Icono del sitio Fernando Díaz Villanueva

Cuestión de banderas

La bandera de Navarra es algo relativamente reciente, de hace poco más de un siglo. No se rompieron la cabeza. Tomaron el escudo y lo convirtieron en bandera. El escudo si es más antiguo. Data de la Edad Media, del siglo XIII concretamente. No se sabe a ciencia cierta cuando los monarcas navarros empezaron a emplearlo, pero debió de ser en torno al año 1234, justo a la muerte de Sancho VII El Fuerte. A una gesta bélica de este mismo rey se deben las cadenas del escudo. Al parecer el rey de Navarra fue el que, durante el curso de la batalla de las Navas de Tolosa, fue el primero en llegar hasta la tienda de Mohamed Al Nasir, el Miramamolín, el caudillo almohade que capitaneaba las tropas andalusíes. Rompió las cadenas que la protegían y en ese punto se pudo decir que la batalla se había ganado. Aquí lo cuento con más detalle. Desde entonces las sucesivas casas reales navarras emplearon esas cadenas como símbolo único del reino. Una lenta evolución que puede ir siguiéndose en el arte local y que desemboca en la bandera de la Navarra actual. A fin de cuentas nada se hizo en un día, las cosas van construyéndose poco a poco y es natural que así sea porque las sociedades humanas son un acumulado de lo que las sucesivas generaciones van haciendo, diciendo y pensando.

Bueno, no propiamente. La ikurriña si que se hizo en un día. Uno de 1894, probablemente de la primavera o principios del verano de aquel año. Por aquel entonces dos hermanos de Bilbao, Luis y Sabino Arana, convencidos ya de que ellos eran vizcaínos y solo vizcaínos, se entregaron a la fundación de lo que hoy es el PNV. Y el partido necesitaba una bandera. La pintaron en su casa y les salió lo que se conoce como la ikurriña. Hoy es la bandera oficial del País Vasco y cualquiera que conozca aquella tierra sabrá que la colocan hasta en los pinchos de los bares. Una vez la tenían dibujada mandaron el diseño a un telar y se fabricó la primera de ellas, que emplearon para la inauguración del primer batzoki, el de la calle Correo de Bilbao. Para que no faltase de nada los hermanos Arana le pusieron también un nombre: ikurriña, un neologismo acuñado por ellos que proviene de la voz «ikur», que en vascuence significa símbolo. Luego podría traducirse algo así como el simbolillo.

Estas dos historias son una metáfora de la evolución frente al constructivismo. De algo hecho con calma durante siglos (más de seis), por mucha gente de diferentes generaciones que nunca se llegaron a conocer y sin un objetivo claro frente al diseño (no necesariamente inteligente) de dos señoritos ligeramente extraviados del Bilbao de la Regencia de María Cristina. Creo que no hay color. Pero, a pesar de ello, los hay que siguen prefiriendo lo segundo a lo primero. Y no en el País Vasco, sino en Navarra.

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