La demostración más palpable de que en telefonía móvil está todo dicho quizá sea el hecho de que la gran novedad de la Mobile World Congress de este año sea un teléfono ¡de hace 17 años! Renovado eso sí. Lo acaban de presentar en Barcelona y en el mundillo tecnológico no se habla de otra cosa. Sin siquiera estar todavía a la venta sus fotos ya han llenado las webs del ramo y hasta los periódicos generalistas.
Me refiero al Nokia 3310, un modelo mítico que el que más y el que menos tuvo en su momento. Y el que no lo tuvo seguro que alguna vez habló con uno de ellos, aunque fuese de prestado. Era un terminal ubicuo. Al menos en España Movistar, Vodafone y Amena (que es como se llamaba Orange en aquella época) lo incluían en sus ofertas. Yoigo no lo hacía porque aún no había nacido, lo haría unos cuantos años después, en diciembre de 2006, un mes antes de que Steve Jobs anunciase el primero de los iPhone.
El Nokia 3310 de 2017 se parece mucho al del año 2000. Le han lavado la cara, lo han hecho más fino y le han puesto una pantalla a color de dimensiones muy discretas para lo que se estila hoy en día (2,4 pulgadas frente a las 5,6 de un Galaxy S7). En todo lo demás es un clon de aquel terminal legendario que para muchos supuso su bautismo móvil.
Y ese es precisamente su problema. Más allá de la nostalgia, hoy día ¿alguien realmente se limita solo a hablar por el móvil? No, ¿verdad? Pues es para lo único que sirve el nuevo 3310. Se pueden también enviar mensajes SMS, pero después de pasar un buen rato tecleando con la lentitud habitual en los teléfonos de teclado físico. Nada de Whatsapp ni de Telegram. Con esto creo que ya está dicho (casi) todo.
Los ingenieros de HMD, que es la empresa que se quedó con los restos del naufragio de la antaño todopoderosa Nokia, han incorporado una modesta cámara de 2 MP. No hará grandes fotos, pero es que si las hiciese tampoco servirían para nada porque el nuevo 3310 no corre ninguna de las app que sirven para eso mismo, para socializar las fotos que tomamos con el móvil. Hay que
Una vez tomada la fotografía puede enviarse como MMS o transferirse a otro dispositivo vía Bluetooth. Y ya ahí, si eso, la compartimos. También hay que olvidarse de navegar por internet. Por un lado el tamaño de la pantalla no es precisamente para grandes exhibiciones y, por otro, es un teléfono GPRS, es decir, que tarda entre mucho y más en descargar una página web por muy optimizada para móviles que esté.
A cambio solo costará 49 euros. Y aún así me parece caro. Por esa cantidad hay smartphones en el mercado. Este Alcatel Pixi, por ejemplo, cuesta solo 37,9 euros en Amazon. Vale, es una patata, pero corre una de las últimas versiones de Android y para lo esencial sirve. Por un poco más, por 95,9 euros, se puede adquirir el Moto E del año pasado con su pantalla de 5 pulgadas y su procesador de cuatro núcleos.
Quizá para alguien que solo quiera hablar por teléfono el nuevo 3310 le valga pero es que son muy pocos los que solo utilizan el móvil para hablar. Algunos analistas aseguran que es el terminal perfecto para los países subdesarrollados. Con esto lo que nos están diciendo es que desconocen por completo el tercer mundo. El África subsahariana, Centroamérica o el sudeste asiático están llenos de smartphones baratos salidos de las factorías chinas a precio de risa.
Con todo hay que reconocer la habilidad de los nuevos propietarios de la marca Nokia para crear un hype tecnológico de la nada y con un producto de hace casi 20 años. Han vuelto a posicionar la marca, que estaba acabada después de su incapacidad para adaptarse a los tiempos y, especialmente, de su trágico paso por Microsoft. Ahora solo les falta sacar un teléfono de verdad.

