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No, no hay nada que negociar

A pesar de que se travistiese de protesta por la intervención de la policía el domingo pasado, la huelga general en Cataluña estaba convocada desde el día 23 de septiembre pasase lo que pasase. Su convocante fue la CUP, un partido que, no lo olvidemos, en las elecciones autonómicas de septiembre de 2015 obtuvo tan solo 337.000 votos, el 8% del electorado. La huelga vendría a ser un jalón más de lo que ellos han denominado “mambo” en un vídeo que lanzaron hace un mes. Eso del “mambo” creó algo de confusión al principio, nadie sabía a ciencia cierta a qué se referían exactamente. Se referían a esto mismo, al control absoluto de la calle. A fin de cuentas sólo se informa de lo que sucede en la calle. Basta una minoría muy concienciada pero lo suficientemente ruidosa para copar las portadas de los diarios, los boletines de la radio, los informativos de televisión y las redes sociales.

El problema de la calle es que, en circunstancias normales, solo puedes ocuparla durante cortos periodos de tiempo. Una huelga general, en cambio, permite ampliar en el tiempo y en el espacio el alcance la protesta callejera y mantenerla durante un día entero… o varios. Pero no nos equivoquemos, el “mambo” no es un fin en sí mismo, es un medio. Forma parte de un plan estratégico muy bien elaborado cuyas líneas maestras están cumpliéndose con pasmosa precisión. Primero vino el golpe parlamentario, luego la campaña electoral, posteriormente el referéndum y ahora toca dar el último sprint antes de lo inevitable, que es la declaración unilateral de independencia o DUI, tal y como suelen llamarla en redes sociales y comunicados oficiales. De este modo, aunque los independentistas no lleguen ni a dos millones parecerá que está todo el pueblo detrás. En ese punto ya podrán sentirse parte beligerante en un conflicto enquistado y demandarán la mediación internacional. Cosa, por cierto, que ya han empezado a hacer tímidamente.

Con lo que probablemente no contaban es con que Podemos y buena parte de la izquierda española se iba a apuntar a su verbena. Al final, como comentaba en estas mismas páginas hace unos días, estamos ante un nuevo asalto a la Moncloa por parte de los mismos que en 2015 y 2016 intentaron infructuosamente hacerse con ella. No es casual que la huelga de ayer contase con el apoyo expreso de Cataluña en Común (confluencia podemita local) o que sus líderes a nivel nacional estuviesen todo el día jaleándola con alborozo. Tienen en Cataluña lo que les falta en el resto del país: gente en la calle con ganas de marcha y una sociedad ferozmente polarizada, exactamente el ambiente en el que mejor se desenvuelven.

El soberanismo ha efectuado así su última mutación convirtiéndose en un movimiento populista de izquierdas con todos sus ingredientes. Empezando por su voluntad destituyente y su desprecio manifiesto por la legalidad. Y como todo proceso de corte bolivariano necesitan un plebiscito original sobre el que legitimarse, que el pueblo hable y entregue el poder a la nueva aristocracia del cambio. En este caso la coartada es la independencia de Cataluña, pero bien podría serlo la corrupción o el desempleo. La independencia, por más que les pese a los independentistas de la primera hora, no es más que un disparador.

Podríamos preguntarnos cuál será el camino que tomarán una vez conseguida la independencia, porque lo que para ellos es un puente para los otros es el final del camino. Eso es lo de menos por ahora. Una de las características de la acción política en Podemos es ir planteándose metas a corto plazo, conquistarlas y pasar a la siguiente. La meta ahora es cargarse a Rajoy, provocar una crisis de Estado de primera magnitud, orquestar una moción de censura junto al PSOE, hacerse con los resortes básicos del poder y convocar elecciones a toda prisa con el país en estado de shock. Lo de Cataluña ya verían como arreglarlo más tarde… o no. Recordemos que el problema existe porque la gente está en la calle. Basta con sacarla de ahí para que el problema desaparezca. Entretanto, en tierra de nadie quedaría la derecha catalana que puso en marcha esto hace cinco años. Habrá contribuido a la causa y quizá se lo reconozcan o quizá no, eso quedará a discreción de los nuevos amos.

