Icono del sitio Fernando Díaz Villanueva

Historia de un cometa

El cometa Halley es un bloque de hielo y polvo de unos 15 kilómetros de diámetro que recorre una órbita muy alargada alrededor del Sol. Se acerca hasta pasar entre Mercurio y Venus y se aleja más allá de Neptuno, en sentido contrario al de los planetas. Vuelve cada 76 años aproximadamente. Es el único cometa de periodo corto visible a simple vista con regularidad y el primero cuyo regreso se predijo. Su última visita, a mediados de los años 80, fue muy esquivo, pero a cambio se enviaron varias sondas espaciales que pudieron estudiarlo de cerca. La próxima, en el verano de 2061, promete un espectáculo mucho mejor.

Los astrónomos chinos lo observaron y lo dejaron anotado ya en el siglo III antes de Cristo y desde entonces ya no faltó en sus anales. Los escribas de Babilonia lo registraron en tablillas de barro. Para los romanos fue una fuente de malos augurios, el historiador Dión Casio lo asoció a la muerte de Marco Vipsanio Agripa. Pasó sobre Europa durante la invasión de Atila y quitó el sueño a Luis el Piadoso, el hijo de Carlomagno. Quedó bordado en el tapiz de Bayeux el año en que Guillermo el Conquistador se hizo con Inglaterra. También inspiró a Giotto di Bondone una estrella de Belén con cola. El papa Calixto III confió en que fuese un presagio de que los otomanos se estrellarían contra Belgrado, y así fue.

Siguiendo la visión cosmográfica de Aristóteles, durante siglos se pensó que los cometas eran fenómenos atmosféricos. En el siglo XVI se empezó a desmontar esa idea. Pedro Apiano observó que la cola huye siempre del Sol y Tycho Brahe demostró que los cometas estaban más allá de la Luna. Johannes Kepler, que sabía mucho de órbitas, creía que viajaban en línea recta y no volvían jamás.

El momento llegó, como con tantas otras cosas, con Isaac Newton, cuya ley de la gravitación universal permitía calcular órbitas. Edmund Halley la aplicó a los cometas del pasado y descubrió que los de 1531, 1607 y 1682 eran el mismo. Fue entonces cuando anunció su regreso para finales de 1758, aunque sabía que no viviría para verlo. Alexis Clairaut y sus colaboradores afinaron la fecha. La noche de Navidad de aquel año un granjero alemán lo divisó con su telescopio. El acierto consagró la física newtoniana y convirtió a los cometas en miembros del sistema solar, tanto que en el año 2061 estará de nuevo por aquí.

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