Los republicanos han sufrido este martes una de las derrotas más duras que se recuerdan en unas elecciones de mitad de mandato. Los demócratas han recuperado la Cámara de Representantes con un margen superior al que preveían los sondeos y se hicieron también con el Senado tras ganar en estados que llevaban décadas votando republicano como Texas, Kansas, Iowa, Ohio o Carolina del Sur. El vuelco se extendió a los gobernadores de algunos estados. En Texas ha caído Greg Abbott y en Florida, el feudo de Donald Trump, el republicano Byron Donalds ganó por un margen mínimo en un estado que hace cuatro años se decantaba con claridad por su partido.
Trump llegaba a la cita con la popularidad más baja de un presidente en esa fase del mandato en 80 años. En 2025 regresó a la Casa Blanca con más fuerza que nunca y en menos de dos años ha dilapidado ese capital político. Buena parte de la derrota lleva su firma. Impuso candidatos débiles o polémicos en muchas primarias, caso del fiscal general de Texas Ken Paxton frente al senador John Cornyn, forzó la retirada de senadores incómodos y dividió al partido en Georgia.
Pero la economía ha sido el factor decisivo. La mayor parte de los votantes asegura que el coste de la vida es su principal preocupación. La gasolina se ha encarecido mucho en el último año, las hipotecas están en máximos y la inflación supera desde hace meses a la subida de los salarios. Los aranceles, que Trump mantuvo incluso después de que el Tribunal Supremo los anulase, han castigado al cinturón agrícola y a los consumidores. La guerra contra Irán, emprendida junto a Israel a principios de año sin una estrategia clara ni unos objetivos claros, ha tensado los mercados energéticos y la rechaza una amplia mayoría. A ello se ha sumado la sensación de corrupción alimentada por los negocios de la familia presidencial, un problema que los votantes sitúan incluso por delante de la inflación.
La coalición que llevó a Trump a la presidencia se ha resquebrajado. Los hispanos, en los que los republicanos confiaban hasta el punto de redibujar distritos en el sur para aprovecharse de sus votos, han vuelto en masa a los demócratas, lo que ha desbaratado la ingeniería electoral republicana. Los independientes se han alejado aún más y muchos votantes republicanos han dado la espalda a sus propios candidatos quedándose en casa.
Eso sí, los demócratas no deben confundir el castigo con una adhesión inquebrantable ya que buena parte del electorado sigue viendo con malos ojos a su partido. Ahora tendrán que pactar un programa, decidir hasta dónde llevar las investigaciones sobre el presidente y lidiar con sus propias divisiones internas. Se abre un periodo de Gobierno dividido y de choques constantes.
Para los republicanos empieza una etapa incierta. Quienes juraron lealtad a Trump están entre la espada y la pared. Pueden perder su escaño si se distancian de él, pero también pueden perderlo si siguen a su lado. El partido necesita decidir qué quiere ser cuando Trump ya no esté. La pregunta de fondo es quien será su sucesor y hasta qué punto querrá ser heredero de Donald Trump.
0:00 Introducción
3:36 Una derrota sin paliativos
19:00 “La ContraHistoria del mundo”… https://link.amazon/B0cobFCjU
21:16 Los precios, la guerra y el desgaste
32:34 Una coalición rota y un partido sin rumbo
39:32 La dimisión de Óscar Puente
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