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La sombra de Castillo es alargada

Este tipo de nariz carnosa, una calva de esas que no se deciden a terminar el trabajo y un buen par de manos se llama Ricardo Castillo Sinibaldi. Es guatemalteco y empresario. No es Amancio Ortega, obviamente, es empresario en la modalidad amigote del Estado. Resumiendo, no es propiamente empresario, es de los que ejercen la política por otros medios. Tiene ya cierta edad (82 años) y siempre estuvo bien relacionado en las altas esferas de aquel país. Si Guatemala fuese una finca en condominio él sería uno de los dueños. Los Castillo llevan siglos en Guatemala. Algunos dicen que llegaron con los conquistadores españoles, ellos mismos sin ir muy lejos, lo que no es óbice para que exhiban un ridículo patriotismo de opereta porque, a fin de cuentas, ¿quiénes son los Castillo más allá de los lindes de su finca? Nadie, ¿verdad? Pues eso. Pero, a pesar de sus continuos alardes de guatemaltequidad a la vista está que jamás se han mezclado con la población local, mayoritariamente indígena y mestiza. ¿Racistas? No seré yo quien lo diga.

Ricardo Castillo quiso llegar a vicepresidente. No hace mucho, en 2007, cuando las fuerzas aún le acompañaban. Se presentó como ticket de Otto Pérez Molina, un antiguo general que, tras abandonar el ejército, fundó el Partido Patriota. Pérez Molina, presidente entre 2012 y 2015, está hoy encarcelado acusado de tres delitos: asociación ilícita, cohecho pasivo y fraude aduanero. Google, que es muy hijo de puta y no respeta el derecho al olvido, así nos lo cuenta.

Eran otros tiempos. Levantan los puños no por capricho o porque la enardecida masa les motivase especialmente, sino porque ese mismo, el puño cerrado en alto, era el logotipo del partido. Mano dura era su lema. Su himno, un popular merengue llamado “caballito de palo“. En septiembre de 2007 apuraban ambos candidatos las últimas horas de una campaña que culminaría con la elección de Álvaro Colom como presidente del país. Su gozo en un pozo. Años más tarde, en 2011, Pérez Molina lo volvería a intentar. Esta vez se saldría con la suya, aunque ya no con Castillo como acompañante. Lo sustituyó por una mujer joven, Roxana Baldetti, hoy también en prisión por idénticos motivos que el ex presidente. No sabemos por qué cambió de socio, quizá por la edad, quizá porque el socio quiso dejar de serlo o quizá porque Castillo es gafe. Quién sabe.

Ricardo Castillo, ya casi octogenario, se quedó sin el caramelo de la vicepresidencia pero, a cambio, en 2007 se colocó como diputado un sobrino suyo: Alejandro Sinibaldi que, en plena racha y con la fortuna de cara, cuatro años más tarde fue nombrado ministro de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda por Pérez Molina. Las carreteras guatemaltecas, malas de solemnidad como bien saben todos los que se aventuran por ellas, no mejoraron, pero, según se desprende de lo que cuenta la prensa y el juzgado, las cuentas privadas del ministro sí que lo hicieron, mucho. Desconozco si el sobrino de Ricardo Castillo llegó alguna vez a bailar el caballito de palo como Baldetti hacía entusiasta durante los mítines, pero el palo parece que sí que lo dio, y bien fuerte. Aunque quizá si se atrevió a menear el esqueleto sobre las tablas. Aquí tenemos al ex ministro con la ex vicepresidenta durante un acto político en 2014. Al fondo la bella catedral neoclásica de Ciudad de Guatemala.

Hoy Baldetti reside -contra su voluntad, claro- en el penal femenino de Santa Teresa. Sinibaldi está en paradero desconocido. Es un prófugo de la justicia guatemalteca desde hace más de un año. Su caso ha saltado las fronteras y hoy se investiga en Nicaragua y Panamá. Tal vez su tío sepa donde está. Si lo sabe no lo ha dicho.

