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Seis candidatos y un funeral

Lo que está sucediendo desde hace unas semanas en el PP es una auténtica tragedia. Toda la porquería acumulada durante años ha saltado por los aires. Los odios africanos han alcanzado la superficie y las banderías se han adueñado de las sedes. Todo en medio del vacío absoluto de ideas y de proyectos, lo cual tampoco es extraño. El PP se había convertido en algo parecido a un ministerio cuya única razón de ser era gestionar el poder, proveer de cargos públicos a sus miembros y encargarse de que el programa electoral del PSOE se cumpliese rigurosamente cuando éste último no estuviera al mando.

Mariano Rajoy, lo vemos ahora, era como un tapón. En el momento en el que ha desaparecido la alberca se ha quedado vacía y el agua está desparramada por todas partes mientras se evapora al sol. No será porque no lo advertimos hace años. Dejar ese partido en manos de un individuo amoral como Rajoy traería estas consecuencias. Un individuo que colocó como segunda de a bordo a otra individua de peor calaña aún: Soraya Sáenz de Santamaría, que aún la tenemos en Madrid envenenándonos el aire y que aspira a quedarse con los restos del naufragio gracias al generoso apoyo de los medios a los que regó con dinero público y, en algunos casos, hasta salvó de una quiebra segura.

Se podría argüir que Rajoy será malo, pero que ganó las elecciones de 2011. Qué digo ganó, arrasó metiéndose en el bolsillo 186 escaños. Bien, no es cierto. No las ganó Rajoy, las perdió el PSOE. Tengo pruebas. En 2011 el PP obtuvo 10.866.566 votos, sólo 588.000 más que en 2008, cuando el censo había aumentado en más de un millón de votantes. De no haberse derrumbado el PSOE de Rubalcaba, que pasó de 11.289.335 a siete millones pelados, Rajoy no hubiese tenido mayoría absoluta. De hecho, es probable que ni siquiera hubiera podido gobernar. Es decir, que no ganó las elecciones. Esperó sentado durante cuatro años de crisis a que su adversario se descompusiese y las perdiera. Lo cierto es que Rajoy no ha ganado nada en su vida a excepción de la oposición a Registros y hasta en eso hay dudas.

El PP lleva siete años engolfado en la burbuja de 2011 y unos cuantos más en las de los 800.000 militantes, que ayer les estalló en la cara a los candidatos a las primarias. Todos ellos sabían que lo de los 800.000 afiliados era un embuste, pero lo dejaban correr. Está muy bien eso de sentirse la mamá de Tarzán y, a ratos, sacudirse el pecho como Tarzán mismo. La realidad es que el partido tenía sólo 66.000 afiliados reales, doce veces menos que los que decían tener. Son los que se han registrado para votar en las primarias, de los cuales 23.000 son concejales en algún municipio y otros tantos diputados autonómicos, nacionales y europeos, consejeros insulares y de cabildos canarios, asesores, personal de confianza, enchufados varios… Tal y como muchos sospechábamos, ser del PP consistía en vivir del PP, que es lo mismo que vivir del presupuesto.

Hasta la próxima ronda electoral, que será entre el año próximo y el siguiente, el PP aún conservará bastante poder. Tiene algunas comunidades autónomas importantes como Madrid o Galicia y muchos ayuntamientos, no los grandes, pero disfrutan de mayoría absoluta en un tercio de todos los municipios de España. Es lógico que muchos quieran quedarse con el galeón a la deriva. Para ello se han presentado un total de seis candidatos. Tres de ellos vienen directamente del rajoyismo, otro estaba en proceso de rajoyización pero le sobrevino el tsunami de la moción de censura, y a los otros dos no los conocen ni en su casa a las horas de comer.