El discurso del Rey

Tanto Podemos como sus aliados tienen una estrategia y, sobre todo, un relato. Saben lo que quieren y para que lo quieren. Tienen, en definitiva, voluntad de poder, que es precisamente lo que falta en el otro lado, el constitucionalista. Con la honrosa excepción de Ciudadanos, que más o menos conoce el percal, ni PP ni PSOE saben lo que tienen delante a pesar de que llevan semanas diciéndoselo desde El País y que el Rey en persona volvió a recordárselo por televisión.

El mensaje del Rey fue corto, en tono grave y muy contundente. Hizo un repaso de los hechos, la deslealtad y la violación sistemática de las leyes por parte del Gobierno de la Generalidad para, acto seguido, pasar a la acusación: su actitud está dividiendo a la sociedad (está “fracturada y enfrentada” llegó a decir) y su su “conducta irresponsable” está afectando “a la estabilidad económica y social de Cataluña”. Un buen resumen de todo lo que ha pasado de un mes a esta parte.

Pero lo bueno estaba al final, cuando aseguró que “es responsabilidad de los legítimos poderes del Estado asegurar el orden constitucional”. Podríamos pensar que el Rey ha puesto el semáforo en verde para la aplicación del artículo 155 y estaríamos en lo cierto. Le ha enviado también un mensaje al PSOE para que se defina de una vez y deje de brujulear. Es decir, les ha aportado un relato breve y conciso para que se valgan de él, porque lo más curioso es que hasta ayer seguía en el aire lo de la negociación. Como si quedase algo que negociar. A estas alturas, y cruzados varios Rubicones, no lo hay. O se impone la Constitución o lo harán quienes la han desafiado.

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2 Comments on No, no hay nada que negociar

  1. Y seguimos simplificando: los que están en la calle son otra vez podemitas, ignorantes, bolivarianos y revolucionarios

    Pues no, Fernando, y ya parece mentira que sigas con eso. Ayer en la huelga general había mucha gente indignada con unas fuerzas de orden que apalean a los débiles, a los que pasan por allí, mientras los Jefes del cotarro están en su casa, la Audiencia cambia su criterio y desimputa a MAFO y la CMNV en el caso Bankia, dejando miles de arruinados, y las personas próximas al poder se frotan las manos en sus mansiones tan tranquilos (Blesa, Bárcenas, Gallardón y Oreja con la Lezo, etc etc etc)

    Y mientras, como bien dice Bermejo hoy, los árboles nos impiden ver el bosque: la deuda pública ha crecido nuevamente hasta los 1,58 billones de euros batiendo todos los registros. Mariano ha aumentado la deuda desde que llegó a la Moncloa en nada menos que 626.000 millones de euros. En cuanto al empleo, en septiembre 5 de cada 100 contratos fueron indefinidos a tiempo completo

    Sigamos simplificando. Y muchos acabaremos también al otro lado, acompañando a los que están, a pesar de todo, porque al igual que Churchill hablando de su alianza con Stalin dijo que bajaría al infierno si fuese necesario para derrotar a Hitler, muchos ya pensamos que lo primero es que el Régimen caiga y luego ya veremos

    Saludos

  2. El Rey estuvo soltando obviedades sobre lo ocurrido y sobre lo que debería ocurrir y terminó diciendo que pese a que nada de lo que debería ocurrir ha ocurrido y pese a que nadie ha ido a Cataluña a socorrer a la Policía y a la Guardia Civil, y menos a los catalanes no secesionistas, estos no están solos. Además comentó que habría que retomar la senda constitucional para recuperar la concordia, como si no hubiese sido la senda constitucional la incentivadora de la discordia. En fin, palabras serenas y firmes sin hechos que las respalden ni realidad que las sustenten.
    Un cordial saludo.

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