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De Turquía el aviso

La primera víctima de la crisis turca del mes pasado cayó muy lejos del Bósforo, en Argentina, a 13.000 kilómetros de distancia. El peso marcó nuevos mínimos y los nervios se apoderaron de la Casa Rosada. La relación económica entre ambos países no es muy significativa. La evolución de ambas economías, sin embargo, va de la mano en lo que llevamos de año. No es extraño. Las dos son muy dependientes de capital foráneo para seguir funcionando y cuando ese se atasca gripan a la vez.

No son los únicos. A otros emergentes como México, Brasil, Sudáfrica o Colombia les está pasando algo similar. Los planes de flexibilización cuantitativa de la FED y el BCE les habían convertido en adictos al dinero fácil. Pero no sólo los Gobiernos, también los bancos y las empresas que se veían con efectivo en la mano y buscaban donde invertirlo.

Es normal que un banco con dinero fresco quiera multiplicarlo. Para ello busca oportunidades. Hace unos años los emergentes eran esa oportunidad. Países con previsiones de crecimiento de dos dígitos, grandes planes de infraestructuras, nuevos nichos de mercado sin explotar, clases medias en expansión… Las rentabilidades de lugares como Turquía, Brasil o México eran mucho más atractivas que economías del primer mundo como la francesa o alemana.

Turquía era el paraíso. Erdogan multiplicó los panes y los peces con ambiciosos planes urbanos, autopistas, alta velocidad y aeropuertos. Una parte la gastaba el Gobierno, otra empresas que se endeudaban con bancos como el BBVA, que es propietario de la mitad de Garanti, uno de los principales bancos del país.

El BBVA entró en Garanti en 2010 cuando Turquía crecía al 10% anual. Aquello parecía el negocio del siglo. Ahora observan como sólo lo del mes pasado con el derrumbe de la lira les va a costar 500 millones de euros. Era una inversión arriesgada y lo están sintiendo en sus propias carnes.

Otros inversores se han puesto nerviosos y lo primero que han hecho es dejar de invertir en el acto, lo segundo sacar el dinero de Turquía a toda pastilla y lo tercero no meterlo en economías cortadas por el mismo patrón. Hace tres años cualquiera que los emergentes pedía dinero y se lo daban. Janet Yellen y Mario Draghi se encargaban de que hubiese liquidez para dar y tomar tanto para los Gobiernos como para los bancos.

Hoy las emergentes ya no son atractivas. Por un lado no hay tanto dinero disponible en el mercado para invertir aquí y allá y, por otro, en un escenario en el que el dólar y el euro se aprecian, escapan los capitales y eso impone políticas de ajuste y menos crecimiento del PIB nadie quiere arriesgar un céntimo. A partir de ese punto ya todo va en cadena. Se invierte menos y parte de lo invertido no se recupera porque o se lo ha comido la devaluación, o los deudores han presentado la suspensión de pagos.

De eso ya se pueden ir olvidando. Los tipos en Estados Unidos han subido. Están al 2% y Jerome Powell ya ha anticipado que seguirá subiéndolos en lo que queda de año. Con tipos positivos en EEUU y el BCE cerrando poco a poco el grifo del dinero, ¿quién va a querer meterse en belenes en América del sur? Más aún después de ver lo que está pasando y cómo los que pidieron tienen problemas para devolver lo que pidieron en dólares ahora que está mucho más fuerte. No es casualidad que de los emergentes hayan salido 1.400 millones sólo en la última semana. Sus dueños no quieren perder ese dinero.

Queda por ver hasta donde va a llegar esto. Depende en buena medida de lo que hagan no sólo en Turquía, sino también en México, Argentina o Colombia. Si dejan de gastar como posesos y controlan la inflación podrían salir más o menos ilesos de esta.

Pero eso tendría consecuencias políticas directas. No sé yo si Mauricio Macri, que pasa por las urnas en un año, o los recientemente elegidos Iván Duque y López Obrador están dispuestos a desgastarse en su primer año de mandato. Cerrar la llave del gasto y hacer reformas no sale gratis en términos políticos. Estas últimas no las hicieron cuando el dinero afluía alegremente. Ahora no les va a quedar otra que tomar esa amarga medicina que han aplazado durante demasiado tiempo.

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