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El ‘procés’ y los 11 principios de la propaganda

Hablaba ayer de la elaboradísima estrategia que habían adoptado los procesistas desde que el julio pasado se echaron al monte. Nada se ha improvisado. Todo atiende a un plan muy detallado que poco a poco les va saliendo. No digo a pedir de boca, pero casi. Han puesto al Estado contra las cuerdas, han provocado la mayor crisis política e institucional desde la Transición y han conseguido, en la medida de sus posibilidades, internacionalizar el conflicto. No en vano ayer tuvo lugar un rifirrafe entre eurodiputados españoles en Estrasburgo sobre el tema catalán. Algo inaudito hace solo un mes. El resto de diputados no terminaban de creérselo y contemplaban el espectáculo como el entomólogo contempla a las mariposas.

Todo esto nunca hubiese sido posible sin un dominio absoluto de la comunicación que, en este caso, ha adoptado la forma de propaganda política de alto octanaje. Llevo meses estudiándoles, fijándome en cómo conciben los mensajes, cómo los transmiten y cómo los viralizan. Y no sólo por los medios habituales, sino también por las redes sociales y los servicios de mensajería instantánea como Whatsapp o Telegram. El ruido que han armado es tal que se escucha hasta en Madrid y, ojo, que por aquí somos siempre los últimos en enterarnos de todo. Para completar el cursillo aproveché los viajes que he hecho este año a Cataluña (cinco en total) y allí pude observar sobre el terreno la propaganda a pie de calle y los medios que no llegan hasta aquí como las radios y las televisiones locales.

Pues bien, después de observar prestando especial atención a los detalles empecé a sacar conclusiones y lo primero que me pareció es que son unos maestros, que jamás improvisan nada, que calculan las palabras, las pesan incluso, cuidan mucho la simbología, los colores…etc. Eso no lo hace un cualquiera, necesitas un profesional cualificado. No me cabe duda que tanto la Generalidad, como Junts pel Si o las mil y una plataformas-pantalla que conforman el famoso ‘procés’ cuentan con profesionales de primera que, entiendo, cobraban como tales. Pero dinero tampoco les falta ni les ha faltado.

El hecho es que no han inventado nada. Desde el principio detecté que prácticamente todo lo que decían era mentira o, en el mejor de los casos, media verdad, que es casi más peligrosa. Es decir, hacían bueno aquello de Goebbels que una mentira repetida mil veces es una verdad. En ese punto recordé los célebres 11 principios de la propaganda enunciados por el ministro de propaganda nazi que, aunque no fue su creador (ese mérito lo carga otro alemán, Willy Münzenberg), si es el propagandista político más famoso de la historia.

Los 11 principios goebbelianos son muy conocidos y se sacan de paseo de tanto en tanto. En este caso se ajustan de un modo asombroso a las técnicas que emplea el procesismo desde hace tiempo. Veámoslos.