Podríamos pensar que Ricardo Castillo Sinibaldi nada tiene que ver con estos enredos. Y así será mientras no se demuestre lo contrario. Ahora bien. Tras la detención y encarcelamiento de Otto Pérez Molina su nombre volvió a salir a la luz pública, esta vez como asesor áulico del nuevo presidente: Jimmy Morales, un ex cómico televisivo que se aupó al poder en las elecciones de 2015 tras el terremoto político de aquel año. Unos meses después de su victoria, coincidiendo con la jura del cargo, el diario República hablaba de él como de uno de “los hombres del presidente”. En la revista ContraPoder pedía Castillo unas semanas después de los comicios que “lo dejasen trabajar“. Al presidente, se entiende.

Pues bien, el presidente lleva casi dos años trabajando. Guatemala sigue tan pobre como antes y tan insegura como siempre, pero Morales acaba de ser acusado de corrupción. La CIGIG, una comisión dependiente de la ONU y el Ministerio Público, han pedido retirarle la inmunidad para juzgarle por financiar ilegalmente su candidatura durante la campaña electoral de 2015. No, si al final va a resultar que Ricardo Castillo es un cenizo.

Pero, seamos justos, no todo en la vida de Ricardo Castillo Sinibaldi ha sido turbia política. Uno de sus hijos, llamado también Ricardo, ‘Cayito’ para los amigos, se empleó a principios de siglo en una conocida universidad local: la Francisco Marroquín (UFM), un centro privado y exclusivo al que acuden las élites locales que no pueden o no quieren enviar a sus hijos a estudiar en el extranjero. Desde el punto estrictamente académico la Marroquín no es gran cosa. No destaca en ninguna de las clasificaciones de universidades hispanoamericanas. Tampoco lo hace en el ranking web de universidades: es la 2.926 a nivel mundial y la 199 en la América hispana. Según el Top Universities está todavía más abajo, en el puesto 256 de la categoría latinoamericana.

Carece de departamentos de investigación propiamente dichos y a final de curso enciende el aspersor de cum laudes. Otorga tantos que tiene que dividirlos en tres calidades distintas: cum laude, magna cum laude y summa cum laude. Para entregar las bandas es necesario reunir a los afortunados en un gran salón de actos porque no caben en ningún otro sitio del campus. Tampoco es de extrañar. El rector de la universidad es Gabriel Calzada, un español de cuyo sucinto curriculum da fe el hecho de que, antes de hacerse con la rectoría de la UFM, lo más que lejos que había llegado fue a profesor auxiliar interino de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid durante unos pocos cursos. Antes de eso paseaba sus ocios por Madrid mientras preparaba un doctorado que obtuvo ya bien entrada la treintena. De la interinidad al rectorado. En España no lo hubiese tenido tan fácil.

El vicerrector, y aquí volvemos de nuevo a las agitadas aguas de la política, también es español aunque no académico -va con la licenciatura pelada-, sino político de profesión. Se trata de Javier Fernández Lasquetty, militante del Partido Popular desde prácticamente su primer afeitado, ex director de FAES y ex consejero de la Comunidad de Madrid en tiempos de Esperanza Aguirre e Ignacio González. Este último lleva varios meses en prisión acusado por la justicia española de hasta diez delitos: cohecho, prevaricación, fraude, malversación, corrupción en los negocios, negociaciones prohibidas a funcionarios, organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo de capitales y delito contra la Hacienda Pública. La tesis de que los Castillo son gafes toma fuerza. O quizá el gafe es el propio Lasquetty porque fue llegar a Guatemala a principios de 2015 y torcerse todo para Pérez Molina. Como nota curiosa, el Partido Patriota y el Popular comparten siglas: PP.

No sé si ‘Cayito’ Castillo es gafe, lo que si sé es que funge de secretario general de la UFM desde hace muchos años, quince concretamente. La UFM no sobresale por su desempeño académico pero, a cambio, es una suerte de parque temático para liberales de la escuela austriaca de economía. Sé bien lo que me digo, yo mismo sucumbí al embrujo. Lo de temático es rigurosamente cierto. Las instalaciones llevan nombres como Ludwig von Mises o Friedrich Hayek y el campus está tapizado con frases célebres de economistas liberales. Muy edificante, pero todo se queda ahí, en la tematización, por arriba supura política real, de carne y hueso, sin demasiadas concesiones al idealismo. Los Castillo no son una excepción. Ya hemos visto como el patriarca de la familia está relacionado de manera muy cercana con los dos últimos presidentes del país, uno encerrado y el otro señalado por Naciones Unidas. El hijo, versión reducida del padre en todo menos en el tamaño corporal, no iba a ser menos.

