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¿A alguien le importa Puerto Rico?

En los últimos tres meses unos 300.000 puertorriqueños han abandonado la isla con dirección a la Florida empujados por la devastación que produjo el paso de los huracanes Irma y María durante el mes de septiembre. El éxodo es de tal calibre que el presidente Trump ha tenido que salir al paso y asegurar que “está absolutamente comprometido con Puerto Rico”. Nadie lo diría a la vista de de cómo está la isla, con buena parte de su infraestructura destrozada, frecuentes cortes de luz, problemas en el suministro de agua y, como consecuencia, desesperanza general entre la población. Puerto Rico no es el hermano pobre de EEUU, es, a lo sumo, un hijo adoptado sin demasiadas ganas al que además sus padres tienen por tonto. Esto es así desde hace más de cien años y no parece que vaya a cambiar lo diga Trump o su porquero.

Y a los hechos hay que remitirse. El pasado mes de septiembre fue de los más trágicos de la historia de Puerto Rico. Primero llegó el huracán Irma, que tocó tierra en día 4 y arrasó la isla de la Culebra con olas de 9 metros de altura. Poco después el ciclón atravesó la isla devastando su costa septentrional. Quince días más tarde, cuando los boricuas estaban recuperándose del Irma, irrumpió el María. Este lo hizo con más fuerza aún. Se registraron vientos de hasta 180 km/h en San Juan y las precipitaciones fueron de tal intensidad que grandes áreas de la capital quedaron inundadas. Algo similar ocurrió en otras ciudades como Arecibo o Ponce.

Al María le faltó poco para borrar a Puerto Rico del mapa. Hubo que lamentar más de 50 muertos y se produjo un brote de leptospirosis, una enfermedad provocada por una bacteria que cría en el agua estancada. El 80% de la producción agraria se perdió y la isla se quedó sin corriente eléctrica y sin suministro de agua. Semanas después, ya en pleno mes de octubre, menos del 20% de los hogares habían recuperado la conexión eléctrica y un tercio de la población tenía problemas para acceder al agua potable. En cierto modo durante el último trimestre del año Puerto Rico saltó del primer al cuarto mundo en cuestión de días.

Cuando llegaron a España las imágenes de Puerto Rico inundado y sometido a aquel vendaval inclemente muchos pensaron que no habría problema. Que pasado lo peor llegarían sus paisanos del norte en su ayuda. ¿Acaso aquello no es parte de Estados Unidos? Como tal les llovería la ayuda financiera y en cuestión de días regresaría la luz y en unas semanas todo volvería a la normalidad.

Pues no, en EEUU se limitaron a declarar a Puerto Rico zona catastrófica y poco más. De nada sirvió que el gobernador Ricardo Roselló estimase unos daños valorados en 90.000 millones de dólares, o que todavía en el mes de diciembre aproximadamente 1,5 millones de puertorriqueños no hubiesen recuperado la red eléctrica. Trump lo escenificó a la perfección a principios de octubre cuando se desplazó hasta la isla y arrojó rollos de papel higiénico a los damnificados. Era toda una metáfora de lo que Puerto Rico significa para Estados Unidos.

Y no es cosa de ahora, es la constante desde que el 1898 William McKinley separó la isla de España tras la Guerra de Cuba. Puerto Rico no figura en prácticamente ninguna estadística nacional. Los casi cuatro millones de boricuas no están incluidos en el cómputo total de habitantes de EEUU. El departamento de Comercio calcula el PIB de todo el país, baja incluso al detalle, te dice el PIB de los Estados e incluso de las ciudades. Pero el de Puerto Rico no. Simplemente no es EEUU luego no se considera parte de la economía estadounidense. Así que poco importa si los daños del huracán son de 90.000 millones de dólares o de cuatro trillones, el PIB nacional ni lo notará

El departamento de Trabajo es el responsable de calcular las cifras de desempleo, lo hace con el continente y también con Puerto Rico, pero curiosamente no las incluye dentro del total nacional. Van aparte, como si fuese un tercero que ha contratado un servicio de gestoría contable. Algo similar sucede con la inflación. La de Puerto Rico se calcula en Washington, pero no se promedia con la del resto de Estados para obtener el total nacional, por lo que el impacto económico de los huracanes no ha pasado por encima del cuadro macroeconómico de EEUU. Su efecto ha sido el mismo que en los indicadores macro de España, de Eslovaquia o de Nueva Zelanda: nulo.