Los tres del rajoyato son esa maldición bíblica llamada Soraya Sáenz de Santamaría, Maria Dolores Cospedal y José Manuel García-Margallo. La mano derecha de Rajoy y hasta hace un mes vicepresidenta plenipotenciaria es de ese tipo de personas que están persuadidas de que han nacido para mandar. En su caso se suma, además, que quiere ser la primera presidenta de Gobierno. Ella, que no ganó elecciones ni a delegado de clase y que entró en el Congreso porque corrió la lista. Por lo demás no tiene una sola idea en la cabeza salvo la de estar en la poltrona, es extremadamente inculta y tiene menos carisma que el palo de una fregona. Si el PP quiere seguir siendo el desastre que ha sido hasta ahora ya saben los militantes lo que tienen que hacer: votar por ella. Pero han de tener en cuenta que la próxima vez el PSOE no se va a dejar ganar y que Ciudadanos existe, cosa que no sucedía en 2011.

Pero Soraya no es la única. María Dolores Cospedal era ministra de Defensa, antes presidenta de Castilla-La Mancha y antes consejera de Transportes de la Comunidad de Madrid. Lleva toda la vida en esto. Esta debe de ser la renovación de la que hablan en Génova. Claro, que si uno se fija en García-Margallo Cospedal se antoja como una novísima. En el 77 Margallo ya era diputado en Cortes. Lo único que me gusta de él es la edad. En agosto cumplirá 74 años y eso es una garantía. Si de mi dependiese reservaría la presidencia del Gobierno para los mayores de 70, que luego vienen los jóvenes tipo Zapatero con ganas de cambiar el mundo (y tener tiempo para contemplar su obra) y nos pasa lo que nos pasa.

Joven es Pablo Casado, que tiene 37 años y es palentino aunque lleva media vida en Madrid. Todos estos en cuanto pueden se vienen aquí a politiquear porque en la Villa llevamos quinientos años aguantando políticos con estoicismo. Este lo hizo todo muy rápido. A los 26 ya era diputado regional y, con dos años menos, a los 24, presidía Nuevas Generaciones. En el PP de Madrid gusta mucho y creo que, al menos aquí, ganará. Ya veremos si en Palencia le votan también. Los otros son un tal José Ramón García Hernández, diputado por Ávila, y Elio Cabanez Sanchís, concejal de un pueblo de Valencia. De ninguno de los dos puedo decir nada. Ni malo ni bueno.

Las primarias son a dos vueltas. La primera será el próximo 5 de julio, la segunda el 20 de julio en el curso del congreso extraordinario. No tengo ni idea de quién ganará. Las encuestas de los digitales dan vencedora a Soraya, pero en estas elecciones sólo podrán votar los afiliados registrados, no los que navegan por los diarios de internet. Habrá que esperar el recuento pero gane quien gane lo tendrá muy difícil. Tendrá que refundar el partido y eso no es ni sencillo ni rápido. La última vez que refundaron el partido allá por el 89 les costó siete años llegar a la Moncloa. No sé yo si Soraya podrá permanecer tanto tiempo alejada del BOE.

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1 Comment on Seis candidatos y un funeral

  1. Los dirigentes peperos están tragando amarga realidad en cantidades industriales aunque apenas una ínfima porción de la hiel que nos han proporcionado. Tienen intención de votar en las primarias un número de individuos parejo al número correspondiente al de “colocaos”, y familiares, que se han agarrapatado al presupuesto con carnet pepero. Pero lo más duro no será comprobar la muchedumbre que les ha abandonado asqueada sino que los pocos que quedan no son idealistas con ímpetu sino mamomazos agradecidos sin ideas propias ni ganas de tenerlas. De entre ellos surgen seis candidatos sin visión crítica ni proyecto presentable. El que gane, terminará de vaciar de ética y de empeño al PP, con traca final en los próximos comicios, donde el suelo electoral será durísimo, pues no podrá mantener a tantos que renunciaron a toda dignidad por colocarse un rato largo, pero no eterno. Lo votantes del PP tienen alternativas, los dirigentes tienen la cosecha de lo sembrado.
    Un cordial saludo.

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