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Invenciones históricas tomadas por ciertas

Damos por ciertos muchos hechos históricos que no son tales. No es tanto por mala fe como por haberlos escuchado una y otra vez hasta convertirse en verdades de las que nadie duda. Unas veces es por simple rutina. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de Atila, rey de los hunos, como símbolo de la barbarie y la crueldad, cuando lo cierto es que sabía leer y escribir porque fue educado por los romanos?

Otras veces es por machaconería de los que cuentan la historia. Se habla mucho, por ejemplo, del pánico del año mil, momento en el que iba a acabarse el mundo porque lo decía el Apocalipsis. Aquello al parecer atormentó a nuestros antepasados. Pues bien, ni el Apocalipsis dice eso exactamente ni existió pánico alguno o, al menos, no tenemos una sola prueba documental de ello.

Hay también mentiras por aproximación, destinadas a facilitar y fijar el relato. Tal es el caso de Cleopatra y el final del Egipto faraónico. Todos, incluso los antiguos, aseguran que una áspid acabó con su vida, pero es poco probable que así fuese. En algunos casos es la simple maledicencia, a veces trufada de intereses políticos con lo que fabrica un hecho histórico falso y lo mantiene después durante siglos.

Hoy en La ContraHistoria vamos a dar un repaso a un puñado de invenciones históricas que, por dejadez o insistencia han llegado impolutas hasta nuestros días.

En El ContraSello:

– Thomas Jefferson y la esclavitud
– El origen de la nación española

Bibliografía

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