Era cuestión de tiempo que, con la que hay armada en Cataluña desde hace meses, se terminase mentando a la bicha. La bicha es la inmersión lingüística, un consenso general, la base misma de lo que en su día fue el oasis catalán y que acaba de ser puesta en tela de juicio por el Gobierno. La semana pasada el ministro Méndez de Vigo aseguró que los alumnos catalanes podrían estudiar en castellano o catalán en función de lo que escogiesen sus padres. No especificó como piensa llegar hasta ahí pero bastó decirlo para que el asunto pasase al primer plano de actualidad inmediatamente.
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