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