En octubre estalló la segunda fase de la revolución rusa de 1917. Tras ocho meses de huelgas, manifestaciones e inestabilidad general, el partido Bolchevique, una escisión radical y minoritaria del partido Socialdemócrata ruso, planificó y ejecutó un asalto sobre el Gobierno provisional presidido por el socialista moderado Alexander Kerenski. Un golpe de mano muy bien llevado a cabo que provocaría la caída del Gobierno y el comienzo de la guerra civil rusa. Nada, ni en Rusia ni en el mundo, volvería a ser lo mismo.
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