The spanish connection

La UFM tiene algo parecido a un spin off en España. Se llama OMMA, acrónimo de On Line de Madrid Manuel Ayau, y tiene, como su nombre indica, la sede en Madrid. Manuel Ayau, que en paz descanse, fue quien fundó la Marroquín hace casi medio siglo y es un personaje conocido, respetado y odiado -a partes casi iguales- en Guatemala. Este OMMA es una academia por internet que imparte un master de inversión en valor inspirado por Francisco García Paramés, un financiero gallego a quien llaman el Warren Buffet español. La voluntad de los dueños del OMMA, la propia Marroquín y unos cuantos socios más, es convertir la academia en universidad. Pero, con la legislación española en la mano, hay que pasar por la comunidad autónoma, que pide por anticipado el cumplimiento de unos requisitos muy exigentes.

No sé si el OMMA cumple o no con esos requisitos, lo que si sé es que todavía no ha conseguido la preciada licencia universitaria a pesar de los buenos contactos políticos que los altos jerarcas de la UFM cultivan en España. El vicerrector de la universidad es, como ya he dicho, un ex consejero de Ignacio González y por el campus guatemalteco han pasado, entre otros, Lucía Figar, ex consejera de Educación de la Comunidad de Madrid. La reseña de su visita publicada por la propia universidad es esta:

Nótese que el aula se llama Carl Menger (1840-1921), fundador de la escuela austriaca. Lo dicho, el parque temático. Figar, hoy retirada de la política, fue imputada hace dos años por prevaricación y malversación. La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, la UCO, sumó a esos dos cargos los de tráfico de influencias y fraude. En la fotografía aparece ‘Cayito’ Castillo a su izquierda. El fantasma del gafe aleteando de nuevo. Junto a ellos están el rector y Karen Maeyens que, además de a la sazón directora del Michael Polanyi College, es la compañera sentimental de Gabriel Calzada. Este detalle, como es lógico, lo omitieron en el pie de foto. Como suelen omitir también que para poner a Maeyens en la dirección de ese college hubo que cesar al anterior director, o que el director de OMMA, Gonzalo Melián, es primo de Calzada. Ciertos emprendimientos es mejor afrontarlos en familia. Al año siguiente quien se dejó caer por la UFM fue José María Aznar en carne mortal. Fue cálidamente recibido por el equipo directivo. Pude presenciarlo en persona.

La que también desfiló por la UFM fue Esperanza Aguirre. Pero demasiado tarde, ya en 2016, cuando su estrella política estaba a punto de apagarse. No sé por qué no lo hizo antes, tal vez por motivos de agenda o porque Guatemala está realmente lejos, once horas de avión echan para atrás a cualquiera. Pero si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña. En esta fotografía Esperanza Aguirre y ‘Cayito’ Castillo cenan juntos en Madrid durante un evento en 2015.

Queda claro que las dotes persuasivas del hijo no son las del padre ya que ni poniendo toda la carne en el asador han conseguido convertir la academia de inversión en universidad. Quizá es que simplemente no cumple los requisitos. Lo desconozco. Para que una universidad llegue a serlo tiene que disponer del visto bueno del Gobierno autonómico y pasar por el parlamento regional. Aunque ya se sabe que Dios aprieta pero no ahoga así que el siguiente paso que han dado es abrir una sucursal de la UFM en Madrid. No expedirá títulos españoles con la firma de su Majestad Felipe VI porque no pueden hacerlo las universidades extranjeras, dará unas certificaciones propias equivalentes a las de Guatemala. Les deseo la mayor de las suertes en su nueva andadura, básicamente porque la van a necesitar habida cuenta de la colección de gafes que acumulan y de la inquietante constatación de que la sombra de Ricardo Castillo es alargada, alargadísima.

 

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