Podríamos pensar que es lo normal, que Puerto Rico no es un Estado de EEUU. No, no lo es. Es una cosa muy extraña denominada “Estado Libre Asociado”, pero todos sus habitantes son ciudadanos de EEUU. Una paradoja difícil de entender. Puerto Rico no es Estados Unidos pero los puertorriqueños si son estadounidenses que viven en “una comunidad autónoma políticamente asociada con EEUU”.

El hecho es que vivir en esta tierra de nadie tiene consecuencias. Al no ser parte de EEUU, al no figurar en sus estadísticas y, sobre todo, al no elegir al presidente nadie en Washington se preocupa por ellos. Son pocos, insignificantes y además hablan un idioma (el español) que en Washington no entienden pero que se resisten a abandonar.

Si es irrelevante a efectos económicos y políticos, ¿para qué les sirve Puerto Rico?, ¿por qué los estadounidenses llevan allí tanto tiempo a pesar del coste en subsidios que les supone? Por una cuestión militar, nada más. Es un portaaviones gigantesco en mitad del Caribe, una pequeña isla en la que el ejército norteamericano ha llegado a tener 25 bases entre navales, aéreas y acuartelamientos terrestres. Desde Puerto Rico partió, por ejemplo, la intervención en Guatemala de 1954 que derrocó al presidente Jacobo Árbenz, o las invasiones de la República Dominicana en 1965, de Granada en 1983 o de Panamá en 1989. Fue un botín de guerra y como tal lo emplean.

Muy distinta fue la relación que mantenían con España hasta 1898. Puerto Rico era una provincia autónoma que enviaba a las Cortes 16 diputados y 3 senadores. La isla tenía incluso una diputación provincial como la de cualquier otra capital de provincia española, un coqueto edificio neoclásico enclavado en el viejo San Juan que hoy es la Secretaría de Estado. Con no menos deberían conformarse dentro de EEUU. 120 años de interinidad creo que son suficientes.

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6 Comments on ¿A alguien le importa Puerto Rico?

  1. Ivan Traminiev // 04/01/2018 en 10:52 // Responder

    Otra posibilidad. Puerto Rico vueleve a España

  2. Puerto Rico le importa a los puertorriqueños, pero los puertorriqueños no le importan a nadie, en parte porque viven entre dos realidades a las que no pertenecen del todo y en parte porque viven más pendientes de recibir ayudas más de crear riqueza. Cuando acontece un desastre, las ayudas remolonean, el sentir patrio se lamenta más que se encorajina y la mayoría de quienes apuestan por el futuro salen de la isla. Puerto Rico le importa a los puertorriqueños pero desde el exilio o desde el socorro solo lo verán languidecer. Ahora toca socorrer y en muchos casos exiliarse, pero en algún momento debiera tocar definir el país y levantarlo con sacrificio.
    Un cordial saludo.

  3. La pregunta no debe ser si a alguien le importa Puerto Rico. La pregunta debe ser si a los puertorriqueños le importa Puerto Rico. Al parecer no. Al menos no a esos que se han ido. Porque esperar a que alguien nos importe nuestras metidas de patas en vez de cambiar nuestro propio rumbo. Nosotros vivimos en una pseudodemocracia y elegimos nuestro rumbo, nos endeudamos y miramos para el lado cuando los corruptos nos robaron. Miles de millones en ayudas han llegado a la isla lo que quiere decir que a muchos les importa la isla. La pregunta es que ha hecho Puerto Rico con esos miles de millones.

  4. Sobre el artículo más leído del año pasado: ¿no fue Gabriel Calzada el que te llevó a la Marroquín? Algo te habrán pagado allí, ¿no? Y ese algo te lo habrán pagado gracias a Gabriel Calzada. Por cierto, muy elegantes tus bermudas beige y tus zapatillas negras en la foto en la que también aparecen Axel Kaiser y Gloria Álvarez. Tu torpe aliño indumentario se parece tanto a los de César Vidal…

    • Fernando Díaz Villanueva // 08/01/2018 en 00:19 // Responder

      Tal vez habría que mirar lo que dejaron de pagar.

      • Reclámalo. Si hay un contrato firmado lo tendrán que pagar. Esto es como lo de César Vidal con la iglesia ésa de no sé qué.

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