Han pasado ya más de dos meses desde que Jamal Khashoggi fue asesinado y descuartizado en el consulado saudí de Estambul y nada ha cambiado en las relaciones entre Estados Unidos y Riyad. Donald Trump se limitó a condenarlo con la boca pequeña en su momento y el asunto ha tratado de olvidarse. ¿Khashoggi?, ¿quién es Khashoggi?, preguntan muchos haciéndose los tontos en la Casa Blanca y sus aledaños.
La CIA y el departamento de Estado están convencidos de que la orden de liquidar al incómodo colaborador del Washington Post partió del príncipe heredero Bin Salman, pero un silencio espeso reina por doquier. De tratarse de otro país estarían exigiendo responsabilidades. Muchos se cuestionan por qué EEUU no dice está boca es mía y esquiva la cuestión siempre que puede. Vamos a ver las razones.