  1. Principio de simplificación y enemigo único. El mensaje es simple: España es mala, no nos entiende, nos odia, nos roba, nos oprime, nos nos deja ser nosotros mismos. El enemigo, en definitiva, es España con alguna modificación sobre la marcha como cuando a lo largo de septiembre Podemos se alineó con ellos. Entonces modularon el mensaje para que España se identificase con el PP y Rajoy.
  2. Principio del método de contagio. Cualquiera que se oponga a nosotros es parte del enemigo (único, claro), es decir, es español y del PP, es facha. Y viceversa, cualquiera que esté de acuerdo con nuestras tesis es bueno sin importar otras consideraciones. Este principio lo han padecido en sus propias carnes gente como Joan Manuel Serrat o Isabel Coixet, que osaron llevar la contraria hace unos días. En el otro lado se han creado curiosos compañeros de cama como Nicolás Maduro o Nigel Farage, ambos en el lado de los buenos pero sin mucho que ver el uno y el otro.
  3. Principio de trasposición. Consiste en cargar sobre el adversario los errores propios. Acusar de lo que se perpetra. Cuando Montoro intervino las cuentas se quejaron de que eso era ilegal a pesar de que ellos acababan de violar la Constitución. O cuando Interior colocó a Pérez de Cobos al frente de las FSE clamaron que iba contra el Estatuto de autonomía, el mismo que acababan de pisotear primero y abolir después. Esta es una técnica de distracción muy efectiva que hace pasar al agresor por agredido.
  4. Principio de exageración y desfiguración. Elevan cualquier suceso por insignificante que sea a la categoría de amenaza gravísima. Las cargas policiales del día 1, por ejemplo, en las que sólo hubo que lamentar unos pocos heridos leves, han sido denunciadas en todos los foros como si se tratasen de crímenes contra la humanidad.
  5. Principio de vulgarización. En mensaje hay que adaptarlo al más tonto, al más inculto, por eso no se afina nunca, todo son brochazos: España=toros=atraso, Cataluña=diseño de vanguardia=modernidad, urnas=democracia, No urnas=dictadura y así sucesivamente. Un mundo sin matices, de asociaciones rápidas e instintivas.
  6. Principio de orquestación. La propaganda tiene que ser simple, pero eso no basta porque se olvida pronto. Tiene, además, que ser muy repetitiva y machacona, tiene que llegar a todos los ámbitos de la vida y a través de todos los canales posibles. De ahí el control férreo sobre los medios públicos y la generosa línea de subsidios para los privados. Y no sólo eso. El mensaje se repite una y otra vez en escuelas, universidades, asociaciones, sindicatos y allá donde haya un colectivo organizado.
  7. Principio de renovación. Cuando el adversario desmonta los argumentos propagandísticos que, por su propia fragilidad, son fáciles de desarmar, hay que contraatacar con material nuevo. En las últimas semanas pasamos de las quejas por la intervención de las cuentas a las protestas por las detenciones, de ahí a la indignación por la presencia de guardias civiles en la calle y, por último, los alaridos por las cargas del día del referéndum que se oyeron hasta en Sebastopol. Conforme les desmontan un púlpito levantan otro a gran velocidad. Ahora están con el Rey su nula voluntad de dialogar.
  8. Principio de verosimilitud. La propaganda se fundamenta en la mentira, pero tiene que parecer verdad, luego hay que mezclar algunas verdades en la ensalada de embustes. Esto es muy visible en el manido España nos roba. Toman un dato cierto, que Cataluña como comunidad autónoma aporta más de lo que recibe (no es la única, obviamente) y sobre eso construyen un relato desfigurado y plagado de hechos inventados.
  9. Principio de silenciación. Todo para lo que no tienen respuesta se silencia. Lo vimos de manera cristalina en agosto cuando silenciaron de puertas adentro cualquier crítica a los Mossos d’Esquadra en el antes, el durante y el después de los atentados. Como no podían contrarrestar algunas acusaciones irrebatibles (la casa de Alcanar o los informes de la CIA) lo silenciaron. Enric Hernández, el director de El Periódico, osó desafiarles y le montaron un escrache de primera categoría.
  10. Principio de transfusión. Este es muy sofisticado porque consiste en establecer vínculos entre los odios y prejuicios que ya existían y la situación actual, es decir, valerse de los prejuicios que ya están asentados y reutilizarlos como arma política. En esto son consumados maestros desde siempre. Andalucía vive a nuestra costa, Madrid quiere practicar un genocidio con nuestra lengua y cultura… etc.
  11. Principio de unanimidad. Ellos son el pueblo. Quien se oponga no es pueblo, es un extranjero, un loco o, directamente, un agente enemigo. Nadie en su sano juicio puede oponerse porque lo que ellos dicen “es lo que piensa todo el mundo”.

Como puede verse encajan como un guante. No hay siquiera que forzar las comparaciones. Quizá precisamente por eso haríamos bien en tenerlos más en cuenta.

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4 Comments on El ‘procés’ y los 11 principios de la propaganda

  1. Todo eso que tan condescendiente comentas son aplicables a Madrid, del primer punto al último. La realidad y mejor propaganda son vuestros insultos continuados en el tiempo sin límite, como si fuera solo de ahora, como si los catalanes no fueran señalados e insultados al salir de Cataluña, y tan procazmente que da vergüenza ajena. Según tú, somos manipuladores y maquiavélicos a todas horas, unos”genios” del engaño, seguimos con el mantra, erre que erre. Y según vosotros la clase política siempre es la culpable, vosotros como medios de comunicación no sois para nada responsables, verdad?Escondéis la mano mientras sacas un venezolano diciendo generalidades. Según tú, el mensaje del Rey es maravilloso, quereis sangre. Os debería dar vergüenza forzar tanto la máquina y acabar por destruir la que queda deconvivencia, habéis demostrado ser una cultura incapaz y bruta, es algo más que un tópico, y nos os merecéis mandar en lo que irá queda de vuestra mierda de imperio. Sí, imperio porque tratáis a las regiones como colonias. Tú ya sabes cómo acabó Bosnia de tanto meter mierda, pero seguramente buscáis eso, destrucción sociocultural con tal de españolizar, aunque vosotros vayáis detrás, es vuestra mentalidad inepta

  2. Ante la propaganda caben varias actitudes: el consumo complacido, la indiferencia, difícil por el carácter provocador y tajante de la propaganda, o el combate.
    Combatir la propaganda se puede hacer con contra propaganda, es decir, aplicando los mismos principios a ideas contrarias, se puede hacer desmontando sistemáticamente sus falacias y se la puede combatir mediante el humor, pues no hay nada más horrible para un propagandista de la única verdad y de la salvación que la risa de su interlocutor. Por ejemplo: -¡Espanya ens roba! vs -Corre el bulo de que Pujol ha solicitado las pruebas de paternidad para averiguar si el hijo que no tiene imputado, es suyo.
    Un cordial saludo

  3. Hola Fernando.

    Hay un artículo bastante parecido a este en Expansión, no tengo claro quién es el autor (un tal Videlanchelo). Igual eres tú bajo pseudónimo, pero te lo digo igualmente por si tienes que poner alguna queja por plagio:

    http://www.expansion.com/actualidadeconomica/analisis/2017/10/03/59d37b7b22601d90318b4582.html?cid=MOTB27001

    Un saludo

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